Literatura,  Poesía

Luis Cernuda. Ser de Sansueña

Sansueña es el nombre de una ciudad legendaria que se nombra en algunos romances del ciclo carolingio para referirse, metafóricamente a la “España perdida” ante los musulmanes. Hay referencias también a esta ciudad en Fray Luis e incluso en la segunda parte de El Quijote, donde se identifica con Zaragoza.
Para Cernuda simboliza, tras haber superado la nostalgia inicial del exilio, la España de la contradicción, de la sinrazón y de la violencia atávica. Es una visión durísima, por real, de su patria. De su condición de español llegó a decir “Si yo soy español, lo soy / a la manera de aquellos que no pueden /ser otra cosa: y entre todas las cargas / que, al nacer yo, el destino pusiera / sobre mí, ha sido esta la más dura”.

Ser de Sansueña

Acaso allí estará, cuatro costados
bañados en los mares, al centro la meseta
ardiente y andrajosa. Es ella, la madrastra
original de tantos, como tú, dolidos
de ella y por ella dolientes.

Es la tierra imposible, que a su imagen te hizo
para de sí arrojarte. En ella el hombre
que otra cosa no pudo, por error naciendo,
sucumbe de verdad, y como en pago
ocasional de otros errores inmortales.

Inalterable, en violento claroscuro,
mírala, piénsala. Árida tierra, cielo fértil,
con nieves y resoles, riadas y sequías;
almendros y chumberas, espartos y naranjos
crecen en ella, ya desierto, ya oasis.

Junto a la iglesia está la casa llana ,
al lado del palacio está la timba,
el alarido ronco junto a la voz serena,
el amor junto alodio, y la caricia junto
a la puñalada. Allí es extremo todo.

La nobleza plebeya, el populacho noble,
la pueblan; dando terratenientes y toreros,
curas y caballistas, vagos y visionarios,
guapos y guerrilleros. Tú compatriota,
bien que ello te repugne, de su fauna.

Las cosas tienen precio. Lo es del poderío
la corrupción, del amor la no correspondencia;
y ser de aquella tierra lo pagas con no serIo
de ninguna: deambular, vacuo y nulo,
por el mundo, que a Sansueña y sus hijos desconoce.

Si en otro tiempo hubiera sido nuestra.
cuando gentes extrañas la temían y odiaban,
y mucho era ser de ella; cuando toda
su sinrazón congénita, ya locura hoy,
como admirable paradoja se imponía.

Vivieron muerte, sí, pero con gloria
monstruosa. Hoy la vida morimos
en ajeno rincón. Y mientras tanto
los gusanos, de ella y su ruina irreparable,
crecen, prosperan.

Vivir para ver esto.
Vivir para ver esto.

Luis Cernuda, escrito en Massachusetts en 1948, publicado en Vivir sin estar viviendo. 1958

Profesor en la Consejería de Educación de Canarias. Durante dos años he trabajado en la Sección Internacional Española de Centro Internacional de Valbonne-Niza y actualmente me encuentro en la Sección Internacional Española del CSI Europole de Grenoble. Pulsa aquí para saber más de mí