Lengua

Lenguas en contacto

Uso de la lengua: El contacto de las lenguas.

Bilingüismo

El Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua (DRAE) define el bilingüismo como el uso habitual de dos lenguas en una misma región o por una misma persona. Tan bilingües son los hijos de un padre y una madre de distinta nacionalidad, y distinta lengua, y que aprenden una y otra desde la cuna, lo que supondría un bilingüismo individual, como los individuos de una comunidad que se ven sujetos a la coexistencia entre dialectos, normas y los distintos sociolectos, encontrándonos así ante un bilingüismo colectivo, y social.

Diglosia

El DRAE también define diglosia como “Bilingüismo, en especial cuando una de las lenguas goza de prestigio o privilegios sociales o políticos superiores”. Vemos que, para la Academia, la diglosia no es sino una forma particular de bilingüismo. Hay una variedad alta que se utiliza en la comunicación formal (literatura, administración, enseñanza, etc.), y una variedad menos cultivada que se usa en las conversaciones de carácter informal y familiar. En las situaciones de diglosia juegan un papel decisivo el prestigio y el conocimiento lingüístico, así como realidades político-sociales determinadas. La distribución de los dos sistemas en contacto, según ámbitos o situaciones sociales concretas (dominación, imposición política, restricción o prestigio) es desigual, es decir, existe una lengua A que se manifiesta como la lengua dominante, y se impone en determinadas funciones o ámbitos a la lengua B, que queda delimitada a otro tipo de usos. Tanto hay diglosia entre el árabe clásico y el árabe popular, como entre el inglés y el gibraltareño, o entre, por ejemplo, el uso oficial del francés en algunas de las grandes ciudades de África que se opone al uso familiar y corriente que los mismos hablantes hacen de su lengua materna en situaciones más familiares o coloquiales.

Adstrato y superestrato

Para la Academia, el adstrato es tanto la lengua que ejerce un influjo sobre otra, con la que puede compartir un área geográfica, estar en situación de contigüidad territorial, o incluso no tener ninguna relación de vecindad. El DRAE habla de influencia, pero quizá sería conveniente usar, mejor, el término “interferencia”, que es, entre los lingüistas, la desviación de una norma lingüística como resultado del contacto entre dos sistemas. El superestrato es la lengua que se extiende por otro dominio lingüístico y que es abandonada por sus hablantes en favor de la lengua originaria, sobre la que, sin embargo, ejerce influencia. También llamamos adstrato a la influencia que una lengua ejerce sobre la otra. Podemos ver, en lo que se refiere a las lenguas de España, y al español en América, algunos ejemplos prácticos de los conceptos que estamos manejando.

 

Son muchas las zonas de bilingüismo dentro de la Península ibérica. En Cataluña y Galicia la mayor parte de sus habitantes son bilingües, y, aunque no ocurre lo mismo en Euskadi, allí también va creciendo el porcentaje de la población que puede considerarse como tal, gracias, sobre todo, a las políticas lingüísticas de los gobiernos autónomos. Además, en casi todos los lugares de España se habla un dialecto, y, por otro lado, todos utiliza- mos diferentes sociolectos en función de la situación de comunicación en la que nos encontremos. En Hispa- noamérica, además de darse estos mismos casos en lo que a dialectos y sociolectos se refiere, encontramos también varios ejemplos de bilingüismo en cuanto a la convivencia de dos lenguas se refiere; por ejemplo, el guaraní es una lengua hablada por aproximadamente ocho millones de personas en el Cono Sur de América, y es uno de los dos idiomas oficiales de Paraguay desde 1992, y el quechua, que es la lengua de entre ocho y diez millones de hablantes entre Bolivia, Perú y Ecuador. En España encontramos fenómenos claros de diglosia durante el franquismo en las tres comunidades autónomas llamadas históricas.

Tanto en España como en Hispanoamérica encontramos, también, ejemplos claros de adstrato y superestrato. Un caso claro de interactuación en los dos sentidos fue la relación que el euskera ha tenido con el latín, origen de las lenguas del resto de la Península, y después con las lenguas romances más cercanas (castellano, navarro -aragonés e incluso el castellano hablado en la desembocadura del Ebro), y finalmente con el español.

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