Literatura,  Narrativa

Prosa barroca

1. Prosa barroca

1.1. Cervantes y El Quijote

Miguel de Cervantes Saavedra nació en 1547 en Alcalá de Henares. En 1569 se trasladó a Roma, y en 1571 se alistó al ejército. Participó en la batalla de Lepanto, en la que fue herido en el pecho y en la mano izquierda. Cuando regresaba a España, en 1575, su barco fue apresado por piratas berberiscos. Pasó cinco años preso en Argel. No pudo vivir de sus obras, y desempeñó diversos trabajos, como el de recaudador de impuestos. Murió el 22 de abril de 1616 (aunque tradicionalmente se acepta el 23, fecha en la que se celebra el Día del Libro).

1.1.1. NARRATIVA CERVANTINA

Aunque cultivó todos los géneros, Cervantes ocupa un lugar de excepción en la literatura española y en la universal por sus extraordinarias dotes de narrador. Se atrevió con todos los subgéneros narrativos del momento, que encontramos o bien como obras independientes o como partes o “capítulos” de la gran novela Don Quijote de la Mancha.

  • La Galatea (1585): Es una novela pastoril, en la que pastores, idealizados expresan sus sentimientos amorosos, por medio de diálogos y de poemas. Elicio y Erastro están enamorados de Galatea y aunque la pastora no les corresponda, acepta sus muestras de amor; por otro lado, padre de la joven quiere casarla con otro pastor. Otros personajes escuchan sus lamentos, narran sus propias aventuras o exponen sus ideas sobre el amor.
  • Novelas ejemplares (1613): Son doce novelas cortas, lo cual era novedoso en la época. Con el adjetivo “ejemplares”, Cervantes se refería a que podían servir como ejemplo moralizador (siguiendo la tradición de los exempla medievales). Aunque con precedentes en la literatura italiana, el escritor presume de ser “el primero que ha novelado en lengua castellana”, o sea, de ser el primero en construir historias independientes, no ligadas a ningún marco narrativo.
    • En el grupo realista destaca Rinconete y Cortadillo, que presenta algunas característica de la novela picaresca (los personajes, el ambiente del hampa…). En ella se narran las peripecias de dos golfos en su camino a Sevilla. Allí entran en la cofradía de Monipodio, cuya organización controla todo el mundo marginal de la ciudad, que es fruto de una sociedad corrompida). Son importantes también El licenciado Vidriera y El coloquio de los perros.
    • En el grupo idealista destacan La Gitanilla, en la que se muestra la vida idealizada de los gitanos, y La ilustre fregona. En las dos obras, las protagonistas, Preciosa y Constanza, son jóvenes de origen noble, aunque no lo sepan. Esto hará posible sendos finales felices.
  • Los trabajos de Persiles y Sigismunda (1617): Es una novela de las llamadas bizantinas, subgénero caracterizado por las aventuras, los viajes, los naufragios, las historias entrecruzadas, los encuentros y los desencuentros.

MIGUEL DE CERVANTES: ENTRE EL RENACIMIENTO Y EL BARROCO

Parte de la producción literaria de Cervantes corresponde a la época del Barroco (en 1605 se publicó la primera parte del Quijote), pero las características generales de su obra, así como su propia formación, son renacentistas. Este autor que representa como ningún otro la transición del Renacimiento al Barroco.

Miguel de Cervantes vivió intensamente y protagonizó tanto experiencias de éxito como de fracaso. Probablemente, su trayectoria vital (viajes, batallas, cautiverio, penalidades económicas…) le permitió conocer en profundidad el alma de los seres humanos, y así comprender sus defectos, admirar sus virtudes y confiar en sus capacidades. Todo ello, además, acompañado de un sentido del humor particular, teñido a veces de melancolía.

POESÍA Y TEATRO

Obra poética

Los primeros textos que conocemos de Cervantes son poéticos, aunque como él mismo reconoce, la poesía fue “la gracia que no quiso darme el cielo”. Incluyó poemas en sus novelas o en sus obras teatrales y publicó, en 1614, El viaje del Parnaso, (reflexión sobre la literatura, a partir del ataque de los malos poetas a los buenos, que se refugian en el monte Parnaso).

Obra dramática

El teatro fue quizá su gran vocación o tal vez su mayor necesidad, ya que era el único género que podía aliviarle en sus continuas rachas de penurias económicas. Pero su éxito en teatro fue escaso.

Entre las primeras obras dramáticas del alcalaíno destacan la tragedia titulada El cerco de Numancia y la comedia Los tratos de Argel. Ambas se ajustaban a las reglas clásicas aristotélicas (temas nobles, verosimilitud y respeto a las tres unidades), y aunque no tuvieron mala acogida, fue la fórmula de Lope de Vega la que triunfó entre el público.

Cervantes continuó escribiendo teatro, aunque solo publicó en 1615 la serie Ocho comedias y ocho entremeses nuevos, nunca representados. Admiró la obra de Lope de Rueda y puede que hubiera visto representados sus pasos, obras breves cómicas antecedentes de los entremeses.

Probablemente sean los entremeses las piezas que interesan más en la actualidad, como El retablo de las maravillas, en el que se nos muestra a unos farsantes que llegan a un pueblo para representar un espectáculo. Avisan de que solo será visible para aquellos que sean cristianos viejos, por lo que todos fingirán verlo.

1.1.2. DON QUIJOTE DE LA MANCHA (1605-1615)

La primera parte de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha se publicó en 1605; la segunda, en 1615. Desde el principio gozó de gran éxito. Los primeros lectores leerían la obra como un libro humorístico que ridiculizaba los de caballerías. Pronto se convirtió en una de las grandes novelas de todos los tiempos. En el XVII comenzó a considerarse un clásico, y en el Romanticismo, don Quijote se alza como el símbolo de los que luchan por sus ideales. Las interpretaciones, estudios y adaptaciones se han ido sucediendo a lo largo de los años: las posibles lecturas del Quijote son interminables.

  • Argumento y estructura: La novela narra la historia de un viejo hidalgo que pierde la razón por leer libros de caballerías. Acompañado por su escudero, Sancho Panza, se lanza por el mundo a luchar contra la injusticia. La acción se puede organizar en tres viajes, las llamadas tres “salidas”. La diferencia fundamental entre las dos partes es que, en la primera, don Quijote es quien transforma la realidad para que se adapte a su fantasía caballeresca; por el contrario, en la segunda parte, son los otros personajes, que han leído la obra, quienes crean las fantasías con el objetivo de burlarse de la locura y de la insensatez tanto del caballero como del escudero.

Primera parte (1605) Segunda parte (1615)
Primera salida Segunda salida Tercera salida
Alonso Quijano sale de su aldea, con armas anticuadas y un viejo caballo, y se hace armar caballero en una venta, que él imagina castillo, ante las burlas de los presentes. La salida acaba con la paliza que le dan unos mercaderes y con el regreso a su casa, donde le queman los libros que le habían hecho perder el juicio. Recuperado, convence a un labrador llamado Sancho Panza para que sea su escudero. Don Quijote y Sancho comienzan sus aventuras, de las que casi siempre salen mal parados: la lucha contra unos molinos, el encuentro con los cabreros, la obtención de “yelmo de Mambrino”, la liberación de los galeotes… El caballero, una vez en Sierra Morena, decide quedarse en aquellos montes imitando a Amadís y le envía una carta a Dulcinea con Sancho, lo que provocará que los amigos del hidalgo (el cura y el barbero) lo encuentren y le hagan regresar a su pueblo encerrado en una jaula. Aquí se insertan otras historias ajenas a la de don Quijote. Obstinado en su locura, don Quijote vuelve a sus aventuras acompañado también de Sancho Panza. Esta vez, realidad y ficción se confunden, pues algunos personajes que se encuentran con la pareja ya conocían o habían leído la primera parte del libro. En sus correrías por Aragón, llegan a los dominios de unos duques ociosos que se burlan de caballero y escudero. Después, se marchan a Barcelona, y allí el manchego es vencido por el Caballero de la Blanca Luna, que es en realidad su amigo Sansón Carrasco. Tras la derrota, física y moral, don Quijote se ve obligado a regresar a su pueblo y allí muere, cristianamente, después de haberse curado de su locura.

  • Los personajes: A pesar de que aparecen numerosos personajes, don Quijote y Sancho son los protagonistas indiscutibles de la obra. Su caracterización y su evolución son algunos de los más destacados aciertos de Cervantes. Al comienzo, cada uno representa una postura diferente frente al mundo: don Quijote vive por los altos ideales caballerescos (la libertad, la justicia, el amor…); Sancho es un labrador rudo y glotón, preocupado por lo básico, actúa por sus intereses personales, ve la realidad tal como es y se apoya en la sabiduría popular encarnada en los refranes. Pero conforme avanza la novela, los dos personajes evolucionan y comienza una cierta inversión: Don Quijote va recuperando la razón, y su figura se va apartando de lo cómico y lo burlesco. A la vez, Sancho se deja arrastrar por las fantasías de su señor y se va contagiando de sus ideales. De forma paralela, surge la amistad entre los dos.

El lector, sobre todo en la segunda parte, ha podido observar cómo se ha producido un proceso de desengaño propio del Barroco en don Quijote.

Temas:

  • La crítica de los libros de caballerías, que se consideraban de mala calidad literaria y con excesivas dosis de imaginación.
  • El enfrentamiento entre la locura y la razón.
  • La pervivencia de los ideales a pesar de los fracasos .
  • Las diferentes formas de percibir la realidad, el perspectivismo barroco que puede desembocar en el desengaño.
  • La descripción de toda una época: costumbres, ideología, clases sociales, literatura…

Técnica narrativa y estilo:

Destacan las técnicas del “narrador editor” y del “manuscrito encontrado” que Cervantes emplea en toda la novela y que le sirven para parodiar, también en su composición, a los libros de caballerías. Dice Cervantes que:

  • Existían unas crónicas antiguas de las que partió la historia.
  • Un tal Cide Hamete Benengeli escribió en árabe una versión novelada de estas crónicas. Cervantes la encontró accidentalmente y se las dio a traducir a un morisco.
  • El morisco tradujo el texto en árabe, que no siempre tuvo por qué ajustarse al “original”.
  • Cervantes actuó como “editor” que, como no era el inventor de la historia, se distanciaba cuando le convenía y dejaba paso a la ironía, al juego literario y al humor. Además, en un cierto punto la historia se interrumpe bruscamente, por lo que se vio obligado a terminarla él mismo.

Cervantes vuelve a hacer un guiño a las novelas de caballería, donde las citadas técnicas de autoría eran frecuentes.

UNA PUBLICACIÓN INESPERADA

Cervantes modifica su proyecto inicial cuando llega a sus manos la publicación en 1614 de una segunda parte de su obra, firmada por un tal Avellaneda. Decide entonces que los protagonistas en vez de dirigirse a Zaragoza, se encaminarán a Barcelona.

RASGOS DE ESTILO

Es aparente la sencillez y llaneza en la obra, puesto que es deslumbrante el dominio del léxico y de la retórica . La variedad de tipos de textos: aparecen poemas, novelas intercaladas, fragmentos tan dialogados que recuerdan a los entremeses, cartas… Don Quijote y Sancho escuchan o son testigos de otras historias: la de Grisóstomo y Marcela (episodio pastoril), la de Cardenio, Luscinda y Dorotea (sentimental), la del cautivo (novela morisca) y el relato de El curioso impertinente. El diálogo como elemento identificador y humanizador de los personajes, a los que conocemos no solo por lo que hacen sino por lo que dicen, por cómo lo dicen e incluso por cómo van evolucionando en su forma de expresarse. Podemos hablar de variedad de registros o de “polifonía”: don Quijote adopta el registro que más le conviene (arcaizante, en su papel de caballero, o coloquial), Sancho se caracteriza por su lenguaje vulgar, el uso de refranes…

El humor: baste pensar en el contraste que ofrece el mundo ideal de los libros frente a la realidad: los lugares fantásticos y exóticos, las damas, los gigantes y los escuderos conocedores de las costumbres de los caballeros… frente a la Mancha, los molinos, un escudero ignorante y glotón…

1.2. La picaresca y El Buscón

Novelas como el Lazarillo de Tormes y el Guzmán de Alfarache, de Mateo Alemán, servirán de guía e inspiración para los autores de este género, entre los que destaca Vicente Espinel con su obra Relaciones de la vida del escudero Marcos de Obregón.

El género vive un momento de esplendor a lo largo del Barroco, pero comienza a decaer tras la publicación de El Buscón, de Francisco de Quevedo, que no comparte en absoluto la visión moralizante de las obras picarescas anteriores.

1.2.1. FRANCISCO DE QUEVEDO Y EL BUSCÓN

Quevedo nació en Madrid, en el año 1580. Estudio en un colegio de jesuitas, pasando luego a Alcalá de Henares y Valladolid. Doctor en Teología, hablaba hebreo, griego y latín. Vivió un tiempo en Italia y murió en el año 1645, en Villanueva de los Infantes (Ciudad Real).

Su lengua viperina, reflejada en sus escritos satíricos y su extraordinario dominio del lenguaje le convierten en uno de los más admirados autores españoles. En su tiempo tuvo fama de crítico severo y sus letras satírico-burlescas le proporcionaron en enemistades entre sus coetáneos.

Escribió poemas satíricos y burlescos, como veremos. En cuanto a su poesía amorosa, está considerada la más importante del XVII: probablemente Amor constante más allá de la muerte el más conocido.

Escribió también teatro (comedia y entremeses) y además de su narrativa y poesía, algunas obras políticas, ascéticas, filosóficas e, incluso, realizó algunas traducciones de calidad de textos latinos y hebreos, junto a otras no tan buenas, del griego.

El Buscón es la única novela escrita por Francisco de Quevedo, datada entre los años 1603 y 1608, aunque nunca reconoció su autoría. Está dividida en tres libros de siete, seis y diez capítulos. Al final se nos anuncia una segunda parte, pero nunca llegó a escribirse.

Aunque cumple con todas las características formales de la picaresca, también es cierto que Quevedo no pretende dar un efecto moralizante a su obra, cosa que la diferencia de otras del género. Algunas de las acciones del protagonista, condenables desde una perspectiva moral o ética, quedan sin castigo. Salvo en la frase final, «pues nunca mejora su estado…», no encontramos en la obra un discurso moralizador, lo que indica que la intención del autor al escribir la novela es lograr la comicidad: reír con las ocurrencias del protagonista.

El estilo satírico es excesivo, con descripciones grotescas de los personajes, en un resto típico barroco. Las descripciones exageran las deformidades físicas y las faltas morales.

Quevedo muestra un gran dominio del lenguaje con un vocabulario muy amplio con el que crea juegos de palabras magníficos a base de dobles significados, chistes y groserías. Así, hablando de su padre, nos dice el protagonista: “Dicen que era de muy buena cepa, y, según el bebía, es cosa para creer”, jugando con la palabra «cepa» en los sentidos de origen de una familia o linaje y de tronco de la vid, y logrando con ello crear en el lector la imagen de un ser permanentemente borracho.

1.2.2. LA PICARESCA FEMENINA

Durante el siglo XVII, y gracias a la aparición de La pícara Justina, de Francisco López de Úbeda, comienzan a aparecer protagonistas femeninas que poco o nada tienen que ver con las heroínas idealizadas y perfectas de la novela caballeresca, sentimental y pastoril. Se trata de mujeres de baja extracción social que cuentan sus vidas en primera persona.

Las pícaras hacen uso de una afilada astucia y utilizan la belleza, la inteligencia o la falsa identidad para hacerse con un marido rico o para, simplemente, robar o engañar, y no desprecian el sexo ni el hurto para conseguir sus fines. Son mujeres con libertad de movimientos y, mientras el pícaro se ve obligado a trasladarse cuando cambia de amo, u obligado por las circunstancias, la pícara lo hace generalmente por deseo de aventura.

Las más famosas fueron, aparte de la ya mencionada, La hija de Celestina, de Salas Barbadillo, La niña de los embustes, Teresa de Manzanares, de Castillo Solórzano, y La garduña de Sevilla y anzuelo de las bolsas, del mismo autor.

1.3. Otros subgéneros

1.3.1. LA NOVELA CORTA

Se desarrolla en grandes ciudades y sus personajes suelen ser de clase alta, preocupados por temas de honor y de amor. Entre los autores que cultivaron este género se encuentran María de Zayas y Tirso de Molina. Las Novelas ejemplares de Miguel de Cervantes, escritas a imitación de los relatos renacentistas italianos, son su muestra más conocida.

1.3.2. LA NOVELA SATÍRICO-COSTUMBRISTA

Se trata de una narración corta de carácter grotesco que refleja las costumbres de la época. Su estructura es dialogada, y su intención, didáctica. Entre los autores de este género cabe nombrar a Cristóbal Suárez de Figueroa (El Pasajero) y Francisco de Quevedo.

1.3.3. LA NOVELA FILOSÓFICO-ALEGÓRICA

Hace un uso intenso de simbolismos y emplea la reflexión filosófica con intención moral. Su visión es pesimista y se constituye en una buena muestra del pensamiento del Barroco. Destaca la obra El Criticón, de Baltasar Gracián.

1.3.3. LA PROSA MORAL Y DIDÁCTICA

La prosa del Barroco es usada como arma de crítica, burla o reflexión. En su vertiente satírica se muestra despiadada contra la sociedad, criticando toda clase de vicios y defectos. El mundo se observa con pesimismo y desengaño radicales, reduciendo la realidad a ilusión y engaño.

Quevedo y Baltasar Gracián son los autores más destacados de este tipo de prosa. La obra más importante de este último es Oráculo manual y arte de prudencia, una recopilación de 300 breves aforismos con consejos para comportarse con sabiduría y triunfar en la vida: Elegir siempre un modelo elevado, No quejarse nunca, No relacionarse con necios, Tener siempre algo que desear, No cansar, No ser presumido… Sigue estando vigente, como prueba que en 1992 vendió 150.000 copias como manual para empresarios.

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