Y más cosas

¡Cómo de entre mis manos te resbalas!. Quevedo

La fugacidad de la vida ha sido tratada en múltiples ocasiones en nuestra literatura pero pocas veces con esta intensidad que utiliza, desde el primer verso, figuras sugerentes y eficaces para transmitirla. 

¡Cómo de entre mis manos te resbalas!
¡Oh, cómo te deslizas, edad mía!
¡Qué mudos pasos traes, oh muerte fría,
pues con callado pie todo lo igualas!

Feroz de tierra el débil muro escalas,
en quien lozana juventud se fía;
mas ya mi corazón del postrer[fusion_builder_container hundred_percent=»yes» overflow=»visible»][fusion_builder_row][fusion_builder_column type=»1_1″ background_position=»left top» background_color=»» border_size=»» border_color=»» border_style=»solid» spacing=»yes» background_image=»» background_repeat=»no-repeat» padding=»» margin_top=»0px» margin_bottom=»0px» class=»» id=»» animation_type=»» animation_speed=»0.3″ animation_direction=»left» hide_on_mobile=»no» center_content=»no» min_height=»none»][i] día
atiende[ii] el vuelo, sin mirar las alas.

¡Oh condición mortal! ¡Oh dura suerte!
¡Que no puedo querer vivir mañana,
sin la pensión[iii] de procurar mi muerte!

¡Cualquier instante de la vida humana
es nueva ejecución[iv], con que me advierte
cuán frágil es, cuán mísera, cuán vana.

 

Heráclito cristiano.

 

[i] Postrer: último

[ii] Atiende: espera.

[iii] Pensión: consecuencia inevitable.

[iv] Ejecución: pago inexcusable.[/fusion_builder_column][/fusion_builder_row][/fusion_builder_container]
Víctor Villoria

Profesor en la Consejería de Educación de Canarias. Actualmente en la Sección Internacional Española de Centro Internacional de Valbonne-Niza Pulsa aquí para saber más de mí

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