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Tema 58. Realismo y naturalismo en la novela del XIX

TEMA 58.
REALISMO Y NATURALISMO EN LA NOVELA DEL SIGLO XIX.
I.- INTRODUCCIÓN.

            Existe un desfase evidente entre el realismo español y el europeo. Stendhal publica su “Rojo y Negro” en 1830 y Galdós no publica sus primeras novelas de tesis hasta 1870. Además las diferencias no son sólo cronológicas sino también estructurales.

II.- DESARROLLO.
1.- CONTEXTO HISTÓRICO.
1.1.- CONTEXTO EUROPEO.

            La Europa posterior a 1848 se caracteriza por un rápido crecimiento demográfico y económico.

            Consolidación de la burguesía como clase dominante, apoyada por los distintos gobiernos, que poco a poco derivó hacia posiciones conservadoras para defender sus privilegios de las presiones del proletariado, que en 1864 constituye la primera Internacional de Trabajadores.

            El pragmatismo y sentido de la realidad que tiene la clase dominante se ven acompañados del desarrollo de una nueva filosofía: el positivismo, que rechaza la especulación pura y la metafísica, proponiendo la investigación de los hechos observables. Claros ejemplos de esta nueva filosofía son Darwin con “el origen de las especies” y las leyes de la herencia de Mendel.

1.2.- CONTEXTO ESPAÑOL.

            Los mismos procesos que se dan en el resto de Europa, se producen en España con cierto retraso.

            La segunda mitad del siglo XIX es una época de graves problemas sociales y fuertes tensiones políticas:

1.    Hasta 1868, la política responde, salvo algún paréntesis, a un signo liberal moderado o conservador.

2.    La revolución de 1868, que destrona a Isabel II, supone la victoria de la burguesía progresista, y la Constitución del 69 proclama amplias libertades.

3.    En 1875, la Restauración cerró aquella etapa: marginó a las tendencias extremas y otorgó el gobierno, alternativamente, a los partidos dinásticos: conservadores y progresistas, que no logran solucionar los problemas socio-económicos.

2.- CARACTERÍSTICAS DEL REALISMO.

            La novela realista se convierte en la expresión del espíritu nada romántico de la nueva generación. Esta nueva literatura trata de frenar la libertad romántica presentado la vida tal como es.

            Escriben para el único público posible: la burguesía, que rechaza ya lo idealista, lo fantástico o lo extremado y pide que se le hable de lo inmediato, lo cotidiano, lo real. La burguesía se convertirá, en consecuencia, en protagonista de esta novela.

            La interpretación del mundo burgués no está libre de cierta crítica y desprecio. En estas novelas tenemos siempre un individuo problemático que aspira a conseguir unos valores auténticos, pero que se encuentra con una sociedad degradada que le imposibilita encontrarlos. Pese a la derrota del individuo problemático, no conciben otra respuesta al conflicto que el pacto entre sociedad e individuo problemático aún a costa de sacrificar éste sus ideales más puros. Si éstos no son alcanzables en el marco que le ha correspondido habitar, cabe esperar que ese marco se modifique y se haga más humano y acogedor para las aspiraciones del YO.

            En los escritores realistas se encuentra, por encima de cualquier otro rasgo, la confianza en la perfección del sistema, de ahí que condenen toda solución que implique una ruptura con la sociedad.

            La reproducción exacta de la realidad toma a menudo como modelo los métodos de observación de las ciencias experimentales, de ahí que los personajes estén caracterizados puntillosamente en sus dimensiones externa e interna.

            En cuanto al estilo, se observa una progresiva eliminación de la retórica grandilocuente de los románticos. Se prefiere una prosa sobria, adaptando el lenguaje a la índole de los personajes.

3.- EL REALISMO EN EUROPA.
3.1.- STENDHAL.

            Sus novelas muestran cómo la falta de escrúpulos, el engaño y el maquiavelismo resultan los medios idóneos de ascenso social por lo que sus personajes, de espíritu selecto pero de origen humilde, terminan pactando con la sociedad.

            En “Rojo y Negro” y “La Cartuja de Parma”, Stendhal muestra un estilo seco “tomando como modelo el Código Civil napoleónico”. Esto condiciona su afán por los detalles exactos.

            Pero lo que más sigue desconcertando al lector es la neutralidad moral del autor, que respalda con la misma energía a sus personajes cuando son hipócritas que cuando actúan generosamente.

3.2.- HONORÉ DE BALZAC.

            Aunque conservador ideológicamente, sus resultados literarios son muy progresistas: da más importancia a lo social que a lo individual y lo psicológico. En este marco plantea el conjunto de su obra, titulada por él Comedia Humana (un proyecto de 137 novelas pero que dejó en 24).

            En su obra aparecen unos dos mil quinientos personajes que reaparecen en sus novelas sin tener en cuenta los parentescos de los protagonistas o la transformación de los personajes reales en imaginarios.     

            Sus ideas son de signo conservador: apología de las aportaciones burguesas, admiración ante el mundo industrial… Pero esa mentalidad retrógrada no sirve sino para distanciarle de la burguesía ya dominante, dejándole ser más frío y radical. En consecuencia, el resultado narrativo es progresista.

3.3.- CHARLES DICKENS.

            Gran observador de la vida, retrata los tipos humildes de la sociedad con buena dosis de sentimentalismo romántico. Las acusaciones que lanza contra la sociedad quedan ahogadas por su sentimentalismo patriarcal.

3.4.- GUSTAVE FLAUBERT.

            Supone la transición hacia el naturalismo. No es que sea ideológicamente progresista pero tampoco se alía con la burguesía dominante. Su posición es la del deseo honrado de ser racional y realista.

            En el terreno literario su actitud se traduce en la impersonalidad, capta la vida cotidiana, monótona y sin relieve. Con Madame Bovary (1857) hay un cambio de rumbo en la novela realista pues se quiebra el pacto sociedad-individuo problemático pues aquélla siempre destruye a quien no se adapta.

            La sociedad destruye siempre al individuo que no se adapta a sus reglas de juego pero la inadaptación del individuo no contiene en sí ningún rasgo heroico, ninguna capacidad de convertirse en germen de transformación de la realidad.

3.5.- EMILE ZOLA Y EL NATURALISMO.

            Ya no hay individuos problemáticos, hay, tan sólo, individuos miembros de una especie, determinados por ella, y a los que todo lo que les ocurre no es en virtud de su problematicidad interior, que es producto de las determinaciones que sobre ellos ejercen fuerzas como la herencia y el medio.

            El naturalismo de Zola hay que circunscribirlo en la mentalidad positivista de la época. Zola toma el método experimental de las ciencias y lo aplica a la novela.

            El naturalismo aspiraba así a convertirse en una escritura con capacidad para resolver problemas de la vida corriente. Pero aparte de esta concepción cientifista del mundo, no hay que olvidar tampoco la motivación social, producto de la desilusión por los acontecimientos subsiguientes a la revolución del 48. Ahora se niega la posibilidad de un pacto entre libertad individual y realidad social pues ésta impone siempre sus condiciones, de ahí que la única solución válida sea el estudio empírico de estas. Las características más específicas del naturalismo son:

1.    Liberación de elementos novelescos para convertirse en un estudio científico de las conductas humanas.

2.    El novelista se atiene a los hechos observados por lo que guarda sus emociones y expone simplemente las cosas que ve.

3.    Reflejo de sus aspectos más negativos sin ningún tipo de restricción moral ni estética.

4.    Importa sobremanera el análisis del determinismo hereditario, fisiológico y ambiental.

3.6.- DOSTOIEVSKI Y EL REALISMO RUSO.

            Cuando el naturalismo está decayendo en Europa, la novela rusa se revitaliza el panorama, con su mirada puesta en el futuro de su país y de la humanidad, con un optimismo basado en la confianza de la solidaridad humana.

            En sus novelas se dan situaciones límites de angustia, tensión y caos y los personajes se caracterizan por su carácter imprevisible, irracional, torturado desde mucho ángulos, complejísimo. Son iniciadores precisamente de la psicología moderna en la que se entrelazan los sentimientos más contrapuestos.

            En suma, un mundo exaltado, profundo de ideas, personajes que, a diferencia del realismo francés e inglés, busca una salida a su perturbado mundo interior, huyendo con firmeza de caer en el nihilismo o la desilusión pasivos.

            Tolstoy fue quien más influyó en la novela realista española. Se convirtió también en teórico de un cristianismo sin dogmas, basado en la repulsa a la violencia y en el amor como ley universal. Esto se reflejará en Galdós que se refugiará en la filosofía del amor para mantener la ligazón entre los valores individuales y colectivos. Galdós fue uno de los primeros en leer “Guerra y Paz”, traducida al francés en 1884.

            Podemos considerarlo artífice del realismo psicológico, todos sus personajes están minuciosamente caracterizados.

4.- EL REALISMO EN ESPAÑA.
4.1.- SU ORIGEN: El COSTUMBRISMO.

            Su implantación es muy tardía respecto a su desarrollo europeo.

            La novela realista española nace a mediados del siglo XIX sobre la base del costumbrismo, que le aportó la actitud de observación de la realidad, con la publicación de La gaviota de Fernán Caballero: pinta una Andalucía idílica, poseedora de una fuerza espiritual que la sitúa muy por encima de los pueblos materialistas, herederos de la revolución.

4.2.- LA NOVELA DE TESIS.

            La crítica acepta generalmente que la novela plenamente realista comienza a desarrollarse en España en la década del 70.

            La literatura entra de lleno en una serie de polémicas que trae consigo la Revolución del 68 lo que se ha denominado novela de tesis, con la que se escribe exclusivamente para demostrar algo: hay una línea tradicional (Alarcón, Pereda, Valera) y una progresista (Galdós).

            Este tipo de literatura de tesis trae consigo el inconveniente del esquematismo y la simplificación de la realidad, que lo acerca al estereotipo propio del costumbrismo.

4.3.- EL TRIUNFO DEL REALISMO ESPAÑOL.

            La novela realista alcanzará su cima cuando se adentre en el análisis psicológico de los personajes y se creen personajes no genéricos. Galdós no se limita a copiar la realidad, sino que utiliza sólo aquello verosímil estéticamente o que es creíble.

            Ahora el escritor realista, como ocurrió en Francia, se enfrenta al conflicto entre la sociedad degradada y los individuos que se resisten a su alienación haciéndose individuos problemáticos.

            Para muchos la década de los ochenta constituye el naturalismo español. Sin embargo, hoy se rechaza esto si por naturalismo entendemos lo que había ocurrido en Francia a partir de Zola.

            4.3.1.- Diferencias entre el realismo francés y el español.

            En su primera etapa el realismo francés se enfrentará al conflicto entre el individuo que busca unos valores auténticos y la sociedad degradada. Proponen un pacto entre ambos.

            A partir de 1848 se pone en evidencia la imposibilidad del pacto entre el héroe problemático y la sociedad pues ésta siempre destruye al que no se adapta: Madame Bovary. El realismo, convertido poco a poco en naturalismo, se ha transformado en una manifestación discrepante. Para el naturalismo ya no hay individuos inadaptados sino individuos miembros de una especie que los determina. Lo que les ocurre es producto de la herencia y el medio y ya no hay posibilidad de pacto.

            En España la situación es distinta:

            La primera etapa es la de la novela de tesis.

            Habrá que esperar a 1880 para que se publiquen las primeras obras donde aparezca la lucha entre el individuo problemático y la sociedad: La desheredada, La Regenta, Los Pazos de Ulloa, etc. Estas son las novelas consideradas naturalistas, sin darse cuenta de que todavía en España no se había producido la misma crisis que en Francia.

            Pero es que, además, la novela que surge a raíz de la crisis burguesa finisecular en España no adoptará los elementos positivistas y deterministas del naturalismo francés, sino que se envolverá en un idealismo que se intensificará con los años tal como lo demuestra Galdós.

            Lo que impulsa a nuestros escritores a cambiar de rumbo hacia 1880, es un deseo de convertir la literatura en algo útil socialmente a partir de la observación y el análisis de la realidad. Clarín creía que se debía presentar objetivamente la realidad para así mover a la reflexión y al sentimiento.

            4.3.2.- Características del naturalismo español.

            No acepta ni la filosofía positivista ni el determinismo del naturalismo francés. La herencia y el medio, que determinan al individuo en el naturalismo francés, en el español sólo le condicionan.

            La gran conquista de los españoles está en ver que la materia no es disociable del espíritu. Lo que se ha denominado naturalismo español no es sino una continuación del realismo anterior. Por un lado, lo hace más real, atiende a la investigación más precisa y rigurosa de los datos de la experiencia pero dotándole de cierto idealismo del que carecía. Se trata de conciliar el positivismo con el idealismo alemán

            4.3.3.- Clarín y La regenta.

            La novela española representativa de todos los supuestos teóricos de Clarín, es La Regenta.

            Clarín (1852-1901) fue el representante del Naturalismo tanto en la crítica como en la novela. El Naturalismo de Clarín supera los estrechos límites del francés debido a su formación y para él, “la novela naturalista debe ser un reflejo de la pura realidad, desprovista de cualquier clase de filosofía o ideología. Por el simple hecho de reflejar la realidad objetivamente puede servir a su transformación”.

            La Regenta es, sobre todo, una novela de conflictos, tanto sociales como personales.

            Sociales: Crítica de una sociedad de transición entre el Antiguo Régimen y la nueva sociedad burguesa. Aunque Clarín localiza la novela en Vetusta, nombre simbólico tras el que se esconde Oviedo, trasciende su significación a toda la sociedad española de la primera década de la Restauración: la aristocracia y la Iglesia dirigen la vida social y la alta burguesía trata de penetrar en este tándem dirigente.

            Critica la hipocresía, la envidia, el espionaje a que se somenten unos a otros.

 

            Personales: Ana Ozores es una mujer con inquietudes espirituales pero la sociedad en la que vive las rechaza. Intenta compensar sus tremendas insatisfacciones bien por el misticismo llevada de la mano del Magistral, bien por el erotismo incitada por Álvaro Mesía. Al final se ve defraudada en ambos casos.

            Fermín de Pas sufre el conflicto entre su ambición personal y sus aspiraciones espirituales que permanecen dormidas hasta la irrupción de Ana Ozores. En un principio busca el equilibrio pero no lo logra ya que Ana no puede aser sólo suya por el espíritu, pues necesita amor humano.

            Uno y otro conflicto muestran la indisoluble unión entre el espíritu y la materia.

            La Regenta no es una novela naturalista: profundo sentimiento religioso o la dimensión de interioridad, tampoco abusa de pormenores patológicos ni existe determinismo. Baquero ve en la densidad psicológica de la novela un elemento poco naturalista.

            El narrador actúa de modo omnisciente que se comporta como un ser superior a sus personajes. No siempre es impersonal, pues utiliza la ironía constantemente.

 

            La otra novela larga de Clarín es “Su único hijo”. Puede incluirse en el grupo de intenso espiritualismo donde se encuentran las últimas obras de Galdós y de Pardo Bazán. Narra la historia de Bonifacio, quien, desengañado con su amante y traicionado por su mujer, sufre una profunda evolución moral y, al final, aparece ennoblecido y, al rechazar la insinuación de que él no es el padre del hijo de su mujer, encuentra en su paternidad la realización de su más íntima aspiración espiritual.

            Clarín escribió también novelas cortas y cuentos. Las primeras se caracterizan por el cuidadoso análisis de los personajes, generalmente caracterizados por un profundo sentimiento de frustración. Destacan Pipá y Doña Berta.

            Sus cuentos recrean las vidas de personajes humildes y están narradas con gran economía de recursos como se demuestra en ¡Adiós Cordera!.

4.4.- ÚLTIMA ETAPA.

            Su tendencia espiritualista se acentuará progresivamente a medida que la literatura rusa vaya siendo conocida por los españoles, lo cual supuso que el espíritu se elevara sobre la materia. Una novela que anuncia esta nueva coreiente es Fortunata y Jacinta, donde ya se adivinan los héroes filantrópicos de las últimas novelas de Galdós.

            Por tanto, si el realismo francés reacciona de modo materialista ante la pérdida de confianza ante un pacto sociedad-individuo problemático, los españoles lo hacen atendiendo a una solución idealista. Si en la anterior etapa el individuo actúa aún condicionado por el medio, ahora lucha por imponer sus valores aunque sea derrotado (La sirena negra de P. Bazán, Su único hijo, Nazarín, Misericordia).

 
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Profesor en la Consejería de Educación de Canarias. Actualmente en la Sección Internacional Española de Centro Internacional de Valbonne-Niza Pulsa aquí para saber más de mí