Y más cosas

Las subordinadas. Juan José Millás

Una curiosa metáfora que sin duda enganchará a nuestro alumnado porque enlaza la función metalingüística de la lengua con el deporte. Además se proponen distintas actividades en torno al texto y se anima al alumnado a continuar un cuento.

LECTURA EN VOZ ALTA

Ahora mismo estoy escribiendo una oración compuesta que tendrá dos o tres subordinadas en función de lo que quiera decir o de lo que desee alargarme. Punto y seguido. Ahí está la oración, que ha quedado de este modo: «Ahora mismo estoy escribiendo una oración compuesta que tendrá dos o tres subordinadas en función de lo que quiera decir o de lo que desee alargarme». Para pronunciar o escribir una frase tan tonta es necesaria, sin embargo, una competencia lingüística notable. No somos conscientes de la cantidad de recursos gramaticales que utilizamos al cabo del día en la comunicación con nosotros mismos o con los demás. Para pedir a nuestros hijos que estudien o que no vuelvan tarde a casa el sábado por la noche, ponemos en pie todo un edificio verbal con más complejidades arquitectónicas y emocionales que un rascacielos.

No sé mucho de fútbol, pero me parece que llevar el balón desde una portería a la contraria e introducirlo entre sus palos se parece mucho al proceso de construcción de una oración compleja. Cuanto más larga es la frase (o la jugada), más necesarias son las emociones y las reglas sintácticas. No basta con elegir bien los sustantivos y los adjetivos. Las conjunciones y las preposiciones, pese a su aparente modestia, son piezas tan esenciales como la rótula en la pierna o el codo en el brazo. Una oración bien construida es un cuerpo lleno de huesecillos gramaticales que el hablante no necesita conocer para que funcionen como Dios manda. Tampoco estamos pendientes de la concordancia, pero nadie, excepto un entrenador de fútbol extranjero, diría que «las jugador está enfada porque no cobraría el nómina de la mes».

El problema del Real Madrid es que ha perdido competencia lingüística. Tiene excelentes sustantivos y adjetivos, sí, pero le faltan conjunciones y preposiciones, que es lo mismo que poseer una hermosa puerta con su quicio, pero carecer de bisagras para su articulación. Los jugadores del Madrid saben dar puntapiés, es decir, saben pronunciar palabras aisladas, pero no logran que los puntapiés de unos concuerden con los de los otros para hilar una frase. No necesitan un entrenador, necesitan un gramático y quizá un logopeda.

28 de mayo de 2004. El País. Juan José Millás

 

COMPRENSIÓN

1– ¿Para qué es necesaria la competencia lingüística según el texto?

2– Explica qué recurso aparece en esta oración tomada del texto:  “ponemos en pie todo un edificio verbal con más complejidades arquitectónicas y emocionales que un rascacielos”

3– Busca otras figuras similares que emplea el autor para ilustrar sus ideas. Haz un cuadro de correspondencias entre lo que dice y el referente de sus palabras.

4– Teniendo en cuenta lo anterior, explica qué quiere decir el autor con la siguiente oración:  El problema del Real Madrid es que ha perdido competencia lingüística

5– Enuncia la idea principal de cada párrafo y establece la estructura del texto.

6– Haz un resumen del texto y enuncia el tema del mismo.

 

EXPRESIÓN

1– Escribe un texto imitando el estilo de Juan José Millás sobre un problema de tu interés. Si te atreves, puedes establecer un paralelismo entre un asunto y un aspecto del idioma: el vocabulario, la morfología, la sintaxis…

 

BUSCA INFORMACIÓN

1– Busca información sobre Juan José Millás, su labor como escritor y su colaboración habitual en la prensa. Escribe brevemente una semblanza de este autor.

2– Lee el comienzo de este cuento y responde:

  • ¿Qué opinas de los métodos empleados por este profesor?
  • ¿Cómo crees que va a terminar este relato?
  • ¿Qué habrías escrito tú?
  • Puedes leer el final en:

www.clubcultura.com/clubliteratura/clubescritores/millas/objetos_escribir.html

 

Escribir a la contra

Cuando me pregunto si tuve buenos educadores, los imagino a ellos, a mis educadores, preguntándose si tuvieron buenos alumnos. En general, creo que fuimos muy malos los unos para los otros, pero ya no tiene remedio. Entre los que recuerdo, hay un profesor de literatura que nos mandaba hacer unas redacciones curiosísimas. Por ejemplo, si una película nos había gustado mucho, teníamos que decir lo contrario, pero argumentándolo de tal manera que ningún lector fuera capaz de descubrir si mentíamos o decíamos la verdad. Haciendo aquellas redacciones, me di cuenta de que muchas películas que creía que me habían gustado me parecían en realidad detestables. También aprendí que con un poco de talento y práctica se pueden defender las posturas más insostenibles. Todavía utilizo el método de aquel profesor, pues muchos de mis artículos están escritos directamente contra mí. Desconfío tanto de lo que pienso que sólo tengo la impresión de acertar cuando me contradigo.

Cierto día, aquel profesor nos mandó hacer una redacción sobre nuestros padres. Nos pidió que imagináramos que uno de los dos tenía que morir y nosotros debíamos decidir cuál. Durante el recreo, no se habló de otra cosa.

Libros Marea Verde. Para descargar el libro completo puedes pinchar aquí

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