El largo viaje a Oriente

En aquella mañana de luz azul,
en barcas jubilosas, las velas desplegadas, partimos al Oriente.
y entramos en el bronce del pecho de aquel sol.
el mar quedó desierto tras nosotros, bajo una lluvia de oro.
así tuvo lugar el único viaje.

a la tarde volvimos, caídas ya las velas,
derramada en las aguas la púrpura extendida
de aquel día cansado.

(Y sólo miro el mar por la abierta ventana,
y otras velas que parten, matutinas,,
regresan a la tarde, sin color,
fatigadas.)

Me han borrado los años con piedad,
y el cuerpo es sólo un bulto. Aún con vida en los ojos vigilo los navíos de luz, distantes y amarrados,
en el puerto celeste.
Igual que la niñez los miro ahora.
                                                        Son eternos,
y tiemblan sus fanales en lo oscuro. Son el feliz engaño
del mundo que no ha sido.
Y allí, me lo dijeron y nunca les creí
habita Dios.

 
 

Poesía completa 1970-1997: Ensayo de una despedida. Tusquets: Barcelona 1999 

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