En torno al soneto

Son varios los poetas que han abordado en su obra la propia elaboración de un soneto. Aunque el más conocido es el famoso de Lope a requerimiento de Violante, otros autores, tanto anteriores como posteriores, han intentado este reto. Ofrecemos aquí seis ejemplos de metapoética en los que los autores aprovechan el soneto para hablar de la propia estrofa.

Hurtado de Mendoza (1503-1575)

Este es el primer precedente del ya famoso de Lope. Está lleno de alusiones al contexto imperial de la época y termina con una renuncia (falsa, como demostró después el autor) a elaborar más sonetos.

Pedís, Reina, un soneto; y os lo hago

Pedís, Reina, un soneto; y os lo hago:
ya el primer verso y el segundo es hecho;
si el tercero me sale de provecho,
con otro más en un cuarteto acabo.

El quinto alcanzo: ¡España! ¡Santiago,
cierra! Y entro en el sexto: ¡Sus, buen pecho!
Si el séptimo libro, gran derecho
tengo a salir con vida deste trago.

Ya tenemos a un cabo los cuartetos:
¿Qué me decis, señora? ¿No ando bravo?
Mas sabe Dios si temo los tercetos.

¡Ay! Si con bien este segundo acabo,
¡nunca en toda mi vida más sonetos!
Mas deste, gloria a Dios, ya he visto el cabo.

Hurtado de Mendoza, fecha indeterminada

Baltasar de Alcázar (1530-1606)

Entramos en el juego conceptual. También en este caso, como en el anterior, es una mujer, Inés, la destinataria del soneto. El autor juega con la idea fallida de revelar un secreto en la acotada estructura del soneto. Aunque se utilice como referencia la petición de la tal Inés, el soneto no deja de ser un ejercicio poético destinado a mostrar el ingenio del escritor.

Yo acuerdo revelaros un secreto.

Yo acuerdo revelaros un secreto
en un soneto, Inés, bella enemiga;
mas, por buen orden que yo en esto siga,
no podrá ser en el primer cuarteto.

Venidos al segundo, yo os prometo
que no se ha de pasar sin que os lo diga;
mas estoy hecho, Inés, una hormiga:
que van fuera ocho versos del soneto.

Pues ved, Inés, qué ordena el duro hado:
que teniendo el secreto ya en la boca
y el modo de decillo preparado,

conté los versos todos y he hallado
que, por la cuenta que a un soneto toca,
ya este soneto, Inés, es acabado.

Baltasar de Alcázar, fecha indeterminada.

Lope de Vega (1562-1635)

El metapoema por excelencia, el más conocido, el que figura en todos los libros de texto y el que intenta mostrarnos, con indudable éxito, el genio creador de Lope de Vega. Se incluyó en el tercer acto de la comedia La niña de plata y el tema, como en el caso de los anteriores, se aprovecha de una supuesta petición femenina para mostrarnos el ingenio versificador del autor.

Un soneto me manda hacer Violante.

Un soneto me manda hacer Violante
que en mi vida me he visto en tanto aprieto;
catorce versos dicen que es soneto;
burla burlando van los tres delante.

Yo pensé que no hallara consonante,
y estoy a la mitad de otro cuarteto;
mas si me veo en el primer terceto,
no hay cosa en los cuartetos que me espante.

Por el primer terceto voy entrando,
y parece que entré con pie derecho,
pues fin con este verso le voy dando.

Ya estoy en el segundo, y aun sospecho
que voy los trece versos acabando;
contad si son catorce, y está hecho.

Lope de Vega, La niña de plata. 1612

Manuel Machado (1874-1947)

En este caso ya no se trata de mostrar el ingenio del poeta elaborando un soneto, sino que Machado introduce un tema más profundo, el transcurso de la vida, para hacerlo coincidir, utilizando una alegoría, con la estructura estrófica del soneto.

Alfa y omega.

Cabe la vida entera en un soneto
empezado con lánguido descuido,
y, apenas iniciado ha transcurrido
la infancia, imagen del primer cuarteto.

Llega la juventud con el secreto
de la vida, que pasa inadvertido,
y que se va también, ya que se ha ido,
antes de entrar en el primer terceto.

Maduros, a mirar a ayer tornamos
añorantes y, ansiosos, a mañana,
y así el primer terceto malgastamos.

Y cuando en el terceto último entramos
es para ver con experiencia vana
que se acaba el soneto… Y que nos vamos.

Poemas varios, 1921

 

En este caso el autor abusa de la falsa modestia y nos describe su supuesta dificultad para elaborar un soneto. El tono es, evidentemente, muy distinto al anterior.

Soneto sonetil de sobremesa

(En la Real Academia Española)
(Enero de 1941)

Háseme ayer pasado todo el día
de labrar un soneto en la alta empresa,
que para amenizar la sobremesa
valiera de esta ilustre compañía.

Transcurrió la mañana cruda y fría
sin lograrlo jamás y harto me pesa
confesar que, a la tarde, mi promesa
llegué a temer que no se cumpliría.

Vino la noche a sorprenderme cuando
las clásicas medidas del cuarteto
con exacto compás iba tomando.

Y, aparejado el molde del terceto,
en el soneto me dormí pensando…
y soñé que, soñando, hice el soneto.

David Solana. (1963-)

Terminamos con este soneto actual (es una estrofa que nunca decae en nuestra literatura) y actualizado que, sin embargo, no renuncia ni a la alusión a la Violante de Lope, ni al empleo de una lengua coloquial, ni al ingenio en su verso final.

Soneto trampa.

Violante no ha encargado este soneto,
mas el dulce gobierno de Cupido
me insinúa este astuto recorrido
a fin de conseguir mi ansiado objeto.

Tres versos me separan del terceto,
¡dos digo! pues ya el previo ha fallecido,
y creo que con menos nuez que ruido
a los cuartetos voy a dar boleto.

Acabo de pisar el primer trío
y debo confesar, con voz tunanta,
la trampa en que el soneto desemboca,

Pues es la única meta de este lío
que mi verso acaricie tu garganta
y mi nombre, David, bese tu boca.

(2001)

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