Literatura,  Y más cosas

Tiempo de silencio. Monólogo

En el calabozo, este ser de tierra que no puede pensar, que no puede leer, que no sabe alternar, ve las imágenes lamentables de su existir homogéneamente extendido a lo largo de los años, hambrientamente consumido, envueltas en el gemido automático que llena la celda y se esparce por los pasillos que es su desolación física por la muerte de que había parido, allá, hace tanto tiempo y había ido luego haciendo crecer primero con las sustancias de su cuerpo, luego con las sustancias de la tierra, luego con la inteligencia astuta de su hombre, de la que había llevado bajo la saya negra planchada y brillante cuando fue a la iglesia y la bendición del cura era casi más para la criatura pataleando furiosamente que para ella misma que ya estaba definitivamente hundida y empecatada en una maldición de que nunca se podría redimir porque no era la que podía cambiar las cosas de como son, ni la que podía sorprenderse de que el mismo hombre que la violó con dolor, la alimentara luego con dolor, la hiciera trabajar con dolor y la prepara sucesivamente, a lo largo de los años, al dolor que había de sentir en el momento en que le arrancaran la criatura que ella creía que podía haber salvado el exorcismo del sacerdote haciendo el gesto bendito encima de su vientre.
         Nacer, crecer, bailar una vez en la fiesta del pueblo delante de la procesión del Corpus con el moño alto, porque era buena bailarina y se decidió que sí, que a pesar de todo, a pesar de estar determinada al dolor y a la miseria por su origen, ella debía bailar ante el palio en la procesión del Corpus, en la que el orgullo de la Custodia a todos los campesinos de la plana toledana salva, hundirse después, hundirse hacia la tierra, rodear el airoso talle (que la hizo elegir para la fiesta) de tierra asimilada, comida, enterrarse en grasa pobre, ser redonda, caminar a lo ancho del mundo envuelta en esa redondez que el destino otorga a las mujeres que como ella han sido entregadas a la miseria que no mata, huir delante de un ejército llegado de no se sabe dónde, llegar a una ciudad caída de quién sabe qué estrella, rodear la ciudad, formar parte de la tierra movediza que rodea la ciudad, la protege, la hace, la amamanta, la destruye, esperar y ahora gemir.
         No saber nada. No saber que la tierra es redonda. No saber que el sol está inmóvil, aunque parece que sube y baja. No saber que son tres Personas distintas. No saber lo que es la luz eléctrica. No saber por qué caen las piedras hacia la tierra. No saber leer la hora. No saber que el espermatozoide y el óvulo son dos células individuales que fusionan sus núcleos. No saber nada. No saber alternar con las personas, no saber decir: “Cuanto bueno por aquí”, no saber decir: “Buenos días tenga usted, señor doctor”. Y, sin embargo, haberle dicho: “Usted hizo lo que pudo”.
         Y repetir obstinadamente: “Él no fue”. No por amor a la verdad, ni por amor a la decencia, ni porque pensara que al hablar así cumplía con su deber, ni porque creyera que al decirlo se elevaba ligeramente sobre la costra terráquea en la que seguía estando hundida sin ser capaz nunca de llegar a hablar propiamente, sino a emitir gemidos y algunas palabras aproximadamente interpretables. “Él no fue” y ante la insistencia de un hombre, tal como ella no había conocido que existieran –dotados de esa alta prepotencia- aunque bien que lo adivinaba a veces mirando la ciudad de lejos con su nube de humo encima surgida de ciertos agujeros que hasta tanto más tarde no había de conocer, repetir: “Cuando él fue, ya estaba muerta”.
         “Él no fe” y seguir gimiendo por la pobre muchacha surgida de su vientre y a través de cuyo vientre abierto ella había visto, con sus propios ojos, írsele la vida preciosísima que, como único bien le había transmitido”.
                                                        Luis Martín-Santos, Tiempo de silencio.
Aportado por Luis Fernández

Profesor en la Consejería de Educación de Canarias. Durante dos años he trabajado en la Sección Internacional Española de Centro Internacional de Valbonne-Niza y actualmente me encuentro en la Sección Internacional Española del CSI Europole de Grenoble. Pulsa aquí para saber más de mí