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Abenámar

ABENÁMAR Y EL REY DON JUAN

«Abenámar, Abenámar,

moro de la morería,

el día que tú naciste

grandes señales había.

Estaba la mar en calma,                 5

la luna estaba crecida;

moro que en tal signo nace,

no debe decir mentira.»

Allí respondiera el moro,

bien oiréis lo que decía:               10

«No te la diré, señor,

aunque me cueste la vida,

porque soy hijo de un moro

y una cristiana cautiva;

siendo yo niño y muchacho               15

mi madre me lo decía:

que mentira no dijese,

que era grande villanía:

por tanto pregunta, rey,

que la verdad te diría.                 20

«Yo te agradezco, Abenámar,

aquesta tu cortesía.

¿Qué castillos son aquéllos?

¡Altos son y relucían!»

«El Alhambra era, señor,                25

y la otra la mezquita;

los otros los Alijares,

labrados a maravilla.

El moro que los labraba

cien doblas ganaba al día               30

y el día que no los labra

otras tantas se perdía.

El otro es Generalife,

huerta que par no tenía;

el otro Torres Bermejas,                35

castillo de gran valía.»

Allí habló el rey don Juan,

bien oiréis lo que decía:

«Si tú quisieras, Granada,

contigo me casaría;                     40

daréte en arras y dote

a Córdoba y a Sevilla.»

«Casada soy, rey don Juan,

casada soy, que no viuda;

el moro que a mí me tiene               45

muy grande bien me quería.»

(De: Antología de los mejores poetas castellanos, Rafael Mesa y López. Londres: T. Nelson, 1912.)

Víctor Villoria

Profesor en la Consejería de Educación de Canarias. Actualmente en la Sección Internacional Española de Centro Internacional de Valbonne-Niza Pulsa aquí para saber más de mí

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