Vázquez Montalbán. Los mares del sur. Fragmento

A partir de una novela negra, protagonizada por Carvalho, el famoso detective que va a protagonizar varias de las novelas de Vázquez Montalbán, se nos describe la Barcelona de la transición. Es sin duda un fresco de esa ciudad y, por extensión, de unos años cruciales para España. Con esta novela ganó el Premio Planeta de 1979 y ha sido traducida a más de veinte idiomas.

Los mares del sur. Fragmento.

Habían asesinado a un general y a un coronel, pero nada detendría la marcha irreversible hacia la democracia. Lo decían todos. Incluso algunos generales y algunos coroneles. Los muchachos comunistas y socialistas habían trabajado durante la noche dejando las Ramblas y las calles afluyentes llenas de pancartas con los eslóganes electorales. Esta vez puedes ganar, prometían algunas pancartas. Ya era hora, contestó Carvalho. Tú eres el centro de la ciudad, declamaba el partido gubernamental desde carteles engomados donde engomados arqueti—pos se autoatribuían ser el centro de la ciudad. Noches atrás un borracho maricón o un maricón borracho bajaba Rambla abajo, pregonando:

—Ciudadanos. No os equivoquéis. El centro de la ciudad es la plaza de Cataluña.

Dos travestis madrugadores se paseaban disfrazados de Eugenia de Montijo, la española que fue más que reina. La reconstrucción de Catalunya pasa por la democratización de los ayuntamientos, declaraba o declamaba un líder con barbita desde la portada de una revista. En ningún programa electoral se prometía derribar lo que el franquismo había construido. Es el primer cambio político que respeta las ruinas. Cada siglo construye sus ruinas y todo nuestro cupo de ruinas las ha construido el franquismo. Tienes músculos pequeños para derribar tanta ruina. Tendría que ser un milagro nocturno. Al amanecer la ciudad se descubriría limpia de la corrupción, dichosamente mellada, con los arrabales convertidos en una venturosa escombrera y los ciudadanos iniciando la reconstrucción sobre los derribos. Tal vez así Yes no deseara dar vueltas y vueltas al mundo, como un satélite solitario, y Charo estaría contenta con su oficio, Biscuter feliz con sus conocimientos de cocina riojana y él volvería a amar la rutina de investigar, ahorrar, comer, recorrer las Ramblas dos o tres veces al día, de noche vengarse inútilmente de la cultura que le había aislado de la vida. ¿Cómo amaríamos si no hubiéramos aprendido en los libros cómo se ama? ¿Cómo sufriríamos? Sin duda sufriríamos menos.

Manuel Vázquez Montalbán, Los mares del sur, 1979

 

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