Tema 8. Bilingüismo y diglosia…

8.- BILINGÜISMO Y DIGLOSIA. LENGUAS EN CONTACTO. LA NORMALIZACIÓN LINGÜÍSTICA.

8.1.- Bilingüismo y diglosia.

Ferguson señala que la diglosia es el caso de extrema contracción funcional, es decir, en un mismo territorio, diferentes modalidades de una lengua se especializan en unas determinadas funciones de uso, privilegiándose una sobre la otra. De ahí que estos usos estén íntimamente relacionados con la diafasía, o estilo adecuado a un contexto, y con la diastratía, o grado de instrucción y/o estrato social del hablante.

Esta contracción funcional deriva en el establecimiento de dos modalidades: la high variation, o forma elevada, estaría reservada para asuntos oficiales, económicos, medios de comunicación u otros discursos socialmente relevantes -literatura, libros sagrados,…-. De otro lado, la low variation, o forma baja, quedaría relegada a la oralidad coloquial.

Badía i Margarit, a raíz del estudio de la situación de diglosia que padeció el catalán respecto al español en el periodo franquista, añade a la definición de diglosia que este fenómeno no ha de darse entre modalidades de una lengua: también entre dos idiomas que se usen en un mismo territorio es posible la diglosia.

Una situación de bilingüismo supone deshacer la contracción de la que hablaba Ferguson: dos modalidades de una misma lengua o dos idiomas habrán de concurrir en una misma zona en equidad de posibilidades de uso por sus hablantes en todos los contextos compartiendo contextos socioculturales y económicos de prestigio.

8.2.- La normalización lingüística: el caso de España.

El paso de una situación de diglosia a una de bilingüismo comúnmente se hace a través de un corpus legislativo destinado a subsanar tales desequilibrios: es lo que llamamos normalización lingüística. En nuestro país se dio una situación de diglosia en las regiones históricamente bilingües: sus lenguas autóctonas quedaban reservadas a las situaciones de uso que señalaba Ferguson, quedando como forma alta el español.

En la Constitución de 1978 se realiza el primer paso hacia una normalización lingüística efectiva: en su artículo 3º se declara que son lenguas españolas el castellano, el catalán, el vasco y el gallego. El castellano (art. 3.1.) es la lengua oficial del Estado y todos los hablantes tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla. El resto de las lenguas españolas (art. 3.2.) serán cooficiales, junto al castellano, en sus comunidades autónomas de acuerdo con sus Estatutos.

En efecto, los estatutos han desarrollado el segundo punto de su artículo 3º pero respetando el primero mediante sucesivas disposiciones legales de normalización lingüística. Todas ellas presentan una serie de rasgos comunes:

Se proponen recuperar las lenguas autóctonas en todos los empleos orales y escritos hasta nivelarlas con los contextos de uso del castellano.

Tales idiomas autóctonos se autodenominan lenguas propias de sus territorios, en situación de cooficialidad con el castellano.

Se impulsa la creación de instituciones encargadas de velar por el cumplimiento de la normalización, evitando crear situaciones de discriminación por el uso de una u otra lengua.

Se quiere conseguir que todos los habitantes puedan llevar a cabo su derecho a conocerla, incorporándola a la educación y a la administración como ejes clave.

8.2.1.- El catalán.

En 1977 Badía i Margarit distingue desde una perspectiva sociolingüística la convivencia entre español y catalán: cuantitativamente se equiparan catalanohablantes -entre los que una minoría no saben escribir en catalán- y castellanohablantes que entienden el catalán. Eran minoría los bilingües, normalmente hijos de matrimonios mixtos.

Hoy su norma unitaria es óptima en Cataluña: presenta una sólida lexicografía, ortografía y gramática; cuenta con una importante tradición literaria y una lengua culta que sirve como modalidad normativa de cohesión. A pesar de todo, el continuo flujo inmigratorio provoca frecuentes fricciones sociolingüísticas.

En el sistema educativo se ofrecen dos modalidades: la impartición íntegra en catalán, o bien en castellano, pero teniendo al catalán como asignatura en vistas de que se cumpla la implantación del catalán como única lengua docente.

La presencia de este idioma como lengua en los ámbitos socioculturales es absoluta, mientras que en los medios de comunicación es satisfactoria y en progresivo aumento: periódicos como Avuí, de Barcelona, Punt Diari, de Gerona, o canales de televisión como TV3, así lo demuestran.

En cuanto al valenciano, está en proceso de tomar carta de lengua por vía institucional. Esta reacción se apoya en una emancipación de la dependencia cultural valenciana de la catalana. Hoy, a pesar de tener normativa propia, el sentimiento de nacionalidad vinculado a la lengua no es tan fuerte como en Cataluña. El mismo hecho acaece con el mallorquín, que a veces presenta una suerte de diglosia voluntaria en lo escrito respecto al catalán.

8.2.2.- El gallego.

Su norma unitaria va implantándose. En un principio se contemplaron dos vías: seguir la portuguesa o partir de una propia. En vista de que las diferencias fonológicas, y en menor medida morfosintácticas, con el portugués son determinantes, se ha optado por la implantación de una norma propiamente gallega. A pesar de todo hay una clara situación de diglosia respecto al español en el entorno urbano.

Su presencia en los ámbitos socioculturales es amplia, sin embargo, todavía no se ha equilibrado del todo en el sistema educativo ni en los medios de comunicación: de hecho, al margen de la televisión autonómica, el primer periódico íntegramente en gallego, O correo galego, no nace hasta 1994.

8.2.3.- El vasco.

En favor de la creación de una norma unitaria el artículo 6º del Estatuto del País Vasco instituye la Real Academia de la Lengua Vasca –Euskaltzaindia– como institución consultiva oficial en lo referente al euskera. Este idioma presenta un problema de base: una gran fragmentación dialectal en un territorio tan pequeño. De ahí que el lingüista Koldo Michelena consiguiera que se postulara como norma el euskara-batua, que tiene como base el navarro-guipuzcuano con elementos del labortano. El esuskara-batua toma como modelo las autoridades de la literatura labortana de los siglos XVI y XVII, frente al purismo del XIX.

En el País Vasco se da un hecho paradójico: aunque hay un fuerte sentimiento del idioma como vinculación a la nacionalidad vasca, persiste la diglosia en las ciudades y en las localidades industriales. Además, la presencia de inmigrantes y generaciones nacidas de éstos hace que el aprendizaje del vasco sea difícil por sus enormes diferencias con el español.

De ahí que en las primeras etapas del sistema educativo se siga un modelo mixto, como el catalán, en las ikastolas, mientras que su implantación es difícil en niveles superiores. Por otro lado su presencia en los ámbitos socioculturales es satisfactoria, aunque lastra el haber carecido de una sólida tradición escrita. Casi no existen medios de comunicación íntegramente en vasco: Deia, Ara, o Euskal Telebista.

En Navarra, la Ley orgánica de amejoramiento del Régimen Foral de Navarra, tiene en su artículo 9º al castellano como lengua oficial, aunque compartirá cooficialidad con el euskera en sus zonas vascoparlantes.

8.2.4.- Otras modalidades lingüísticas: el andaluz.

El Estatuto de Autonomía de Andalucía desarrolla el artículo 3º de la Constitución en su apartado tercero. Leemos en ésta: La riqueza de las distintas modalidades lingüísticas de España es un patrimonio cultural que será objeto de especial respeto y protección. El Estatuto (art. 12.3.) propone afianzar la conciencia de identidad andaluza a través de la investigación, difusión y conocimiento de los valores históricos, culturales y lingüísticos del pueblo andaluz en toda su riqueza y variedad.

8.3.- Lenguas en contacto.

El hecho de que las isoglosas no sean barreras impermeables y que dentro de una misma zona se maneje más de una lengua, permite que dos idiomas entren en contacto. Vio Weinreich que esta continua exposición de hablantes, y sus lógicas implicaciones socioeconómicas, permite que se den modalidades mixtas como el portuñol en las zonas fronterizas de España y Portugal; el llanito en las proximidades de la colonia británica de Gibraltar, donde se da un español fuertemente influido por el inglés, como ocurre con el spanglish puertorriqueño.

Estas modalidades que hemos visto tienen en común que sean usadas por sus hablantes en su entorno coloquial. Distintamente varios dialectos sin morma unitaria pueden crear una modalidad aglutinadora, o koiné, para el intercambio socioeconómico exclusivamente, como, precisamente, la koiné de la antigua Grecia. Si este fenómeno no se da entre dialectos, sino entre lenguas, estaremos ante un pidgin, como acaecía en el Atlántico entre lenguas africanas, portugués, francés e inglés.

Hockett determinó como sesquilingüismo el monolingüismo productivo y el bilingüismo receptivo. Este hecho viene propiciado por el contacto entre hablantes de distintas lenguas con un núcleo lingüístico común y por el hecho de que la recepción pida menos capacidades que la producción. A pesar de todo, el sesquilingüismo puede darse sólo en individuos de una comunidad sin que ésta sea sesquilingüista en su totalidad. Este hecho se relaciona con el bilingüismo de solo comprensión lectora -así, los españoles podemos entender en mayor o en menor medida textos en portugués, pero la comprensión auditiva puede llegar a sernos francamente difícil-.

Desde el punto de vista diacrónico podemos definir el sustrato, el adstrato y el superestrato como fenómenos resultantes del contacto entre lenguas a lo largo de los tiempos. El sustrato es la lengua, o modalidad que otra lengua o dialecto absorbe. De este modo la lengua que desaparece deja rasgos lingüísticos en el otro idioma; así son sustratos del antiguo germánico en el español falda, guerra, orgullo,… En el adstrato ninguna de las lenguas o modalidades desaparecen sino que se influyen mutuamente: en el gallego, por ejemplo la inexistencia de /v/, como en portugués se debe a la indistinción que hizo el español de /b/ y /v/. En el superestrato una de las lenguas o modalidad no desaparece pero se ve en clara inferioridad respecto de la otra: así en muchas zonas indígenas de Perú se mantiene el español aunque fuertemente influido por las lenguas indígenas, que, al tener una función cotidiana, no llegan a desaparecer.

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