Literatura,  Narrativa

Prosa renacentista

6. Prosa renacentista

En este siglo existe una gran variedad de géneros narrativos. Se trata de relatos generalmente breves incluidos en obras más extensas.

6.1. La narrativa idealista

Apuntamos aquí algunas de sus características más sobresalientes:

  • Personajes planos, poco reales, de rasgos idealizados y maniqueos.
  • Argumentos inverosímiles.
  • Evasión espacial (hacia lugares exóticos y lejanos) y temporal (la acción se sitúa en tiempos pasados o remotos).
  • Lenguaje grandilocuente y muy ornamentado.

6.1.1. LA NOVELA DE CABALLERÍAS

Estas obras están inspiradas por los cantares de gesta, pero se escribieron en prosa. Narran hazañas de héroes medievales con abundantes elementos fantásticos. Citaremos el Amadís de Gaula, de Garci Rodríguez de Montalvo (reeditado en 1508), que fue el único que en el Quijote se salvó de la quema, y Don Cristalián de España, de Beatriz Bernal, primera novela escrita por una mujer en nuestro país.

6.1.2. LA NOVELA PASTORIL

Emparentadas con las églogas de la lírica, son relatos amorosos protagonizados por pastores en una naturaleza idealizada. Entre sus títulos más importantes cabe destacar: Los siete libros de Diana, de Jorge de Montemayor, la Diana enamorada, de Gaspar Gil Polo, y La Galatea, de Cervantes.

6.1.3. LA NOVELA MORISCA

Se trata de narraciones también amorosas protagonizadas por moros y cristianos y ambientadas en la época de finales de la Reconquista. Presentan siempre una visión idealizada de la realidad, tanto de las bondades de los cristianos, como de las de los moriscos, a los que en el siglo XVI ya no se les considera una amenaza. Un ejemplo es la Historia del abencerraje y de la hermosa Jarifa, anónimo.

6.1.4. LA NOVELA BIZANTINA

Relatos de aventuras y viajes, en los que una pareja se separa y trata de reencontrarse, cuyo antecedente estaba en la literatura griega. Después de muchas vicisitudes, el amor se fortalece. Una muestra importante es Los trabajos de Persiles y Sigismunda, de Cervantes.

6.2. La narrativa realista

Solo dos hitos literarios forman parte de esta tendencia: el Lazarillo de Tormes y el Quijote (del que hablaremos en el próximo tema). Apuntamos aquí algunas de las características más sobresalientes:

  • Personajes redondos que evolucionan y con hondura psicológica.
  • Argumentos verosímiles, reflejos de la realidad que son fidedignos e, incluso, veraces.
  • Ubicación espacio-temporal de la trama en el lugar y momento en que ha sido escrita.
  • Lenguaje realista y adecuado a los personajes.

6.2.1. EL LAZARILLO DE TORMES

En 1554 aparece en el panorama de la literatura española una novela muy diferente a las publicadas hasta este momento: La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades. Publicada en Burgos, Amberes, Alcalá de Henares y Medina del Campo, alcanza un notable éxito en su época, aunque parece que existió una versión anterior. Sin embargo, pronto será incluida en el primer Índice de libros prohibidos de la Inquisición (1559) y publicada posteriormente expurgada. Es la primera novela de un género exclusivo de la literatura española que conoció un éxito abrumador: la novela picaresca.

La vida de Lázaro de Tormes es una novela anónima a la que se han atribuido algunos autores, pero sin conclusiones definitivas. Sin embargo, los estudiosos de la obra coinciden en que, por su contenido crítico con la sociedad en general (y con la Iglesia en particular), podría ser obra de un erasmista, judeoconverso, franciscano o noble descontento con su tiempo.

Se trata de una narración realista, una falsa autobiografía redactada en forma de carta y dirigida a un “vuestra merced”, cuya identidad se desconoce, para darle cuenta de el caso. Dicho caso alude a las habladurías en torno a las relaciones que la mujer de Lázaro mantiene con el clérigo de San Salvador. Este es el pretexto que sirve a Lázaro para contar la historia de su vida en un intento por justificar su deshonor.

Los temas de la novela son el aprendizaje de la vida, el problema de la honra y, sobre todo, el hambre.

La obra se estructura en un prólogo y siete tratados de distinta ex- tensión. En los tres primeros tratados, Lázaro cuenta su infancia, marcada por el hambre y por sus andanzas con un ciego astuto y cruel al que sirve de guía, un clérigo avariento y un miserable escudero esclavo de las apariencias. En estos capítulos, el protagonista lucha por sobrevivir y describe todo un proceso de aprendizaje vital. A partir del tratado IV, Lázaro va creciendo y mejorando su posición social: ya no pasa hambre y logra un oficio digno (pregonero en la ciudad de Toledo), a costa de su deshonra personal.

El estilo de El Lazarillo busca la sencillez, claridad y espontaneidad; huye del amaneramiento y la artificiosidad del resto de los relatos con los que convive en su época y está caracterizado por el uso constante de la ironía y el doble sentido.

El realismo de la obra (localizaciones geográficas reconocibles y referencias históricas), la figura de un antihéroe como protagonista y su evolución a lo largo de la obra en función de las experiencias que le toca vivir establecen el germen de la novela moderna europea. Hasta el Lazarillo los relatos presentaban a un héroe que no experimentaba ninguna evolución en su personalidad, pero con Lázaro de Tormes se produce un cambio: ahora se nos presenta una vida en desarrollo. Incluso el aprendizaje podemos considerarlo parodia del tópico del especulum principiis (tópico que define la enseñanza de los nobles a partir de buenos consejos). Aquí tenemos la historia de un personaje que no es noble y que ha caído en el deshonor. Sus consejos y enseñanzas no son ejemplos, precisamente, de buena conducta.

LAS CARACTERÍSTICAS DEL PÍCARO

  • Proviene de una familia de judeoconversos.
  • Parte de una situación de deshonra y sus padres suelen ser delincuentes.
  • Sirve a diferentes amos, de los que va aprendiendo.
  • Siempre pasa hambre.
  • Solo cuenta con su astucia para sobrevivir en un mundo hostil.
  • Aunque con el tiempo va ascendiendo, al final siempre cae (no ocurre así en la picaresca femenina, como en La pícara Justina, de Francisco López de Úbeda, o en La hija de Celestina, de Alonso Jerónimo de Salas Barbadillo).

6.3. La prosa didáctica

Como ya sabes, el Renacimiento fue una etapa cultural que supuso la asimilación de las ideas humanistas y las ideas promulgadas por Erasmo de Rotterdam. Ello conlleva una valoración de la cultura, del saber, interés por la conducta y la formación del ser humano. Surgirán los estudios filológicos y con ello un aprecio y valoración de la lengua vulgar, tanto que lo asemeja a la culta y clásica. Así, se defenderá la lengua romance para tratar diversidad de temas, fruto del pragmatismo humanista. En España este aspecto quedará representado por Juan de Valdés.

Las obras dialogadas y la expresión de ideas son muy propias en la prosa del siglo XVI y acabarán consolidándose con la creación de un nuevo género, el ensayo.

El fin que persigue la prosa didáctica es educar y llevar a la reflexión, además de poseer calidad literaria, siguiendo la corriente humanista y erasmista con su afán de educar. Es una prosa, pues, que pone como modelo el estilo de los clásicos, como Cicerón, o de los coetáneos. Algunos de los autores más influyentes en la prosa renacentista no son españoles.

A continuación te ofrecemos una breve nómina.

  • Baltasar Castiglione: autor de El cortesano, muestra en su obra el modelo de estilo renacentista y culto.
  • Erasmo de Rotterdam: en Elogio a la locura hace una sátira de las costumbres sociales irracionales e improductivas.
  • Nicolás Maquiavelo: en El príncipe se recogen sus ideas políticas, que se supeditan al éxito del gobernante, sin ningún tipo de piedad ni justicia.
  • Tomás Moro: en Utopía, expone sin pudor sus ideas sobre un sistema político ideal.
  • Juan de Valdés: escribe Diálogo de la Lengua en defensa de la lengua vulgar, espontánea y natural, y escribe sus argumentos en forma de diálogo.
  • Fray Bartolomé de las Casas: en su Brevísima relación de la destrucción de las Indias, hace una dura crítica sobre las atrocidades cometidas por los españoles durante la conquista de América.
  • Santa Teresa de Jesús: en la segunda mitad del siglo XVI, etapa en la que se escriben diversas obras de carácter religioso y moralizante, escribe El libro de la vida.

 

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