Literatura,  Poesía

Lírica barroca

2. Lírica barroca

Desde el s. XIX la crítica suele hablar de dos grandes corrientes estéticas: el culteranismo y el conceptismo. Ambas corrientes se ven representadas tanto en la prosa como en la poesía. Aunque vamos a estudiarlas de forma independiente, debes tener en cuenta que son expresiones de un mismo desengaño y que las dos nacen de la búsqueda de una renovación de la expresión respecto a la literatura del periodo anterior. La literatura barroca es una literatura elitista que busca un lector cómplice (y culto) capaz de desentrañar su sentido.

2.1. Tendencias de la lírica barroca

2.1.1. CULTERANISMO

Tiene su mayor representante en Luis de Góngora, autor tan destacado que incluso presta su nombre a esta corriente, denominada también gongorismo. También en esta corriente destaca sor Juana Inés de la Cruz. Se caracteriza por los siguientes rasgos:

  • Predominio de la forma sobre el contenido.
  • Los autores buscan embellecer la realidad, ornamentando sus obras con alusiones a la mitología, lenguaje preciosista, latinizante y con numerosos
  • Los recursos más característicos son la metáfora, el hipérbaton o los paralelismos.

2.1.2. CONCEPTISMO

Sus máximos exponentes son Francisco de Quevedo y Baltasar Gracián. Algunos de sus rasgos se oponen a la corriente culterana:

  • Predominio del contenido sobre la forma. Se sirve del concepto, lo que le da nombre, para profundizar en los pensamientos.
  • Emplea el ingenio para decir mucho con muy pocas palabras. Es decir, en una expresión contenida se despliegan múltiples sugerencias.
  • Sus recursos literarios más habituales suelen ser los juegos de palabras, las paranomasias, las comparaciones, las antítesis y las hipérboles, entre otras.

2.2. Lengua de la poesía barroca

La poesía barroca es rica en recursos literarios que también podemos observar en la prosa. Son frecuentes los recursos semánticos (metáforas, antítesis, hipérboles, paradojas…) y los morfosintácticos (hipérbatos, paralelismos…).

2.2. Temas de la lírica barroca

La poesía barroca continúa la tradición renacentista, si bien exagerando sus rasgos, muchas veces hasta la parodia. Los temas más relevantes son:

  • El amor aparece como la única fuerza más poderosa que la muerte, una enfermedad o un juego peligroso.
  • La reflexión en torno a la brevedad de la vida y la destrucción de la belleza a manos del tiempo. El tópico del Carpe diem se convierte en Tempus fugit.
  • Las ruinas como reflejo del paso del tiempo y la gloria perdida.
  • Por otra parte, la mujer es también objeto de sátira, sobre todo en manos de Quevedo. La literatura misógina es frecuente, no solo en este autor.

2.3. Autores y obras

2.3.1. LUIS DE GÓNGORA

Nacido en Córdoba en el seno de una familia pudiente, estudió Leyes en Salamanca, pero pronto se decantó por la literatura. Aunque se ordenó como sacerdote, llevó una vida disipada, y ya era considerado como el gran poeta de su tiempo en 1617, cuando se trasladó a la corte, siendo capellán real. Devoto del lujo y del juego, se vio acosado por las deudas y regresó a Córdoba, donde murió un año después, en 1627.

A pesar de su exquisita formación, Góngora sentía debilidad por las formas populares, por lo que su obra es fácilmente divisible en dos grupos:

  • Las obras del príncipe de la luz: Son obras de arte menor, de lenguaje refinado pero de inspiración popular. Aunque en ocasiones tratan temas graves, la mayoría muestra un carácter humorístico o satírico.

Las composiciones más importantes de este grupo son los romances y, entre ellos, la Fábula de Píramo y Tisbe, que mezcla a la perfección la burla y la reflexión, el refinamiento y las expresiones chocarreras.

  • Las obras del príncipe de las tinieblas: Nos referimos aquí a las obras más oscuras, las de más difícil comprensión. En este grupo se encuentran sus sonetos, de gran perfección formal y estilización, basados en su mayoría en mitos clásicos. También aquí figuran sus dos grandes composiciones: la Fábula de Polifemo y Galatea y las

En la Fábula de Polifemo y Galatea, Góngora hace todo un despliegue de la artillería culterana, y la composición solo es comprensible para un lector extremadamente culto. Se trata de 504 versos en octavas reales sobre el mito del cíclope enamorado de la ninfa.

En las Soledades, Góngora llega a la máxima complicación sintáctica. Inicialmente, iban a ser cuatro, pero finalmente solo escribió la primera y parte de la segunda. Se trata de una serie de composiciones sobre el mundo pastoril en una naturaleza idealizada.

2.3.2. SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ

Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana (1651-1695) nació y murió en México. Por la importancia de su obra, recibió los sobrenombres de «el Fénix de América», «la Décima Musa» o «la Décima Musa mexicana».

Su vocación religiosa no está del todo clara, y parece (según sus palabras) que prefirió el hábito al matrimonio para poder continuar estudiando. No solo escribió poesía, también publicó obras de teatro, obras filosóficas, obras musicales… Su comedia más célebre es Los empeños de una casa.

En su producción lírica, destacan sus poemas amorosos y composiciones ocasionales en honor a personajes de la época. Según ella, escribía por encargo. No obstante, admite que escribió por voluntad propia Primero sueño.

El estilo de Sor Juana es propiamente culterano y su calidad se ha equiparado, incluso, con la de Góngora. Su altísima perfección formal se combina con elementos mitológicos y con recursos, además, propios del conceptismo.

Son famosas sus redondillas en Hombres necios, un verdadero documento de liberación femenina. En el texto se alude asimismo a la hipocresía imperante en la sociedad de su tiempo. Lo que parece claro es que la monja abogó por la igualdad de los sexos y por el derecho de la mujer al conocimiento.

Al final de su vida su obra da un giro hacia la literatura religiosa, una vez que fue obligada a firmar con su propia sangre la renuncia al estudio y a las letras.

2.3.3. FRANCISCO DE QUEVEDO

Fue un prolífico poeta de enorme maestría. Aunque no llegó nunca a ver sus poemas publicados en vida, gozó de fama desde muy joven, corriendo sus versos manuscritos de mano en mano. La primera versión impresa que tenemos de sus poemas se encuentra en El Parnaso español, de 1648.

Dada la extensión de su obra (unas mil composiciones), sus poemas se suelen clasificar según su temática. Así, podemos encontrar:

  • Poesía amorosa: Muestra una interesante mezcla entre petrarquismo y una voz lírica, personalísima y apasionada, teñida de amargura y de dolor.
  • Poesía metafísica: Está formada en su mayoría por sonetos, plagados de tópicos clásicos (la brevedad de la vida, la realidad cambiante, la certeza de la muerte…), en los que sobresale su sentimiento de desengaño absoluto, tan típico del Barroco.
  • Poesía satírico-burlesca: Es la más abundante. Casi cuatrocientas de las composiciones de Quevedo son de este tipo. Cualquiera puede ser objetivo de sus malvados dardos: mujeres, cornudos, borrachos, judíos, médicos… y, por supuesto, Góngora.

Quevedo domina magistralmente todos los registros, desde el más elevado al más vulgar, y su poesía supone un auténtico muestrario de los contrastes propios de la poesía conceptista: paradojas, oxímoros, dilogías, hipérboles, paronomasias, antítesis, metáforas…

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