Literatura,  Y más cosas

Ante el jardín nublado

Cantan los pájaros en el jardín nublado.
Yo soy el negador de todo el tiempo
que me fue concedido, y aún me espera.
Soy la mirada en el jardín nublado,
del yerto mundo, de la cama difunta
que produce los sueños.
¿En dónde están, y a dónde va mi vida
que ya no está?
                          Si yo azotara a Dios
con ráfagas de lluvia, y posara en sus labios
la tibieza del sol, para enseñarle el beso,
y luego le arrancara
los ríos y las aves de sus ojos,
un torso palpitante del tacto de sus dedos,
y fuese el patrimonio que le queda
un nublado jardín, ya entrado octubre,
y más oscuridad al fin de año,
yo sé que en su venganza me impidiera morir,
pues con su fuerza poderosa
me borrara esta vida que se borra,
apagara la luz de aquel nacer.
Si Dios fuese posible,
y oyese estas palabras, no era posible el hombre,
y en el jardín nublado, que miro desde el cuarto,
cantan tristes los pájaros, con vida,
y hay un olor extendido de rosas,
como si sólo un hombre aquí existiera,
y porque existe él transcurre todo,
                                                       y la belleza
honda se ofrece ante su muerte,
con sólo fin de darle un pensamiento.
Y así, de un modo débil y una existencia torpe,
Nace, breve, el amor.

Poesía completa 1970-1997: Ensayo de una despedida. Tusquets: Barcelona 1999 

Víctor Villoria

Profesor en la Consejería de Educación de Canarias. Actualmente en la Sección Internacional Española de Centro Internacional de Valbonne-Niza Pulsa aquí para saber más de mí

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