Un joven de ayer considera sus versos

Cómo han envejecido nuestros poemas
(como cartas de amor destinadas a nadie)
cómo han ido cayendo con sus dientes abajo
acribillados,
asaetados,
náufragos.

En el gran muro blanco
la ejecución de nuestros actos no es sangrienta.
Los muñecos desarbolados,
descabezados,
por el certero tirador de casetón de feria
popular.
Qué verbena del tiempo.
Lo que no es nuestro, inútil es.

Busquemos otra cosa para entregar la vida
entre líneas menores,
otra decoración,
otro piso pequeño de más modesto lujo
y un nuevo amor
y otra fidelidad menos posible.

«El inocente»1970 , en Noventa y nueve poemas, Alianza.

 

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