El texto,  Texto escrito

Un Cervantes para Palinuro

Un Cervantes para Palinuro

Probablemente a muchos les extrañe la concesión del Cervantes a Fernando del Paso, un galardón que alterna nombres célebres (Goytisolo, Marsé, Vargas Llosa, Cela, Delibes, Borges) con otros casi secretos (Loynaz, Pacheco, Gelman, Poniatowska). Como en muchos otros casos, el premio no sólo hace justicia a un gran escritor sino que quizá sirva además para darlo a conocer al gran público. Aunque, por desgracia, y también por una lamentable abulia editorial y la habitual ceguera periodística, actualmente apenas si puede encontrarse algún volumen suyo en librerías. Autor de una obra no muy extensa, que consta de unos cuantos ensayos, tres obras de teatro, seis poemarios y un volumen de cuentos, el prestigio de Del Paso se cimenta casi exclusivamente en su obra novelística. Son sólo cuatro títulos, José Trigo (1966), Palinuro de México (1977), Noticias del imperio (1987) y Linda 67 (1995), uno por década.

Ese estreñimiento narrativo (compartido con otro gran novelista mexicano que fue amigo suyo, Juan Rulfo) proviene tanto de una implacable exigencia artística como de una decisión vital. En una reciente entrevista con Carmen Alvarez Lobato, Del Paso confesaba que en su juventud sufrió un cáncer de testículo y que el médico le dijo que sólo el 40% de los pacientes sobrevivían a la enfermedad. Después de la operación, en la convalencencia del hospital, su amigo el poeta Francisco Cervantes (tal vez el apellido no sea una casualidad) le regaló el que sería su libro de cabecera junto al Ulises de Joyce: La tumba sin sosiego, de Cyril Connolly. Allí leyó aquella observación de Connolly que señalaba que hay demasiados libros publicados y que no tiene sentido sentarse a añadir uno más al montón a menos de intentar una obra maestra. Es lo que hizo Rulfo y lo que pensaba hacer él, ya que creía que no le quedaba mucho tiempo de vida. Excepto la última, Linda 67, que es un thriller sui generis, las otras tres novelas de Del Paso son frescos narrativos inmensos, extensos, apabullantes, obras que intentan contener el mundo.

La primera, José Trigo, muy influida por el Ulises de Joyce, le llevó siete años de trabajo, nace de la imagen de una pareja caminando por las vías del tren y cuenta desde diversos ángulos, perspectivas y técnicas narrativas la historia de las luchas sindicales en los trenes de México, el llamado movimiento ferrocarrilero. La tercera, Noticias del imperio, es una ambiciosa fantasía histórica sobre el accidentado reinado de Maximiliano y la emperatriz Carlota de México. A raíz de esa obsesión personal con la historia de su país, Del Paso ha dicho: «Me casé con la literatura, pero mi amante es la historia».

Entre ambas se yergue, como un hito irrepetible, su obra magna, Palinuro de México, un título que llegó un poco tarde para incorporarse a los grandes nombres del boom latinoamericano pero que puede codearse sin demérito alguno con algunas de sus cimas más altas: con Rayuela, con Paradiso, con El obsceno pájaro de la noche, con Terra nostra, con Cien años de soledad, con Sobre héroes y tumbas. Entre la parodia, la hipérbole, el pastiche y la sátira, Del Paso logra esmaltar una voz única que hechiza al lector como una Sherezade azteca:

La ciencia de la medicina fue un fantasma que habitó, toda la vida, en el corazón de Palinuro. A veces era un fantasma triste que arrastraba por los hospitales de la tierra una cauda de riñones flotantes y corpiños de acero. A veces era un fantasma sabio que se le aparecía en sueños para ofrecerle, como Atenea a Esculapio, dos redomas llenas de sangre: con una de ellas, podía resucitar a sus muertos queridos; con la otra, podía destruirlos y destruirse a sí mismo.

Desde este inolvidable comienzo, los prodigios se suceden uno tras otro en una narración maravillosa que abarca, entre otras muchas cosas, la medicina, la poesía, la publicidad, la masturbación y la política, con una increíble variedad de tonos y registros idiomáticos y un fastuoso sentido del humor que lo vertebra de la primera a la última línea. Probablemente nadie, en ningún idioma, haya escrito con un erotismo tan lírico, libre y desaforado como el capítulo 4. «Unas palabras sobre Estefanía», lirismo que se contrapone a la carga escatológica del capítulo 23 «La Cofradía del Pedo Flamígero», o a la formidable denuncia de la matanza de la Plaza de las Tres Culturas durante las Olimpíadas de 1968, que resuena como un toque fúnebre durante toda la narración. En otras palabras, es imposible resumir un libro así, que por sí solo ya merece un premio Cervantes. Lo mejor sería ceder la palabra al propio Fernando del Paso en su advertencia previa:

Esta es una obra de ficción. La razón por la cual algunos de sus personajes podrían parecerse a personas de la vida real, es la misma por la cual algunas personas de la vida real parecen personajes de novela. Nadie, por lo tanto, tiene derecho a sentirse incluido en este libro. Nadie, tampoco, a sentirse excluido.

DAVID TORRES. Público, 12 de noviembre de 2015. Texto original en https://bit.ly/2Gn6c4e

Víctor Villoria

Profesor en la Consejería de Educación de Canarias. Actualmente en la Sección Internacional Española de Centro Internacional de Valbonne-Niza Pulsa aquí para saber más de mí

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.