Literatura,  Y más cosas

La última costa


   Había una barcaza, con personajes torvos,
en la orilla dispuesta. La noche de la tierra,
sepultada.

             Y más allá aquel barco, de luces mortecinas,
en donde se apiñaba, con fervor, aunque triste,
un gentío enlutado.
                                Enfrente, aquella bruma
cerrada bajo un cielo sin firmamento ya.
Y una barca esperando, y otras varadas.

   Llegábamos exhaustos, con la carne tirante, algo seca.
Un aire inmóvil, con flecos de humedad,
                                  flotaba en el lugar.

Todo estaba dispuesto.
                                      La niebla, aún más cerrada,
exigía partir. Yo tenía los ojos velados por las lágrimas.
Dispusimos los remos desgastados
y como esclavos, mudos,
empujamos aquellas aguas negras.

   Mi madre me miraba, muy fija, desde el barco,
en el viaje aquel de todos a la niebla.

 

 

Poesía completa 1970-1997: Ensayo de una despedida. Tusquets: Barcelona 1999 

 

 

Víctor Villoria

Profesor en la Consejería de Educación de Canarias. Actualmente en la Sección Internacional Española de Centro Internacional de Valbonne-Niza Pulsa aquí para saber más de mí

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.