Literatura

Estudio de Pedro Páramo

PEDRO PÁRAMO

 

El caso de Juan Rulfo (1918-1986) es un caso atípico en la historia de la literatura. Con sólo dos libros (El llano en llamas, 1953; y Pedro Páramo, 1955), el autor mejicano ocupa, con plena justicia, un lugar entre los más grandes escritores de las letras hispanas. Un lugar que debe, sobre todo, a Pedro Páramo, la novela cuyo estudio abordamos a continuación.

Según las declaraciones del propio Rulfo, la génesis de Pedro Páramo fue un proceso lento (recordaba haber escrito un primer capítulo ya en el colegio), obsesivo y muy laborioso. Un proceso presidido, sobre todo, por el afán de concisión, que le llevo a reducir a la mitad —después de tres reescrituras— las 300 páginas del primer borrador, eliminando intromisiones del autor y divagaciones.

El argumento de la obra se puede resumir como sigue. Juan Preciado, en cumplimiento de la última voluntad de su madre, llega a Comala en busca de su padre, “un tal Pedro Páramo” al que no conoció. Pronto sabrá que Pedro Páramo murió hace años. Comala, es un pueblo fantasmal, habitado por seres que parecen estar en una extraña frontera entre la vida y la muerte. La novela es, en realidad, la transcripción de las voces de estos seres; pues incluso el propio Preciado ha muerto al llegar a Comala. Voces de muertos que relatan fragmentariamente el pasado del pueblo y la historia de Pedro Páramo. Un cacique inflexible que ejerce todo tipo de injusticias para aumentar su poder; pero también, hombre frustrado, solo y sin amor, que acabará muriendo a manos de uno de sus muchos hijos bastardos.

Esta historia se nos relata a través de una estructura de gran complejidad. Externamente el texto se compone de 70 secuencias de extensión variable, sin numerar. Debido a los saltos temporales y las elipsis, dichas secuencias aparecen al lector, como las piezas de un puzzle que debe recomponer. Internamente, podemos distinguir en la estructura dos líneas narrativas. La primera es la formada por las secuencias referentes a Juan Preciado, relatada en 1ª persona y de acuerdo, más o menos, a un orden cronológico. La segunda estaría formada por las secuencias referidas a Pedro Páramo, que son un flash-back con respecto a las de JP, aparecen relatadas en 3ª persona y desordenadas cronológicamente. Esta complicada estructura se distribuye en dos partes: La primera abarca las secuencias 1 a 36, y en ella predomina el relato de relativa JP. Un relato que, tal y como averiguamos en 36, es, en realidad, una conversación de JP ya muerto, con su vecina de tumba. La segunda parte abarcaría desde 37 hasta el final de la novela y en ellas predomina, claramente, el relato de Pedro Páramo. Esta intrincada estructura no es gratuita; sino que aparece al servicio de tres fines fundamentales: retratar un vivir colectivo, promover la participación del lector y generar una temporalidad anómala que hace más verosímil el mundo de ultratumba que retrata.

En cuanto a los personajes, los más destacables son Pedro Páramo, personaje complejo, que evoluciona de la introversión de su infancia, a la crueldad, la soledad y la dureza que su propio nombre simboliza; Juan Preciado, ejemplo perfecto de la búsqueda frustrada de los orígenes; Susana San Juan, creación de potente y turbador lirismo en la que se entremezclan la locura y la libertad, pues ella es la única inaccesible para el poder del cacique…

Por lo que se refiere al ambiente, podemos decir que muy pocas novelas dejan una impresión tan duradera de mundo visto y sentido, en los lectores. Comala es un ámbito novelesco inolvidable, del que el lector recibe tres versiones diferentes. La Comala paradisíaca, evocada por Dolores Preciado; la Comala histórica, presente en las secuencias dedicadas a Pedro Páramo y la Comala infernal conocida por Juan Preciado a su llegada.

Desde el punto de vista temático, la novela resulta también inagotable. En ella nos encontramos perfectamente reflejada la cruenta historia (Revolución Mejicana, revuelta de los cristeros) y sociedad del Méjico de finales del XIX y principios del XX. Pero también se han visto en ella las claves del alma mejicana: la obsesión por encontrar una filiación, el sentimiento de soledad, el sentimiento de hostilidad de la vida y sobre todo, la vecindad y la comunicación entre el mundo de los vivos y el de los muertos, una idea, por lo visto, de procedencia azteca.

Son, en definitiva, muchas las interpretaciones a que ha dado lugar la obra, y entre ellas también habría que añadir, como tema unánimemente aceptado, el de las ilusiones frustradas, pues de eso trata fundamentalmente la historia.

Atendiendo al estilo, lo más destacable sería la concisión y la economía de la escritura de Rulfo. Su asombroso manejo de la frase breve y el carácter poético de su prosa. Una poesía que brota, principalmente, de su amor a la tierra, a la naturaleza que describe y de los giros y dialectalismo del lenguaje popular mejicano que utiliza con total naturalidad.

Pedro Páramo es, en definitiva, una de las obras más importantes de las letras hispanas, no sólo por su calidad, sino también por su repercusión como libro pionero del realismo mágico, y de las técnicas de vanguardia que alcanzarían a partir de los años  60 a la novela española. 

Víctor Villoria

Profesor en la Consejería de Educación de Canarias. Actualmente en la Sección Internacional Española de Centro Internacional de Valbonne-Niza Pulsa aquí para saber más de mí

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