Y más cosas

La elección de Brenda.

Este texto no solo analiza la igualdad de género en el trabajo sino un concepto más amplio como el hecho de qué es vivir. 

Los hombres aún se dan la vuelta para admirar a esta «brunette» de ojos claros y sonrisa «sexy» con sus 43 años muy bien llevados. Muchos otros lanzarían un silbido de admiración si supieran que Brenda Barners es (o era, sería correcto decir) una de las mujeres de más alto rango en el mundo empresarial norteamericano: la presidenta ejecutiva de Pepsi Cola.
Hace pocos meses, Brenda sorprendió a todos renunciando a una brillante carrera de 22 años en la compañía para tener más tiempo que dedicar a su marido y a sus tres hijos, de siete, ocho y diez años. PepsiCo, que no deseaba perder a una de sus directivas insignia, rogó, dobló ofertas y hasta le ofreció un paréntesis de tiempo indefinido por si Brenda, una vez en el hogar, encontraba insufribles los rigores del ama de casa. Pero Brenda dijo que no. «Sé que mi partida de la compañía será traumática -admitió-, pero después de años y años de frenéticos viajes, reuniones y ausencias cuando los niños tenía paperas, de cantarles «Happy birthday» desde el otro lado del Atlántico e incluso de vivir en una ciudad distinta que mi familia, creo que he hecho demasiadas concesiones por mi vida profesional. Ahora necesito dedicar más tiempo a lo que verdaderamente considero importante».
Supongo que la noticia, dada la tan cacareada tendencia al moderno «downshifting» -ya saben, esa contagiosa fiebre americana que ha hecho que muchas personas en puestos relevantes hayan decidido bajarse del carro del éxito para dedicarse a plantar lechugas sin fosfatos o a poner un restaurancito bohemio en el que toman la comanda con el mismo traje príncipe de Gales con el que antes atemorizaban a sus subordinados-, la noticia, digo, no me hubiera sorprendido tanto de no ser por otra anécdota ocurrida hace poco en otra empresa de mi entorno: se da el caso de que, al oír comentar que Fulano de Cual dejaba un magnífico puesto de responsabilidad para dedicarse, simplemente, «a vivir», sus compañeros preguntaron con desdén: «¿Qué quiere decir con eso de vivir?». Aquello, obviamente, les sonaba a filfa: nadie deja una excelente situación económica, un trabajo brillante y una posición social de privilegio por esa entelequia que supone «vivir».
Es como si en nuestra sociedad, tan orientada siempre hacia lo que opinan los demás, el factor humano hubiera dejado de contar. Uno amputa sus verdaderos deseos no propios pero que quedan bien de cara a la galería. Y leemos unos bodrios imposibles porque es lo políticamente correcto o aceptable. Y nos enamoramos (¡y también nos casamos!) con seres que nos aburren o exasperan hasta las lágrimas simplemente porque no se espera menos de nosotros. Y lo mismo ocurre con los amigos. Y con los deportes. Y hasta con algún vino carísimo que descartaríamos como licor de vieja si no llevara en la etiqueta un incriticable «Chateau D’Yquem».
Por todo esto, porque uno en realidad ya no sabe qué es importante y qué es accesorio. Resulta tan difícil salirse de la carrera del éxito. No importa que el precio sea el insomnio, una úlcera, varios divorcios (muchas veces, para demostrar que el éxito social va unido a un irresistible don de conquistador, los triunfadores necesitan cambiar de amigos, de casa y por supuesto de esposa, pues envejecen tan pronto las pobrecillas…). The Rat Race: carrera de ratas, así lo llaman los norteamericanos en recuerdo de esas ratas de laboratorio que corren y corren en un laberinto, siempre hacia delante. A veces, es cierto, alguna de ellas (de nosotras) alza los ojos como para decir. «Oiga, ¿pero se puede saber a dónde demonios vamos?. Lástima que inmediatamente se alce otra voz apresurada que, tal como el conejo blanco de «Alicia en el país de las maravillas», apremia jadeante: «Ni idea, pero tengo tanta, tanta prisa…»

Carmen Posadas. 1997.

Víctor Villoria

Profesor en la Consejería de Educación de Canarias. Actualmente en la Sección Internacional Española de Centro Internacional de Valbonne-Niza Pulsa aquí para saber más de mí