Literatura,  Y más cosas

Para que yo me llame …,

En este libro de 1956 Ángel González desarrolla un fuerte visión crítica que, en el poema que nos ocupa, llega a su propia persona a la que infunde un poso de fracaso.


Para que yo me llame Ángel González,
para que mi ser pese sobre el suelo,
fue necesario un ancho espacio
y un largo tiempo:

hombres de todo mar y toda tierra,
fértiles viernes de mujer, y cuerpos
y más cuerpos, fundiéndose incesantes
en otro cuerpo nuevo.

Solsticios y equinoccios alumbraron
con su cambiante luz, su vario cielo,
el viaje milenario de mi carne
trepando por los siglos y los huesos.

De su pasaje lento y doloroso
de su huida hasta el fin, sobreviviendo
naufragios, aferrándose
al último suspiro de los muertos,

yo no soy más que el resultado, el fruto,
lo que queda, podrido, entre los restos;
esto que veis aquí,
tan sólo esto:

un escombro tenaz, que se resiste
a su ruina, que lucha contra el viento,
que avanza por caminos que no llevan
a ningún sitio. El éxito
de todos los fracasos. La enloquecida
fuerza del desaliento…

«Áspero mundo» 1956, en Poemas, Cátedra.

Profesor en la Consejería de Educación de Canarias. Durante dos años he trabajado en la Sección Internacional Española de Centro Internacional de Valbonne-Niza y actualmente me encuentro en la Sección Internacional Española del CSI Europole de Grenoble. Pulsa aquí para saber más de mí