Literatura,  Y más cosas

Tema 63. El 27

  1. INTRODUCCIÓN. CONTEXTO HISTÓRICO
 
 
A los poetas del 27 les cupo en suerte o desgracia vivir y formarse en dos décadas cruciales en la historia de España: los “felices años 20” y, después, los “sombríos años 30”. La “Generación del 27” maduró en lo que se llama el período de entreguerras, en el paréntesis de 1918 y 1939.
 
Al comenzar la década de 1920, el ambiente intelectual de Europa y España está marcado por el intelectualismo, el purismo y las vanguardias; por ello, el ambiente de optimismo, de lo lúdico y la despreocupación marcarán el primer período de los autores del 27.
 
 
No obstante, en estos años 20 irrumpieron el surgimiento del comunismo (III Internacional, 1919) y la proliferación de partidos; pero también surgió un fenómeno de masas totalmente contrario y beligerante: el fascismo (Mussolini en Italia, 1922); la dictadura de Primo de Rivera (1923-1930).
 
De los felices años veinte se paso a los sombríos años treinta, cuando en 1929 se vive el “crack” de la bolsa de Nueva York, hecho del que fue testigo García Lorca.
 
Los efectos del “crack” fueron demoledores en América y en Europa: recesión económica, bancos en quiebra, millones de parados… Será en este momento cuando los poetas se dejen influir primero por las teorías liberadoras del surrealismo (Freud, Marx) y, muchos, ya a partir de 1930, desembocarán en la militancia política y revolucionaria.
 
En 1933 Hitler asciende al poder en Alemania, se desata la violencia institucional, la persecución de los adversarios políticos. Proliferan las asociaciones de intelectuales contra el fascismo y en la defensa de la cultura. En este contexto hay que entender la Revolución de 1934 en Asturias y la cruel represión subsiguiente, hechos que influyeron en Alberti, Prados y otros.
 
Se empezaron a crear frentes defensivos contra el fascismo y el nazismo con la formación de los Frentes Populares, que llegaron a ganar en 1936; pero el 18 de julio de ese mismo año el golpe del general Franco y la guerra siguiente marcaron para siempre la vida y la obra de los autores del 27. La muerte, el exilio o el “exilio interior” condicionaron a la intelectualidad no sólo europea, sino española.
 
 
 
  1. CONTEXTO LITERARIO
 
 
2.1.          Las vanguardias europeas
 
 
Cuando los poetas del 27 se aproximan a las primeras creaciones, el contexto literario está dominado en esos momentos por los movimientos de vanguardia europeos. La vanguardia supuso una ruptura frontal con la estética anterior y la tradición, en busca de la innovación radical, con el afán de romper los cimientos del arte.
 
El Futurismo fue el primero de los “ismos” que lanzó el mensaje iconoclasta, desde Italia, en 1909 de la mano del poeta Marinetti. Su propuesta de temática poética es la civilización mecánica, los avances de la ciencia y el canto a la máquina, todo bajo el mito de la modernidad y el rechazo de la tradición. Exaltan la velocidad, la agresividad y la juventud. Igualmente, rechazan cualquier muestra de sentimentalismo o de romanticismo. Estos temas de la modernidad calaron en toda la poesía del momento y también llegaron a los autores del 27. En cuanto al lenguaje, los futuristas lanzaron los primeros experimentos, como la abolición de nexos, la violentación de la sintaxis y comienzan las innovaciones tipográficas.
 
 
El Cubismo en literatura fue mucho más influyente. Surgió en Francia y su creado y maestro fue Guillaume Apolinaire, a partir de 1913. Este “ismo” propugnaba la descomposición de la realidad, para recomponerla de nuevo de manera arbitraria. Sus rasgos principales son la defensa de la autonomía del arte, la eliminación de lo accesorio, el rechazo de la lógica, el cosmopolitismo, el antisentimentaslismo y la visión humorística. Las innovaciones tipográficas dieron un paso más con el cubismo. Apolinaire con su libro Caligramas puso de moda la expresividad tipográfica y la falta de puntuación.
 
El Dadaísmo fue el movimiento vanguardista más radical y extravagante, hasta propugnar el anti-arte y la anti-literatura. Históricamente correspondía a la quiebra de valores que supuso la guerra de 1914. Surgió en Zurcí, de la mano de Tristán Tzara, que en 1920 se estableció en París. Sus rasgos principales fueron la rebeldía contra la lógica, contra las convenciones estéticas y sociales, además de otros rasgos que ya anuncian el surrealismo: la liberación de la fantasía del individuo, la superación de las inhibiciones y la creación de un lenguaje incoherente.
 
El Creacionismo surgió en París en 1917, por impulso de Pierre Reverdy y, más aún, por el chileno Vicente Huidobro. Fue el movimiento que más influyó en España, de manera que Gerardo Diego, Juan Larrea y Pedro Garfias tuvieron una etapa claramente creacionista. El rasgo principal de este movimiento fue la defensa radical de la teoría de la autonomía del arte (divorcio total entre el arte y la realidad). Junto a ello, las innovaciones tipográficas, como la ausencia de puntuación. Fue un arte, alejado de la realidad, donde la imagen se basaba en relaciones gratuitas, creadas por el poeta.
 
Estos movimientos de vanguardia sirven como marco literario que los autores del 27 pudieron observar como venido de afuera. El Ultraísmo y el Surrealismo fueron ya movimientos intensa y directamente vividos por ellos.
 
2.2.          Contexto literario español
 
El panorama que los poetas del 27 encontraron en España, aparte de las influencias vanguardistas ya citadas, era muy heterogéneo: por un lado, pervive la Generación del 98, con el prestigio de autores consagrados (Unamuno, Machado, Valle…). La obra de estos maestros nunca fue puesta en entredicho por los jóvenes autores.
 
En cuanto al modernismo, si bien el movimiento se encuentra agotado, Rubén Darío fue un referente obligado.
 
Mucha mayor afinidad con la renovación artística de los años veinte tuvo el novecentismo de Ortega y Gasset. Los criterios estéticos de esta corriente apuntan a las nuevas corriente innovadoras que Ortega supo captar antes que otros muchos en España. La deshumanización del arte (1925) supuso el triunfo de un espíritu de renovación incluso antes de que llegaran los “ismos” europeos. La Revista de Occidente, fundada por Ortega, fue un trampolín para algunos autores del 27.
 
También se ha de señalar a Ramón Gómez de la Serna, quien desde su revista Prometeo o su tertulia en el Café Pombo, proclama la necesidad de los cambios. La creación de las greguerías (combinación de metáfora + humor) supuso un avance en la renovación del lenguaje literario.
 
Por último, Juan Ramón Jiménez fue otro de los maestros del grupo. Incluso apareció en la famosa Antología de Diego del año 32, aunque se negó a ser incluido en la del año 34.
                       
                        2.2.1. El Ultraísmo como precursor del 27
 
 
Como han señalado D. Alonso y Valbuena Prat, entre otros, la Generación del 27 encontró unos terrenos desbrozados, después de los trabajos de innovación de los jóvenes ultraístas. Estos fueron quienes abrieron las puertas de España a las vanguardias europeas y dieron a conocer aquí a Reverdy, Apolinaire, Huidobro…
 
El ultraísmo fue, pues, la adaptación española de las teorías de vanguardia europeas en la literatura. Tomó puntos de referencia de varios “ismos” y se puede considerar una versión ecléctica a la española.
 
Según Borges, las características de este movimientos son: A) Reducción de la lírica a su elemento primordial: la metáfora; b) Eliminación de todos los elementos accesorios. C) Abolición de los juegos ornamentales, el confesionalismo, D) Síntesis de dos o más imágenes en una de manera que se ensancha la facultad de sugerencia.
(Añadir veladas y revistas)
  1. Denominación y nómina de autores
 
Han sido varias las denominaciones que ha recibido este grupo de excelentes poetas, enseguida las analizaremos, pero de lo que no cabe duda alguna es de que se trata de una promoción literaria excepcional que entra en escena en los años 20, desde el final de la Gran Guerra hasta la guerra civil española. Son hombres que nacieron en el salto del siglo XIX al XX y que no son ajenos a la singular encrucijada histórica que marcó el paso del sistema viciado de la Restauración y desembocó en aquella posibilidad frustrada que fue la II República.
 
Fue Dámaso Alonso quien fijó la denominación “Generación del 27” en 1948. Sin embargo, ésta no ha estado exenta de discusiones de la crítica, según los principios o puntos de vista de los críticos.
 
El poeta y crítico Ángel González ha concretado las denominaciones que se les han aplicado:
 
Ø       Generación del 27 por la fecha del homenaje a Góngora, aunque no todos ellos habían participado.
Ø       Generación de la amistad por la relación personal entre muchos de ellos.
Ø       Generación Lorca-Guillén: que supone atribuir un magisterio especial de unos autores en detrimento de otros.
Ø       Generación de 1925, propuesta por R. Gullón, Cernuda y algún otro, teniendo en cuenta la fecha de aparición de los primeros libros.
Ø       Generación de la Dictadura, que si bien es correcta desde el punto de vista cronológico, nada tiene que ver con las posturas políticas de los miembros del grupo.
 
Y no acaban aquí las denominaciones: Generación de la Revista de Occidente –por su presencia en la ella; Generación de la República; Generación de los poetas profesores…
 
En definitiva, la fecha de 1927 es la más idónea por varias razones: por ser la del centenario de la muerte de Góngora; porque en ese año empiezan a publicarse las revistas más significativas del grupo y porque ese año se publican también algunas de las mejores obras definitorias de estos poetas. Por ello se prefiere la denominación Grupo poético de 1927.
 
 
En cuanto a la nómina de autores que cabrían bajo ese grupo tampoco ha habido unanimidad. No hay duda para la crítica que han de estar los “ocho grandes”: Salinas, Guillén, Gerardo Diego, Dámaso Alonso, Luis Cernuda, Federico García Lorca, Rafael Alberti, Vicente Aleixandre. También se suelen añadir los nombres de Emilio Prados y Manuel Altolaguirre y, según Dámaso Alonso, al “genial epígono”, Miguel Hernández. Se olvida frecuentemente a un gran poeta: Pedro Garfias.
 
 
 
  1. Etapas del Grupo poético del 27
 
García-Posada señala dos etapas básicas en la evolución del grupo (aunque algunos críticos señalan más). La primera etapa se extiende desde 1922 hasta 1928, aproximadamente ambas fechas, y está marcada por el dominio de la poesía pura. La irrupción del surrealismo, dentro de una estética de signo neorromántico, determina el nacimiento de la segunda etapa que llega hasta la guerra civil.
 
Los rasgos fundamentales de la primera etapa son la identificación entre realidad poética y realidad objetiva, la tendencia la poema breve, la eliminación del sentimentalismo, la efusión personal y el retorno a la estrofa clásica.
 
Pese a lo los grados y diferencias en su adhesión a la poesía pura, el grupo se mantuvo estéticamente unido mientras el purismo fue el estilo dominante. La irrupción del surrealismo hará saltar su relativa cohesión. El surrealismo francés, que nace en 1924, fecha del primer manifiesto firmado por su creador, André Breton se empezó a conocer pronto; aunque no se trató de un conocimiento directo, pues llegó con frecuencia a través de traducciones y referencias de segundo grado. El surrealismo español fue bastante heterodoxo en sus actitudes, por ello se ha llegado a decir que en España no hubo propiamente surrealismo, sino escritores surrealistas, cada uno de los cuales se apropió de aquello que del surrealismo le interesaba. Los únicos surrealistas españoles puros fueron Salvador Dalí y el cineasta Luis Buñuel. El surrealismo de Alberti –lleno de ecos bíblicos y del barroco español- es distinto del surrealismo de Lorca más aparente que real en cuanto al estilo.; del que cultiva V. Aleixandre –tan freudiano en su descenso al insconsciente- o del que practica Luis Cernuda, tan clasicista en su métrica, tan elegante y equilibrado siempre.
 
No obstante hay puntos comunes: la rebeldía y el cultivo del verso libre. Los libros poéticos marcados por el surrealismo contienen claras llamadas a la transgresión y a la sublevación. Así, Luis Cernuda en Los placeres prohibidos reivindica la homosexualidad igual que Lorca en Poeta en Nueva York, uniéndola a una crítica del capitalismo.
 
El surrealismo dividió al grupo estéticamente, aunque no lo rompió. Guillén, Salinas y Altolaguirre siguieron fieles a la poesía pura, mientras Gerardo Diego oscilaba entre la poesía tradicional y la vanguardista y surrealizante. Pero el surrealismo duró poco, hasta 1931, aproximadamente. Muchos que lo habían cultivado (Cernuda, Alberti, Prados) evolucionaron hacia posiciones políticamente revolucionarias, que en el caso de los dos últimos coinciden con la adopción de una poesía realista de denuncia social y de combate, que se encuentra prefigurada en algunos versos de Poeta en Nueva York de Lorca.
 
Con la guerra llegaron la muerte, la dispersión y el exilio. Los poetas que sobrevivieron evolucionaron en direcciones distintas, según veremos a continuación.
 
  1. Los autores
 
5.1.          Pedro Salinas (1891-1951)
 
Un riguroso perfil intelectual define la trayectoria humana de Salinas. Catedrático de Literatura en varias universidades españolas y extranjeras, colaborador del Centro de Estudios Históricos y crítico literario de relieve. Tras la guerra se exilió y ejerció como docente en algunas universidades extranjeras.
 
Salinas tenía una visión si no platónica, sí platonizante de la realidad. La exterior es engañosa; hay que buscar la realidad profunda por detrás de las apariencias. Esta realidad esencial es la que creamos dentro de nosotros.
 
El tema central de su poesía es el amor, de ahí que haya sido considerado el poeta del amor por antonomasia dentro del grupo. La experiencia amorosa aparece en Salinas como algo más intelectual que romántico. Es un amor más pensado y analizado que sentido.
 
 Se suelen distinguir en su producción dos etapas: una primera integrada por Presagios, Seguro azar y Fábula y signo. La segunda, a partir de 1930, integra la gran trilogía amorosa: La voz a ti debida, Razón de amor y Largo lamento. En esta el amor, que es la amada es el centro y totalidad de lo existente.
 
Los poemarios del destierro: El contemplado, Todo más claro y otros poemas están marcados por el signo del humanismo, que unifica la crisis personal del poeta con la universal.
 
5.2.          Jorge Guillén (1893-1984)
 
Es el poeta puro por excelencia. Se dedicó profesionalmente a la docencia y ocupó, como Salinas, algunas cátedras universitarias en España y -tras el exilio- en el extranjero. Recibió en el 77 el Premio Cervantes.
 
Dos grandes períodos definen su actividad poética: el primero abarca la escritura de Cántico; el segundo, hasta la conclusión Clamor, con sus tres volúmenes (Maremágnum, …Que van a dar en la mar y A la altura de las circunstancias. Reunirá su obra en el volumen Aire nuestro.
 
Cántico supuso un canto de optimismo intelectual frente al pesimismo modernista. Es un himno continuado de afirmación vital, un cántico a la creación, al goce de existir. Se celebra la armonía del universo y la integración del individuo, En el centro de este universo está la realidad amorosa.
 
El estilo de Guillén se caracteriza por la absoluta precisión de la palabra. No se sugiere o se apunta: se nombra. El nombre coincide con la cosa. La claridad rige el discurso. Lo abstracto se vivifica y son abundantes las modalidades exclamativas y el estilo nominal.
 
Los últimos poemarios señalados para la segunda etapa están unificados por un ritmo agitado, nervioso, que corresponde a la irrupción de las fuerzas negativas
 
  
 
5.3.          Gerardo Diego (1896-1987)
 
Unió a su condición de poeta la de ser el compilador de la fundamental Antología de 1932. Fue docente en varios institutos españoles (Soria, Gijón…), perteneció a la RAE, ganó el Nacional de Literatura –ex aequo con Alberti-, el Cervantes,… fundó también dos revistas que sirvieron de animadoras culturales a sus compañeros: Carmen y Lola).
 
Con más de cuarenta títulos la obra de Diego es de las más extensas del grupo. Es una obra dual, dividida por la atracción que el autor sintió a la vez por la tradición y la vanguardia. Desde Versos humanos pasando por Soria, Ángeles de Compostela o Alondra de verdad, caracterizados por el clasicismo, hasta el ciclo dedicado a Violante, la exquisita musicalidad, la perfección formal o la gracia en el diseño son las mejores virtudes.
 
De su etapa creacionista son muestra Imagen, Fábula de Equis y Zeda o Manual de espumas.
 
5.4.          Vicente Aleixandre (1898-1984)
 
Tras una infancia malagueña, el sevillano Aleixandre se marchó a Madrid, donde se licenció en Derecho y Comercio. Ejerció como profesor de Derecho Mercantil, pero una grave enfermedad lo mantuvo al margen de la vida pública durante muchos años, aunque esto no impidió que ejerciera un notable magisterio sobre los poetas jóvenes. Premio Nacional de Literatura, académico de la Española y en el 77 Premio Nóbel de Literatura.
 
El propio poeta dividió su obra en dos partes: en la primera, se ve con los pies en la tierra, por debajo de ésta sólo una sustancia existía: el amor y el deseo de fundirse con la naturaleza. Así describe la producción que va desde Ámbito hasta Historia del corazón (incluyendo Espadas como labios, La destrucción o el amor y Sombra del paraíso).
 
El segundo ciclo es el de la historia y arranca con Historia del corazón y sigue con Poemas de la consumación y otras obras. Ahora, confiesa el poeta, ve al hombre como expresión de la difícil vida humana, en su quehacer valiente y doloroso. El lenguaje se vuelve a hacer hermético y la expresión se torna elíptica. El sentimiento predominante es el de la solidaridad.
 
5.5.          Federico García Lorca (1898-1936)
 
Es el escritor más célebre del siglo XX y de fama universal. Su asesinato influyó en esta difusión, pero con el tiempo su vigencia universal y su prestigio continúan siendo enormes.
 
Hijo de una familia muy acomodada estudió música con Manuel de Falla y se trasladó a Madrid, donde vivió en la célebre Residencia de Estudiantes y compartió con Dalí, Buñuel y tantos otros, momentos cruciales para el arte del siglo XX. Viajó a Nueva York y a Cuba en el curso 29-30, donde fue testigo del crack de la bolsa del 29. Vuelto a España escribe tragedias y dramas de gran éxito. Fue director del teatro universitario La Barraca con el que recorrió numerosos lugares de España llevando lo mejor de nuestra dramaturgia. Su republicanismo de izquierda y su condición de triunfador hicieron de él en Granada, al estallar la guerra, una víctima fatal.
 
El universo lorquiano se define por un palpable sistematismo: la poesía, el drama, la prosa se alimentan de obsesiones y claves estilísticas constantes. La variedad de forma nunca atenta contra esa unidad de fondo. Un clasicismo de fondo, barroco, gongorino, nutre la imaginería lorquina. En el centro de ese sistema expresivo alienta un poderoso código simbólico, cuyos elementos dorsales son la luna, el agua, la sangre, el caballo, la hierba y los metales, unidos al tema de la muerte y el destino trágico.
 
La carrera literaria de Lorca dura dieciocho años. Desde el Libro de poemas, prosas modernistas, hasta las primeras obras de madurez Suites, Poema del cante jondo, Primer romancero gitano (1928). A estas seguirán Poeta en Nueva York y Diván del Tamarit, el magistral Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías y los Sonetos del amor oscuro.
 
 
5.6.          Dámaso Alonso (1898-1990)
 
Catedrático de universidad, profesor y conferenciante en universidades extranjeras, académico y director de la RAE, académico de la Historia y de numerosas academias internacionales, doctor honoris causa por diversas universidades de Europa y América, Dámaso Alonso ha sido una de las figuras intelectuales más brillantes de la España contemporánea. A su condición de poeta unió un finísimo ingenio que hizo de él uno de los mejores críticos literarios.
 
Empezó su andadura poética con Poemas puros, poemillas de la ciudad hasta que más de veinte años después –él mismo se considera un “poeta a rachas”- aparecieran Oscura noticia e Hijos de la ira (1944). Esta última obra, verdadero aldabonazo a las conciencias en el silencio de la posguerra, representa la culminación de la lírica alonsiana. Es una lacerante deposición sobre la miseria del hombre y del cosmos. En amplios versículos, con un lenguaje abrupto y violento, el poeta que ha padecido el impacto de la guerra se acusa y acusa, protesta por el espectáculo del mundo, en el que los hombres no son sólo muertos en vida: son monstruos, entre los que resulta imposible la comunicación. Dios está muerto o es un monstruo más.
 
5.7.          Rafael Alberti (1902 –1999?)
 
Su infancia marinera en el Puerto de Santa María se ve sustituida con el traslado de su familia a Madrid. Aunque su vocación primera había sido la pintura, Alberti, gana bien joven el Nacional de Literatura –ex aequo con G. Diego- por Marinero en tierra en 1925. Se adhirió al Partido Comunista y colaboró en varias empresas de la República. Tras la guerra se exilio y vivió en Italia, Argentina… Con la llegada de la democracia fue elegido diputado por el PCE. Recibió el Premio Cervantes en 1983. Toda su peripecia vital ha sido contada por el poeta en La arboleda perdida.
 
Cabe distinguir cinco momentos en la lírica albertiana: neopopularismo, gongorismo, surrealismo, poesía político y retorno de la nostalgia.
 
A esa etapa neopopularista, influida por los cancioneros medievales y por Gil Vicente, pertenecen Marinero en tierra, La amante y El alba del alhelí. La fusión entre la tradición y vanguardia propia de los autores del 27 es aquí patente.
 
Una nueva tradición sustituirá a la anterior: la de Góngora. El resultado será Cal y canto. El surrealismo se abrirá paso dentro de un clima de neorromanticismo y aunque se utilizan formas métricas tradicionales, el versolibrismo va ganando terreno en Sobre los ángeles.
 
Con la llegada de la República, Alberti toma posiciones marxistas revolucionarias, son de esta época Poeta en la calle y la elegía Verte y no verte dedicada a Sánchez Mejías.
 
En el destierro, el tema de la nostalgia aparecerá como se observa en Entre el clavel y la espada, Retornos de lo vivo lejano y  Baladas y canciones del Paraná, en las que el verso culto alterna con el neopopular.
 
5.8.          Luis Cernuda (1902-1963)
 
Una personalidad distante y retraída, que perjudicó su difusión en los años posteriores a la guerra civil, fue la que caracterizó a Luis Cernuda. Fue alumno en Sevilla de Pedro Salinas, que se convirtió pronto en su mentor. Se trasladó a Madrid donde cultivó la amistad de Aleixandre y García Lorca. Tomó partido por la causa republicana pero se exilió en 1938 a Inglaterra primero y luego a estados Unidos y a México donde ejerció como profesor de español.
 
Reunió toda su poesía bajo el elocuente título de La realidad y el deseo: el deseo siempre condenado a la frustración. Es posible que en los primeros poemas esta visión derivara de la homosexualidad del autor; pero en las entregas posteriores sobre todo a partir de la guerra civil, se desborda tal referencia para alcanzarse una concepción más vasta sobre la vida, el hombre y la sociedad. 
 
La obra cernudiana consta de once libros entre los que sobresalen Perfil del aire Égloga, elegía y oda; Un río, un amor y Los placeres prohibidos, bajo la influencia del surrealismo; Donde habite el olvido de influencia becqueriana, véase ya el título; hasta la plenitud de Desolación de la quimera
 
 
5.9.          Emilio Prados (1899-1962)
 
La formación humana y literaria de Emilio Prados debe mucho a la Residencia de estudiantes. Fundó con Altolaguirre la revista Litoral. Durante los años de la República se dedicó a la instrucción cultural en Málaga. Se exilió luego a México donde vivió dedicándose a la docencia.
 
Antes de la guerra civil los libros publicados le otorgaron un perfil menor respecto a sus compañeros, aunque entre ellas sobresalen las Canciones del farero,  que responde a la corriente de neopopularismo y estilización culta de lo andaluz. Sus mejores obras las escribiría en el exilio, p.e. Jardín cerrado, donde el intimismo y la nostalgia de Andalucía lo impregnan todo. Todos sus versos han sido recogidos en Poesías completas.
 
 
 
5.10.      Manuel Altolaguirre (1905-1959)
 
El benjamín del grupo no fue sólo un exquisito poeta, sino también su impresor y editor. Además de fundar Litoral con Prados auspició múltiples empresas editoriales, entre ellas la revista y colección Héroe o Caballo verde para la poesía. También tomó partido por la causa republicana y en el 38 se exilió a Cuba y luego a México.
 
La voz poética de Altolaguirre se distingue por su espiritualidad. En versos blancos u octosílabos preferentemente se configura un mundo intimista, reducido, pero rico en resonancias. La obra de Altolaguirre es breve y ofrece desigualdades. Cabe citar Las islas invitadas, Soledades juntas o La lenta libertad, sin que se observe entre ellas progresión efectiva alguna.
 
 
6.     FINAL
 
 
Algunos poetas se han quedado en el tintero, pero la muestra que se ha ofrecido nos lleva a considerar con la casi totalidad de la crítica que este grupo de poetas han supuesto para nuestras letras una nueva edad de oro. La lectura de sus obras dará cuenta de todo aquello que se nos ha podido escapar y ayudará a conocer la voz personalísima de cada uno de ellos.
 
 
7.     BIBLIOGRAFÍA
 
CANO, J.L. La poesía de la generación del 27, Guadarrama, Madrid, 1973.
DÍEZ DE REVENGA, F.J., Panorama crítico de la Generación del 27, Castalia, Madrid, 1987.
GARCÍA-POSADA, M.,  Los poetas de la Generación del 27,  Anaya, Madrid, 1992.
………………………………., Acelerado sueño. Memoria de los poetas del 27.
GIBSON, I.,  Federico García Lorca, Grijalbo, Barcelona, 1985-1987 (2 vols.).
Aportado por Luis Fernández
 

Profesor en la Consejería de Educación de Canarias. Durante dos años he trabajado en la Sección Internacional Española de Centro Internacional de Valbonne-Niza y actualmente me encuentro en la Sección Internacional Española del CSI Europole de Grenoble. Pulsa aquí para saber más de mí