Literatura,  Teatro

El teatro medieval. La Celestina

El teatro medieval. La Celestina.

EL TEATRO MEDIEVAL.

El teatro, uno de los grandes espectáculos de la cultura grecolatina, quedó relegado durante siglos a los anaqueles de las viejas bibliotecas de los monasterios en que se guardaban los códices y manuscritos que probaban la existencia de aquel fenómeno ciudadano. Mientras los grandiosos teatros griegos y romanos se iban llenando de tierra y escombros, saqueadas sus piedras para las nuevas construcciones, el espectáculo dramático pervivió en la Edad Media sólo a través de las representaciones que se llevaban a cabo por motivos religiosos y de calendario, especialmente en Navidad y durante la Pascua. Para estas celebraciones, se representaban en las iglesias pequeñas obras –AUTOS- que recordaban motivos bíblicos y escenas de la vida de Cristo que tenían que ver con estas fechas litúrgicas. El decorado, la escenografía, el vestuario, etc., tuvieron que ser muy sencillos, casi inexistentes, aunque tampoco se tienen las suficientes noticias como para asegurar detalles.

El teatro profano, el no vinculado a celebraciones y lugares religiosos, posiblemente se limitaba a representaciones callejeras llevadas a cabo por juglares y artistas ambulantes, que representarían distintas escenas burlescas, cómicas, etc., dentro de lo que sería el gusto popular por un espectáculo variado en el que lo teatral estaría mezclado con la danza, la música o el recitado de obras misceláneas.

Este es el panorama general en que se mueven las representaciones teatrales durante los siglos X, XI y XII en toda Europa, con algunas características bien marcadas además de las ya indicadas. De un lado se va produciendo el progresivo trasvase de la lengua literaria, que pasa del latín a las distintas lenguas romances; de otro, el público ya no es sólo el de las iglesias, sino que poco a poco el teatro profano se irá adueñando de las plazas públicas, en las que carretas, plataformas elevadas y otros ingenios harían las veces de escenarios para asegurar una mejor visión del público asistente.

Los ejemplos en Castilla de este incipiente teatro se remontan a finales del siglo XII, en que encontramos el primer texto teatral conservado, tardío en comparación con otras literaturas europeas medievales, un fragmento de un Auto de los Reyes Magos. El texto pertenece a la Catedral de Toledo, y son 147 los versos los conservados de la obra original. Tiene como tema el conocido asunto de la adoración de los Reyes.

EL TEATRO DEL SIGLO XV

Se hace difícil en ocasiones distinguir, en una época en la que no existían recintos dedicados al teatro, lo que era literatura dramática y lo que no, qué se representaba en las calles o en las iglesias y qué simplemente se leía en voz alta por parte de un artista ambulante o por aficionados al género. Con todo, hay algún texto del que no es difícil dudar acerca de su vocación dramática, bien como espectáculo único -algo más improbable- bien como parte de una función más variada. Es el caso de una Danza de la muerte, de principios del siglo XV, un género frecuente en la literatura europea de la época. El argumento es sencillo: la muerte iguala a reyes y vasallos, ricos y pobres, religiosos o legos, pecadores o virtuosos, y nadie escapa de su ley. En el ejemplo castellano la Muerte va invitando a su siniestra danza a los distintos personajes de todos los estamentos, y ninguno de ellos puede esquivarla ni rechazar su llamada. Todos, como seres humanos, tienen que aceptar su invitación, todos acabarán bailando en el fúnebre corro, igualados por la muerte.

El tema no es caprichoso: las guerras y la peste que asolan Europa durante todo el siglo XIV hacen que el tema de la muerte sea cotidiano y de absoluta actualidad, si bien en las Danzas de las distintas literaturas europeas la muerte no conlleva una especial crítica social hacia los poderosos, puesto que la igualdad entre estos y sus siervos sólo se llevará a cabo en la ultratumba, y para nada afecta al orden terreno. Y a su reclamo no pueden negarse ni los mancebos, ni los viejos, ni el Papa ni, por supuesto, los Reyes y Emperadores.

Según avanza el siglo XV encontramos más textos teatrales en Castilla, un hecho que posiblemente vino motivado por la mayor sensibilidad y refinamiento de los nobles castellanos. Así, las obras del primer autor dramático de Castilla, Juan del Encina (1468-1529), se representan en el palacio de los duques de la localidad salmantina de Alba de Tormes. Se trataba, sobre todo, de ÉGLOGAS, un género pastoril que, inspirado en la literatura clásica, contaba sin embargo en el caso de Encina con pastores rústicos y humorísticos, humildes e ignorantes. Este tipo de personaje, llamado a tener gran importancia en nuestro teatro bajo distintas apariencias, es original de Encina, aunque posiblemente fuese tomado de la tradición del teatro religioso medieval.

LA CELESTINA

ASPECTOS GENERALES

Fue escrita por Fernando de Rojas, quien narra en los preliminares de la obra cómo halló el primer acto y decidió continuarla hasta el final. La Celestina aparece por primera vez en 1499, tiene 16 actos y se publicó bajo el título Comedia de Calisto y Melibea. En 1502 hay una nueva edición titulada Tragicomedia de Calisto y Melibea, que presenta cinco nuevos actos y un prólogo. Esta segunda versión es la que todos conocemos como La Celestina.

Se trata de una comedia humanística, género propio del primer renacimiento, que se caracteriza  por estar destinado  a  la lectura  dramatizada.  Pese a  estar  escrita totalmente en forma de diálogo, la obra no está concebida para su representación.

El argumento narra la pasión que empuja a Calixto, joven aristócrata, a perseguir los favores de Melibea, hija de una familia burguesa. Pármeno y Sempronio, sus sirvientes, le recomiendan que recurra a Celestina, una vieja alcahueta y hechicera. Calixto alcanza su objetivo, pero los criados asesinan a Celestina porque se niega a compartir con ellos la cadena de oro que el joven le ha dado como pago. Los criados son ajusticiados y sus amantes, las prostitutas Elicia y Areúsa, que hacen responsable a Calixto, contratan a un sicario para que acabe con él. El plan fracasa, pero provoca que Calixto caiga accidentalmente desde la ventana de Melibea. Ésta, desolada, decide suicidarse saltando tras él. Tras su muerte, su padre, Pleberio, increpa a la Fortuna, siguiendo la tradición cristiana que considera la vida como un valle de lágrimas.

En cuanto a la intención del autor, Rojas dice escribir su obra en reprensión de los locos enamorados, que, vencidos de su desordenado apetito, a sus amigas llaman y dicen ser su dios. Esta declaración de intenciones encaja a la perfección con el desastroso final que encuentran todos los protagonistas de la obra, incapaces de controlar sus pasiones: la lujuria, la avaricia, la envidia, la ira, presentadas por el autor como fuerzas destructivas, que alejan al hombre de la razón, el equilibrio y el autocontrol propios del hombre renacentista.

PERSONAJES

  • Calisto: Es un joven aristócrata, aunque de moderada riqueza. Su obsesión por Melibea le empuja a pedir ayuda a Celestina, una medianera que regenta un prostíbulo, y a la que entrega grandes cantidades de dinero. Por su falta de discreción, toda la ciudad acaba conociendo sus relaciones. Por último, él mismo reconoce ante sus criados cómo su pasión se va enfriando con cada encuentro. Por su falta de lealtad, contención y cortesía, Calixto es el antimodelo de amante caballeresco.
  • Melibea: Es una joven burguesa. Al igual que sucede con Calixto, su comportamiento es del todo incorrecto según los cánones amorosos de la época. Tras rechazar cruelmente a Calixto en una primera entrevista, acaba entregándose a él tras la mediación de Celestina. Declara abiertamente que no quiere casarse con Calixto; solo lo desea como amante. Por último, tampoco es capaz de resignarse a su muerte y se suicida.
  • Pármeno y Sempronio: Deciden aprovechar la pasión de su amo para sacarle dinero. Cuando Celestina se niega a darles su parte, la matan. Acaban ajusticiados por ello.
  • Elicia y Areúsa: Son dos prostitutas del burdel de Celestina, que acaban siendo las compañeras de Sempronio y Pármeno. A pesar de su condición, ambas se sienten iguales a Melibea, tanto en belleza como en otras cualidades.
  • Celestina: Acaba convirtiéndose en la protagonista de la obra. Con su habilidad para la réplica y su gran sabiduría popular y filosófica, Celestina consigue convencer a cualquiera de los personajes de que hagan lo que ella quiere. Sin embargo, acaba sucumbiendo a la avaricia: si hubiera compartido las ganancias con los criados, hubiera salvado la vida.

En general, La Celestina presenta un nuevo mundo en que los personajes de clase alta se mezclan y conviven con los de clase baja, lo que resulta un error imperdonable desde la óptica del autor.

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Profesor en la Consejería de Educación de Canarias. Durante dos años he trabajado en la Sección Internacional Española de Centro Internacional de Valbonne-Niza y actualmente me encuentro en la Sección Internacional Española del CSI Europole de Grenoble. Pulsa aquí para saber más de mí