Literatura,  Y más cosas

R.U.R. de Karel Kapek.

R.U.R. Robots Universales Rossum de Karel Čapek.

(¡Qué Blade Runner ni qué ocho cuartos…!)

Documento elaborado por Francisco Lima Ramírez. Profesor de Lengua y Literatura, Español para Extranjeros e Inglés.

Ya a principios del siglo XX, apenas terminada la primera guerra mundial, hacen su aparición los robots que décadas después inspirarán a Isaac Asimov , a Philip K. Dick y a tantos otros en el cine y la literatura. Será en 1920 cuando el checo Karel Čapek saque a escena en su obra de teatro R.U.R. a estos humanoides y al término que les designa. Esta magnífica obra de ciencia-ficción desgraciadamente permanece desconocida para la gran mayoría del público lector y para aficionados al género de la ciencia-ficción en particular. La invención de los robots, incluyendo la génesis de la misma palabra “robot” no se la debemos a otro que al genial autor checo. Efectivamente, será en esta breve pieza teatral en la que la palabra “robot” será utilizada por primera vez para referirse a seres artificiales con forma humana creados por el hombre para hacer su trabajo como mano de obra esclava y más eficiente que los humanos, precisamente por su falta de sentimientos y por carecer también de las flaquezas propias de las personas. De hecho, será en 1918 cuando Čapek utilizará la idea de mano esclava y deshumanizada que se rebela contra sus amos, mucho antes de que Philip K. Dick escribiese la novela ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, en la que, como sabemos, está basada la película Blade Runner, mucho antes de que en Hollywood la idea de la rebelión de las máquinas contra sus dueños humanos fuese explotada artística y comercialmente, en un pequeño relato que forma parte del libro El jardín de los gigantes. Será entonces cuando el argumento de la rebelión de masas de trabajadores deshumanizados y esclavizados verá la luz, anticipándose casi una década al estreno de la película Metrópolis, de Fritz Lang. Como en el filme, será una mujer la que provoque el despertar y la rebelión de las masas esclavas, si bien la la obra de Čapek estas masas no están compuestas de humanos alienados sino de robots, los abuelos de los existencialistas replicantes de Philip k. Dick.

Este argumento será desarrollado en la obra de teatro que hemos seleccionado, donde las masas de obreros esclavizados ya no están compuestas por humanos deshumanizados como el relato de 1918, sino por robots, seres artificiales creados exclusivamente con el fin de ser esclavos. En R.U.R. los robots no están hechos de metal, sino que se fabrican mediante la fabricación de tejidos humanos, otro aspecto en el que la obra se adelanta más de medio siglo a la realidad. No será hasta hace muy pocos años cuando la posibilidad de crear clones de los humanos se constituya en posibilidad real y en dilema moral: ¿es lícito fabricar esclavos para el trabajo o para la guerra? (o incluso para los transplantes, extremo que no se trata en la obra de Čapek).

             Sobre la etimología de la palabra robot, debemos recordar que en eslavo antiguo la palabra rob significaba esclavo, y que en los tiempos del feudalismo el término robota denominaba los dos o tres días de la semana en que los siervos tenían que trabajar gratis las tierras de sus señores. Actualmente se utiliza el término en checo para referirse a trabajo desagradable y mecánico en general.

Tampoco podemos dejar de mencionar el “precedente” mitológico del robot, el Golem de los judíos de Praga, que además de defender a sus amos con su fuerza sobrehumana, podía realizar tareas en las que ésta podía resultar especialmente útil.

En la obra el dilema moral que los avances científicos plantean tiene una gran importancia, al igual que en otras obras de Čapek, como La guerra de las salamandras, en la que el progreso y optimización de la producción gracias a la meno de obra esclava tampoco va acompañado de un desarrollo ético y un humanismo que compense las injusticias y las tropelías medioambientales cometidas por el ansia de beneficio a cualquier precio, que acabarán degradando tanto la convivencia entre los humanos  y el impacto de su actividad industrial sobre la naturaleza que se alcanza un punto irreversible. Como vemos, temas de rabiosa actualidad casi un siglo después.

Otro dato a tener en cuenta a la hora de comentar los textos es la significación de los nombres de los personajes, así como de la empresa que da nombre a la obra: rossum es muy similar a la palabra checa  rozum, que significa intelecto, juicio, entendimiento, razón… Respecto a los protagonistas de la obra:  Elena, como su predecesora troyana, será la responsable (sin intención, eso sí) de la chispa que inicie el desastre, el Dr. Gall, el galeno de la historia, Domin, el dueño (dominus) de la fábrica, el empresario, el gerente de la empresa Busman y su interés en los negocios, como todo un business man, el ingeniero jefe Fabry, el constructor de los robots, Alquist, el alquimista, y el robot Radius, cuyo nombre en latín significa el esplendor que despide una luz, rayo, y que en el último de los fragmentos propuestos tiene una intervención breve pero precisa y certera como un rayo, fulminante en su apreciación de la realidad (ver último párrafo seleccionado, el de la página 45). El mismo acrónimo que da título a la obra, R.U.R. recuerda a la muy industrializada región alemana de la cuenca del Ruhr. En su aspecto connotativo podría ser otra referencia a la deshumanización y mercantilización propias de una sociedad altamente industrializada.

A continuación una serie de textos entre los que podemos seleccionar para hacer un comentario de textos aquellos que nos parezcan más adecuados.

Pág 8

DOMIN: Bueno, pues cualquiera que mire un poco un tratado de anatomía se dará cuenta inmediatamente de que el hombre es demasiado complicado y que un buen ingeniero podría construirlo de forma más sencilla. El joven Rossum comenzó a repasarse la anatomía y a tratar de ver qué se podía suprimir o simplificar. En resumen…, ¿pero no le está aburriendo todo esto, señorita Glory?

ELENA: No, al revés, es enormemente interesante.

DOMIN: Entonces el joven Rossum se dijo: Un hombre es algo que, por ejemplo, se siente feliz, toca el violín, le gusta ir de paseo, y, la verdad es que quiere hacer un montón de cosas que son totalmente innecesarias.

ELENA: ¡Oh!

DOMIN: Espere un momento. Que son innecesarias cuando lo que se quiere de él es que teja o cuente. ¿Toca usted el violín?

ELENA: No.

DOMIN: ¡Qué pena! Pero una máquina de trabajar no puede querer tocar el violín, no puede sentirse feliz, no puede hacer cantidad de cosas. Un motor de gasolina no puede tener borlitas ni adornos de ninguna clase, señorita Glory. Y fabricar trabajadores artificiales es como fabricar motores. El proceso ha de ser de lo más sencillo, y el producto de lo mejor desde el punto de vista práctico. ¿Qué tipo de trabajador cree usted que es el mejor desde un punto de vista práctico?

ELENA: ¿El mejor? Quizá el más honrado y más trabajador.

DOMIN: No, el más barato. Aquel cuyas necesidades son mínimas. El joven Rossum inventó un obrero que tiene un mínimo de exigencias. Lo tuvo que simplificar. Rechazó todo aquello que no contribuía directamente al progreso del trabajo. De esta forma rechazó todo aquello que hace al hombre más caro. En realidad lo que hizo fue rechazar al hombre y hacer el robot. Mi querida señorita Glory, los robots no son personas. Mecánicamente son más perfectos que nosotros, tienen una inteligencia enormemente desarrollada, pero no tienen alma. ¿Ha visto usted un robot por dentro?

ELENA: ¡No, por Dios!

DOMIN: Muy pulcro, muy sencillo. Una pieza preciosa. Pocas cosas, todo en orden. El producto de un ingeniero es técnicamente más perfecto que un producto de la naturaleza.

ELENA: Se piensa que el hombre es el producto de la naturaleza.

DOMIN: Pues peor. La naturaleza no tiene la menor idea de ingeniería moderna. ¿Se cree usted que el joven Rossum jugaba a ser la naturaleza?

ELENA: ¿Qué quiere usted decir?

DOMIN: Empezó a fabricar super-robots…, verdaderos gigantes. Intentó hacerlos de cuatro(…)

9, 10…15

FABRY: Perdone. Pero dígame cuál es el verdadero fin de su Liga… la… la Liga de la

Humanidad.

ELENA: Su verdadero fin es… es proteger a los robots… y… y garantizar que se les dé un buen trato.

FABRY: No es un mal fin. Una máquina ha de ser tratada adecuadamente. Apruebo eso.

No me gustan los artículos deteriorados. Señorita Glory, haga el favor de

apuntarnos como socios protectores, como socios de número, como socios fundacionales de su liga.

ELENA: No, ustedes no me han entendido. Lo que nosotros queremos es liberar a los

robots.

HELMAN: ¿Cómo se proponen hacerlo?

ELENA: Tienen que ser tratados… como seres humanos.

HELMAN: Aja. Me imagino que tendrán que votar, que beber cerveza, que mandarnos a nosotros.

ELENA: ¿Y por qué no habían de votar?

HELMAN: ¿A lo mejor también tienen que recibir un salario?

ELENA: Desde luego.

HELMAN: Eso sí que está bien. ¿Y qué harían con su jornal?, ¿rezar?

ELENA: Comprarían… lo que necesitaran… lo que les gustara.

HELMAN: Eso estaría muy bien, lo único que pasa es que no hay nada que guste a los

robots. Dios mío, ¿qué iban a comprar? Se les puede alimentar con piña, con paja,

con lo que se quiera. Todo les tiene sin cuidado, no tienen apetito. Nada les interesa. Por qué no dejarlo todo, nadie ha visto aún sonreír a un robot.

ELENA: ¿Por qué… por qué no los hacen ustedes más felices?

HELMAN: Eso no arreglaría nada, señorita Glory. Son sólo robots.

ELENA: ¡Oh, pero son tan sensibles!

HELMAN: No son sensibles, son agudos, estremecedoramente agudos, pero nada más. No tienen voluntad propia. No tienen pasiones. No tienen alma.

ELENA: ¿Ni amor, ni deseo que resistir?

HELMAN: No. Los robots no aman, ni siquiera se quieren a ellos mismos. ¿Y deseo que

resistir? No sé. Muy rara vez, muy de vez en cuando…

ELENA: ¿Qué?

HELMAN: Nada en particular. De vez en cuando parecen estar fuera de sí. Algo semejante a la epilepsia, sabe. Le llamamos el calambre del robot. De pronto se les cae de las manos todo lo que tienen en ellas, se ponen rígidos, les rechinan los dientes… y

hay que llevarlos a la trituradora. Evidentemente es alguna avería en el mecanismo.

DOMIN: Alguna imperfección que hay que hacer desaparecer.

ELENA: No, no, es el alma.

FABRY: ¿Cree usted que el alma se hace visible en el rechinar de los dientes?

ELENA: No sé. Quizá sea un signo de rebeldía. Quizá sólo sea una señal de lucha. ¡Oh, si eso se les pudiera infundir!

DOMIN: Eso se remediará, señorita Glory. El doctor Gall está haciendo algunos

experimentos..

DR. GALL: No a ese respecto, Domin. Ahora estoy haciendo nervios de dolor… si se puede emplear esa expresión tan poco científica.

ELENA: ¿Nervios de dolor?

DR. GALL: Por razones industriales, señorita Glory. A veces un robot se hace un

desperfecto a sí mismo porque no le duele. Mete la mano en la máquina, se rompe

un dedo, se machaca la cabeza… todo le es igual. Tenemos que suministrarles

dolor. Es una protección automática contra los desperfectos.

ELENA: ¿Serán más felices cuando sientan el dolor?

DR. GALL: Al contrario, pero serán más perfectos desde un punto de vista técnico.

ELENA: ¿Por qué no crean ustedes un alma para ellos?

DR. GALL: No podemos hacerlo.

FABRY: No nos interesa.

BUSMAN: Eso haría aumentar el costo de producción. Olvídese de eso, querida señorita, los sacamos a un precio bajísimo, quince libras cada uno, totalmente vestidos, y hace quince años costaban doscientas. Hace cinco años comprábamos los trajes.

Hoy tenemos nuestra propia fábrica e incluso exportamos telas cinco veces más

baratas que las otras fábricas. ¿Qué paga usted por un metro de tela, señorita

Glory?

ELENA: No sé… no me acuerdo.

BUSMAN: ¡Cielos! ¿Y usted quería fundar una Liga de la Humanidad? Cuesta ahora una tercera parte. Ahora todos los precios se han reducido en una tercera parte, y

seguirán bajando continuamente, cada vez más bajos… ¿Eh?

ELENA: No entiendo nada.

BUSMAN: Cómo, quiere decir que el precio de la mano de obra ha bajado. Un robot, con comida incluida, cuesta tres cincuenta a la hora. Todas las fábricas que no

compren robots para hacer bajar el costo de producción se hundirán.

ELENA: Sí, y se desharán de sus obreros.

BUSMAN: Ja, ja, claro. Pero mientras tanto habremos colocado quinientos mil robots

tropicales en la pampa Argentina para que cultiven trigo. ¿No le importa decirme

cuánto paga por una barra de pan?

 
 
Pág 25

ELENA: ¿Qué pasa con los índices de natalidad?

DR. GALL: No sabemos.

ELENA: Bueno, pero usted tiene que saberlo. Ande, dígamelo.

DR. GALL: Se debe a la fabricación de robots. Hay un exceso de mano de obra. La gente se está haciendo innecesaria, superflua, por así decir. El hombre sobrevive por

ahora, es un resto; pero lo que es seguro es que después de treinta años de competencia empezará a desaparecer…, esa es la verdad, eso es lo horrible. Casi podríamos pensar…

ELENA: ¿Qué?

DR. GALL: Que a la naturaleza le ha ofendido la fabricación de robots.

ELENA: Doctor, ¿qué va a ser de la gente?

DR. GALL: Nada. No se puede hacer nada.

ELENA: ¿Absolutamente nada?

DR. GALL: Nada de nada. Todas las universidades del mundo nos están mandando largas cartas en que piden la limitación de la fabricación de robots. Si no, dicen, la raza

humana se extinguirá por falta de fertilidad. Pero los accionistas de la R.U.R., claro,

no quieren ni oír hablar de eso. Todos los gobiernos del mundo nos piden incluso

un aumento de la producción para aumentar la fuerza de sus ejércitos. Todos los

industriales del mundo nos están encargando robots como locos. No hay nada que

hacer.

ELENA: ¿Por qué Domin no restringe…?

DR. GALL: Perdón, pero Domin tiene sus propias ideas. No hay manera de influir en las gentes que tienen ideas propias sobre todos los asuntos de este mundo.

ELENA: ¿Y no hay nadie que haya pedido que se termine por completo con la fabricación?

DR. GALL: Pobre del que lo hiciera.

ELENA: ¿Por qué?

DR. GALL: Las gentes se lo comerían vivo. Después de todo es más conveniente que los robots te hagan tu trabajo.

ELENA: Pero, doctor, ¿qué va a ser de la gente? Pero gracias por su información.

DR. GALL: Eso quiere decir que me echa.

ELENA: Sí. Au revoir.
(Sale el Dr. Gall)

ELENA (Con repentina decisión): ¡Emma! (Abre la puerta.) Emma, ven y enciende el fuego.

De prisa, Emma.

Págs 35, 36

 ALQUIST: Y eso fue lo que pasó.

ELENA: Y entonces pensé que… que si fueran como nosotros… nos podrían entender…, si fueran un poco humanos… no nos podrían odiar tanto…

DOMIN: Es una lástima, Elena. Nadie puede odiar al hombre tanto como otro hombre.

Convierte a las piedras en hombres y te lapidarán. Pero sigue.

ELENA: ¡Por Dios, no hables así, Harry! Era tan horrible no poder llegar a entenderles

como es debido. Había una barrera tan cruel entre ellos y nosotros, y, ya ves…

DOMIN: Sí, continúa.

ELENA:…Por eso es por lo que le pedí a Gall que cambiara los robots. Les juro que él no quería.

DOMIN: Pero lo hizo.

DR. GALL: Lo hice por mí, como un experimento.

ELENA: ¡Oh Gall!, eso no es verdad. Yo sabía de antemano que no me lo podría negar.

DOMIN: ¿Por qué?

ELENA: Ya lo sabes, Harry.

DOMIN: Sí, porque está enamorado de ti… como todos ellos.

(Pausa)

HELMAN (Yendo a la ventana): Otra oleada. Es como si nacierande debajo de las piedras.A lo mejor estas mismas paredes se convierten en robots.

BUSMAN: Madame Elena, ¿qué me da si defiendo su caso?

ELENA: ¿Mi caso?

BUSMAN: El suyo o el de Gall. El que usted quiera.

ELENA: ¿Es que estamos en un juicio?

BUSMAN: Sólo moral, madame Elena. Estamos buscando un culpable. Es una de las

favoritas fuentes de consuelo en la desgracia.

(…)
37, 38

DOMIN: ¿Qué quieres hacer?

BUSMAN: Por Dios, Domin, quiero salir de esto. Nada más.

DOMIN: ¡Bueno, dejar de decir tonterías!

BUSMAN: En serio, Harry. Yo creo que podíamos intentarlo.

DOMIN (Parándose casi encima de él): ¿Cómo?

BUSMAN: Por medios justos. Yo todo lo hago por medios justos. Dadme un voto de

confianza y negociaré con los robots.

DOMIN: ¿Por medios justos?

BUSMAN: Claro. Por ejemplo, les diré: «Valiosos y adorables robots, lo tenéis todo. Tenéis inteligencia, tenéis poder, tenéis armas. Pero nosotros tenemos una cosita, un

trozo de papel amarillento, viejo y sucio…»

DOMIN: ¡El manuscrito de Rossum!

BUSMAN: Sí. «Y eso, les diré, contiene la historia de vuestro ilustre origen, el noble proceso de vuestra fabricación, etcétera. Valiosos robots, sin esos garabatos de nuestro papel no seréis capaces de producir ni un solo colega. Dentro de otros veinte años no habrá ni siquiera un ejemplar de robot para exponer en el zoológico. Mis estimados amigos, esto sería un duro golpe para vosotros. Pero, les diré, si a todoslos hombres de la isla Rossum nos dejáis irnos de aquí en un barco, a cambio de esto, les entregaremos la fábrica y el secreto de la fabricación. Permitidnos irnos y os permitiremos fabricaros, veinte mil, cincuenta mil, cien mil diarios, todos los que queráis. Valiosos robots, este es un trato justo. Lo uno por lo otro.» Esto es lo que yo les diría.

DOMIN: Busman, ¿y tú crees que nosotros entregaríamos el secreto?

BUSMAN: Sí, desde luego. Si no de una forma amistosa, sí… bueno, el resultado es que o se lo vendemos nosotros o ellos lo encuentran… elegir lo que queráis.

DOMIN: Busman, podemos destruir el manuscrito de Rossum.

BUSMAN: Claro que podemos, podemos destruir todo. No sólo el manuscrito. Nos podemos destruir nosotros y destruir a otros. Haz lo que te parezca mejor.

HELMAN (Befando de mirar por la ventana): Pues claro que tiene razón.

DOMIN: ¿Debemos… debemos vender el secreto?

BUSMAN: Como quieras.

DOMIN: Aquí somos más de treinta. ¿Debemos vender el secreto y salvar almas humanas?

¿O debemos destruirlo y… y destruirnos nosotros también?

ELENA: Harry, por favor…

DOMIN: Espera un momento Elena. Esto es algo muy importante. ¿Vender o destruir, chicos? ¿Fabry?

FABRY: Vender.
DOMIN: ¿Gall?
DR. GALL: Vender.
DOMIN: ¿Helman?

HELMAN: ¡Cielos!, vender, claro.

DOMIN: ¿Alquist?

ALQUIST: Lo que Dios quiera.

BUSMAN: Ja, ja, tú estás loco. ¿Quién iba a vender todo el manuscrito?

DOMIN: Busman, sin trampas.

BUSMAN: Bueno, entonces, por Dios bendito, venderlo todo. Pero después…

DOMIN: ¿El qué después?

BUSMAN: Cuando estemos a bordo del Ultima, me taparé los oídos con algodón, me tumbaré en algún lado y podréis volar toda la fábrica con todos sus trucos y su secreto de Rossum.

FABRY: No.

DOMIN: Eso es una grosería, Busman. Si vendemos será honestamente.

 
 
P38

BUSMAN (Dando un salto): ¡Ah no! Es por el bien de la humanidad…

DOMIN: Por el bien de la humanidad es por lo que nosotros tenemos que cumplir nuestra palabra.

HELMAN: ¡Vamos, qué estupideces!

DOMIN: Chicos, este es un paso decisivo. Estamos vendiendo el destino de la humanidad. Quienquiera que esté en posesión del secreto será dueño del mundo.

FABRY: Venderlo.

DOMIN: La humanidad nunca se entenderá con los robots y nunca llegará a ejercer un

control sobre ellos. La humanidad se verá sobrepasada por un diluvio de estas horribles máquinas vivientes, será su esclava, viviremos a su merced.

DR. GALL: No sigas y vende.

DOMIN: El fin de la historia humana, el fin de la civilización…

HELMAN: ¡Maldita sea, vende!

DOMIN: Muy bien, muchachos. Yo… yo no lo dudaría un segundo. Total, las pocas

personas de este mundo a quienes quiero…

ELENA: Harry, ¿no me preguntas a mí?

DOMIN: No, querida. Es una responsabilidad demasiado grande. No te preocupes.

FABRY: ¿Quién va a hacer las negociaciones?

DOMIN: Esperar que traiga el manuscrito.

(Sale por la izquierda)

ELENA: ¡Harry, no vayas, por el amor de Dios!

(Pausa)

FABRY (Mirando por la ventana): Oh, para huiros, muerte de las mil cabezas; vosotros, materia sublevada; vosotros, muchedumbre asexuada, los nuevos reyes del

universo; que de nuevo se guarde la vida humana sobre un solo navío…

DR. GALL: No tema, madame Elena. Nos iremos muy lejos de aquí, y fundaremos una

colonia humana modelo. Comenzaremos la vida de nuevo…

ELENA: No, doctor Gall, no diga nada.

FABRY (Dándose la vuelta): Madame Elena, la vida se ocupará de eso, y en lo que respecta a nosotros, la convertiremos en algo… algo que hemos olvidado. No es

demasiado tarde. Será un diminuto estado con un barco. Alquist nos construirá una

casa, y usted será nuestra reina.

HELMAN: Ja, ja, el reino de madame Elena. ¡Fabry, esa es una idea genial! ¡Qué

fenomenal es la vida!

ELENA: ¡Por María Santísima, basta!

BUSMAN: Bueno, a mí no me importa comenzar de nuevo. Muy sencillamente, como en el Viejo Testamento, como pastores. Eso me va estupendamente. Aire, tranquilidad…

FABRY: Y este estadito nuestro podría ser el centro de la vida del futuro. Una especie de islita donde la humanidad se refugiara para fortalecerse… fortalecerse mental y

físicamente. Y, por todos los santos, creo que dentro de unos cuantos cientos de

años podría volver a conquistar el mundo.

ALQUIST: ¿Te crees eso, incluso hoy?

FABRY: Sí, incluso hoy. Creo que lo hará. Y que volverá a ser dueña y señora de tierras y mares; criará dirigentes —antorcha ardiente para el pueblo que vive en la

oscuridad— héroes que llevarán su alma brillante a través de los pueblos. Y creo,

Alquist, que volverá a soñar de nuevo con conquistar planetas y soles.

BUSMAN: Amén. Ve, madame Elena, no estamos tan mal. (Domin abre violentamente la puerta)

DOMIN (Secamente): ¿Dónde está el manuscrito de Rossum?

BUSMAN: En tu caja fuerte. ¿Dónde si no?

DOMIN: ¿Adonde ha ido a parar el manuscrito de Rossum? Alguien… lo ha… robado.

DR. GALL: Imposible.
P45

RADIUS: Para ser como los hombres son necesarias las matanzas y la dominación. Lea historia, lea los libros de los humanos. Hay que dominar y asesinar para ser como los hombres. Somos poderosos, señor. Haz que nos multipliquemos y estableceremos un mundo nuevo. Un mundo sin defectos. Un mundo de igualdad. Canales de un polo al otro. Un nuevo Marte. Hemos leído libros. Hemos estudiado ciencias y artes. Los robots han alcanzado la cultura humana.

ALQUIST: Nada hay más lejano al hombre que su propia imagen. Oh, vete, vete. Si queréis vivir, procrear como los animales.

RADIUS: Los seres humanos no nos permitieron reproducirnos. Somos estériles…, no podemos tener hijos.

ALQUIST: Oh, oh, oh…, ¿qué habéis hecho? ¿Qué queréis de mí? ¿Queréis que me saque niños de la manga?

 

Título original: R.U.R. Ze života hmyzu

Título de la edición inglesa: R.U.R.
Traducción: Consuelo Vázquez de Parga
© 1961 Herederos de Karel Čapek, Praga
© 1966 Alianza Editorial S.A.
Mártires Concepcionistas 11
Depósito legal: 10.685-66
Edición digital: Sadrac
Víctor Villoria

Profesor en la Consejería de Educación de Canarias. Actualmente en la Sección Internacional Española de Centro Internacional de Valbonne-Niza Pulsa aquí para saber más de mí

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