Literatura,  Narrativa

Narrativa medieval en verso

2. Narrativa medieval en verso

2.1. Mester de juglaría

Se llama mester de juglaría al conjunto de la poesía -épica o lírica- de carácter popular difundida durante la Edad Media por los juglares, que eran quienes cantaban o recitaban para recreo de nobles, reyes y público en general.

Las producciones más notables del mester de juglaría son los cantares de gesta, poemas épicos que narran las hazañas de un héroe que representa las virtudes de un pueblo o una colectividad. Estos relatos están destinados a la recitación o canto en público, puesto que en la sociedad medieval la mayoría de la población no sabía ni leer ni escribir. El origen de estos cantares parece estar en los cantos noticieros germánicos que llegarían a España a través de los visigodos, la llamada “epopeya visigoda”. Por otra parte, la épica francesa parece influir también en la épica castellana, tanto por la implantación de la orden de Cluny (cluniacenses) como por la intensificación de las peregrinaciones a Santiago de Compostela. Es así como llegan, por ejemplo, las primeras historias sobre el Rey Arturo.

Desgraciadamente, se conservan muy pocos textos de la épica castellana, como el Poema de Fernán González y el poema de Los siete infantes de Lara.

El manuscrito mejor conservado es el Cantar del Mío Cid o Poema de Mío Cid.

2.1.1. EL CANTAR DE MÍO CID

Es el texto más importante de la épica castellana. Solo se conserva un manuscrito, del año 1207, en el que se recoge la firma de un tal Per Abbat. Algunos críticos sostienen que fue el autor, pero la mayoría de los estudiosos de la época medieval afirman que el texto es anónimo (“escribir” en la Edad Media significaba “copiar”).

Rodrigo Díaz de Vivar hace jurar al rey Alfonso VI que no ha participado en la muerte de su hermano Sancho, motivo por el que es desterrado de Castilla. La obra recoge las hazañas del Cid, con la conquista de Valencia y el perdón real. El tema central, por tanto es la recuperación de la honra por parte del Cid (la pierde en dos ocasiones y la recupera, aumentada, las dos veces). El autor, probablemente cumpliendo un encargo de la realeza, pone de ejemplo a este fiel vasallo ante el peligro de sublevación de la nobleza castellana, que había empezado a pedir más privilegios.

Aunque el tema del texto y el protagonista son históricos, la obra es una versión novelada, no una crónica.

El estilo del Cantar es culto, el verso no tiene medida fija (entre diez y veinte sílabas) y no hay estrofas definidas, sino tiradas de versos que pueden variar desde tres hasta más de cien.

2.1.2. LOS ROMANCES

Son poemas formados por versos octosílabos con rima asonante en los pares, y sueltos los versos impares. No tienen una extensión determinada, sino que está formado por una serie variable de versos.

Muchas veces han llegado a nosotros a través de la tradición oral, otros por manuscritos. En el siglo XV empezaron a compilarse en colecciones y a través de ellas han llegado hasta nosotros.

Se distingue entre romancero viejo y romancero nuevo. Los primeros son los romances más antiguos, de carácter popular; los del romancero nuevo los escribieron autores cultos a partir del siglo XV.

CLASIFICACIÓN

  • Romances históricos: narran acontecimientos históricos, normal- mente recientes, como los Romances del rey don Pedro. Dentro de estos estarían los romances fronterizos, que narran los hechos acontecidos durante la conquista de Granada, como el Romance de la pérdida de Alhama.
  • Romances épicos: toman su temática de los cantares de gesta, y se cree que surgieron a raíz de su fragmentación. Algunos ejemplos son los Romances del rey Rodrigo y la pérdida de España, los Romances de Fernán González o los Romances del Cid.
  • Romances líricos: romances de tema amoroso, quizás los más conocidos. Muy famosos son, por ejemplo, el Romance del prisionero, el Romance de la fontefrida o el Romance del conde Arnaldos.
  • Romances carolingios: estos romances nos presentan las gestas francesas en España, con personajes tan conocidos como Carlomagno, Roldán, etc.

2.2. El Mester de Clerecía

Tradicionalmente se denomina Mester de Clerecía al conjunto de textos elaborados entre los siglos XIII y XIV por autores cultos que eligieron la cuaderna vía. Mientras la juglaría es de una tradición nacional y popular, la clerecía lo es de una tradición europea y culta, aunque ambas tienen relación: son contemporáneos en composición, tienen carácter narrativo, han sido escritos en verso y se influyen mutuamente.

Frente a la ausencia de estrofas y la utilización del verso irregular típicos del Mester de Juglaría, la clerecía va a emplear la regularidad métrica, el cómputo de sílabas regular, y un esquema estrófico fijo: el tetrástrofo monorrimo o cuaderna vía. Esta estrofa, de origen francés, estaría formada por cuatro versos alejandrinos monorrimos en consonante, pero, en menos ocasiones, en asonante también.

La lengua romance va a ser la utilizada por los autores de la clerecía para redactar sus escritos. Tal lenguaje desea ser claro, fácilmente comprensible. Pero también culto, digno de una composición que pueda compararse con las creaciones de los autores cultos anteriores y coetáneos que usaron la lengua latina como vehículo de expresión.

Los asuntos que trataron los escritores del Mester de Clerecía no entroncan directamente sólo con la hagiografía, o con el mundo de la religión en su sentido más amplio; la variedad argumental es notable.

2.2.1. GONZALO DE BERCEO

Sus obras pueden distribuirse en tres grupos: Obras hagiográficas, obras marianas y obras doctrinales. Durante mucho tiempo se consideró la obra de Berceo la creación propia de un autor sencillo e ingenuo que redactaba sus textos con vistas puestas en fomentar la devoción del pueblo por los santos y la Virgen. Las obras hagiográficas giran en torno a santos relacionados con San Millán, por extender la devoción a ellos pero, tal vez, también para animar a los peregrinos a visitar los lugares donde vivieron y que conservan sus reliquias.

Son los Milagros de Nuestra Señora la obra más conocida de Berceo. Constituyen una colección de veinticinco milagros precedidos por una introducción alegórica. La acción de los Milagros es sencilla. Tres elementos principales es posible detectar siempre en ella, tres motivos cada uno de los cuales tiene su correspondiente protagonista: la tentación, realizada por el diablo; la caída, sufrida por el pecador; y el milagro, cuyo centro es la Virgen. Berceo escribe su obra con el fin de extender la devoción por María, para acercar al pueblo su figura, para mostrar cómo la Virgen sabe siempre favorecer a aquellos que practican fervorosamente su culto.

2.2.2. ARCIPRESTE DE HITA. LIBRO DE BUEN AMOR

El Libro de Buen Amor es la obra más importante del siglo XIV. Juan Ruiz, tremendamente culto, se inspira en todo tipo de tradiciones para la creación de su obra: apólogos latinos y orientales, fabliaux, el libro De vetula de Virgilio, el Ars amandi y los Amores de Ovidio, etc.

En el prólogo de la obra, Juan Ruiz advierte que el “buen amor” es el amor a Dios, por lo que la obra se convierte en un muestrario de ejemplos acerca de las desgracias que el “mal amor” acarrea al hombre.

Toda la sociedad del siglo XIV, especialmente la de más baja extracción aparece retratada en este libro. Destaca sobremanera el personaje de Trotaconventos, madre de todas las Celestinas.

El estilo de Juan Ruiz combina tanto los recursos de la tradición culta como los rasgos más populares, es un virtuoso de la versificación e introduce varios subgéneros (fábulas, apólogos, sátiras, parodias, alegorías, composiciones líricas, serranillas, canciones de ciego…), siempre al servicio de la ironía y del sentido del humor, por lo que es conocido como el precursor del humor castellano.

 

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