Treblinka

Treblinka

Treblinka, a menos de cien kilómetros de Varsovia, fue el campo de exterminio más activo del régimen nazi entre 1942 y 1943. Oculto tras un bosque inaccesible para sus vecinos, albergaba su propia estación, barracones, inmensas fosas y crematorios en los que sufrieron y murieron cientos de miles de personas, judíos en su mayoría, convertidos en tierra, ceniza y humo hasta que varios grupos de supervivientes se rebelaron contra sus asesinos y les combatieron volando heroicamente buena parte de las instalaciones. Chil Rajchman, nacido en Lodz (Polonia) estuvo entre ellos. Su testimonio, publicado recientemente por Seix Barral, es un puñetazo en el estomago, el corazón, la conciencia y el olvido; breve, directo, implacable, estremecedor. Para quienes conocen los hechos y la literatura del Holocausto (Primo Levi, Imre Kertész, Victor Frankl, Elie Wiesel…) podría resultar un título más, pero no es así. No sólo por la contundencia del relato humano, la experiencia personal tan llena de rabia, dolor y coraje sino también por el extraordinario epílogo de la edición, firmado por Vasili Grossman (Vida y destino, Todo fluye, Por una causa justa), corresponsal del Ejército Rojo que liberó el campo en 1944 y recogió muchos y dramáticos testimonios de lo que allí sucedió, suficientes para que algunos de los responsables criminales, en Polonia o Berlín, pasaran por el Tribunal de Nürenberg. Decía Shakespeare que “la memoria es el centinela del cerebro” y ambos textos, el de Rajchman y el de Grossman, entrelazados, bien nos lo recuerdan.

Chil Rajchman, Treblinka. Seix Barral, 2014. 227 páginas

Epílogo de Vasili Grossman, 1958.

Juan Manuel Ojembarrena

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