Literatura,  Poesía

Valente. A modo de esperanza

Guarda relación este poema con el famoso de Quevedo y toma de él el título. El yo poético se encuentra en una larga travesía por un terreno desierto que le atenaza el corazón y que le recuerda y lo conduce inevitablemente a la muerte. Pero existe una esperanza (luz remota) fundada en la convicción de no estar solo gracias a una presencia amorosa (“toco esta mano al que que comparte mi vida”) en tan oscuro caminar y que puede darle un sentido final. No es la misma idea de Quevedo pues quedarán las cenizas que mantendrán el rescoldo del amor y que las harán de alguna manera inmortales.

Tres verbos en primera persona del presente (curso, toco, levanto) expresan los tres momentos del “viaje”: la desolación, el amor y -gracias a él- una tenue especie de esperanza.

Aquí tienen el poema recitado por el propio autor.

 

Cruzo un desierto y su secreta

desolación sin nombre.

El corazón

tiene la sequedad de la piedra

y los estallidos nocturnos

de su materia o de su nada.

Hay una luz remota, sin embargo,

y sé que no estoy solo;

aunque después de tanto y tanto no haya

ni un solo pensamiento

capaz contra la muerte,

no estoy solo.

Toco esta mano al fin que comparte mi vida

y en ella me confirmo

y tiento cuanto amo,

lo levanto hacia el cielo

y aunque sea ceniza lo proclamo: ceniza.

Aunque sea ceniza cuanto tengo hasta ahora,

cuanto se me ha tendido a modo de esperanza.

José Ángel Valente, A modo de esperanza, 1955

Profesor en la Consejería de Educación de Canarias. Durante dos años he trabajado en la Sección Internacional Española de Centro Internacional de Valbonne-Niza y actualmente me encuentro en la Sección Internacional Española del CSI Europole de Grenoble. Pulsa aquí para saber más de mí