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Lectura 09. Galdós, el gran escritor canario

Se fueron rápidamente al barco porque, sin sentir, se había hecho la hora de zarpar. Se quedaron con ganas de conocer mejor estas islas maravillosas: sus paisajes, sus ciudades, sus gentes… Solamente sabían de ellas por fotos, postales y los relatos de libros y guías.

Zarparon. Después de comer, cuando los demás quedaron en una terraza del barco charlando, Sebas bajó a su camarote, que compartía con los otros dos chicos. Tenía ganas de leer a Pérez Galdós, el gran escritor canario, que tan buenos ratos le dio a pasar con sus novelas. “Trafalgar”, leyó en la portada y abrió el libro para adentrarse en aquella terrible batalla naval:

 “…Entretanto, Churruca, que era nuestro pensamiento, dirigía la acción con serenidad asombrosa. Comprendiendo que la destreza había de suplir a la fuerza, economizaba los tiros, y lo fiaba todo a la buena puntería, consiguiendo así que cada bala hiciera un estrago positivo en los enemigos. A todo atendía, todo lo disponía, y la metralla y las balas corrían sobre su cabeza, sin que una sola vez se inmutara. Aquel hombre, débil y enfermizo, cuyo hermoso y triste semblante no parecía nacido para arrostrar escenas tan espantosas, nos infundía a todos misterioso ardor, sólo con el rayo de su mirada.

“Pero Dios no quiso que saliera vivo de la terrible porfía. Viendo que no era posible hostilizar a un navío que por la proa molestaba al San Juan impunemente, fue él mismo a apuntar el cañón, y logró desarbolar al contrario. Volvía al alcázar de popa, cuando una bala de cañón le alcanzó en la pierna derecha, con tal acierto, que casi se la desprendió del modo más doloroso por la parte alta del muslo. Corrimos a sostenerlo, y el héroe cayó en mis brazos. ¡Qué horrible momento! Aún me parece que siento bajo mi mano el violento palpitar de su corazón, que hasta en aquel instante terrible no latía sino por la patria. Su decaimiento físico fue rapidísimo: le vi esforzándose por erguir la cabeza, que se le inclinaba sobre el pecho, le vi tratando de reanimar con una sonrisa su semblante, cubierto ya de mortal palidez, mientras con voz apenas alterada, exclamó: “Esto no es nada. Siga el fuego”.

“…Desde aquel momento la tripulación se achicó: de gigante se convirtió en enano; desapareció el valor, y comprendimos que era imprescindible rendirse.”

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Profesor en la Consejería de Educación de Canarias. Durante dos años he trabajado en la Sección Internacional Española de Centro Internacional de Valbonne-Niza y actualmente me encuentro en la Sección Internacional Española del CSI Europole de Grenoble. Pulsa aquí para saber más de mí