Tema 69. La poesía hispanoamericana en el siglo XX

TEMA 69. LA POESÍA HISPANOAMERICANA EN EL SIGLO XX.

1. INTRODUCCIÓN.

No es fácil presentar en breves páginas un panorama de la abundante y compleja producción literaria que, durante este siglo, se ha desarrollado en los 19 países americanos de lengua castellana. Será forzoso que nos limitemos a señalar las principales tendencias y destacar algunas de las grandes figuras.

El desarrollo de la poesía no ha decrecido desde el Modernismo; ha ido renovándose sin cesar y ampliando sus registros: acentos autóctonos y acentos cosmopolitas, vanguardismo y poesía pura, tonos sociales y existenciales, nuevas experiencias…

2. LA POESÍA MODERNISTA.

2.1. Una revolución poética.

A finales del siglo XIX se produce una extraordinaria renovación de la lírica hispánica que discurre paralelamente a uno y otro lado del océano, de la mano del nicaragüense Rubén Darío, que recoge el influjo del Simbolismo francés y de los poetas malditos.

Los modernistas reaccionan contra la vulgaridad de la literatura realista. Sus versos están exquisitamente elaborados desde el punto de vista formal; cuidan su estructura para conseguir efectos rítmicos y sonoros de particular expresividad.

Se ponen en circulación variedades métricas poco usadas hasta entonces. El alejandrino (solo cultivado por los poetas medievales y por algunos románticos), se convierte en el verso de moda y queda definitivamente incorporado a la poesía hispánica moderna. También se emplean el dodecasílabo, el eneasílabo, el endecasílabo dactílico o de gaita gallega (con acentos en 1.ª, 4.ª, 7.ª y 10.ª)… Darío, como antes José Asunción Silva, intenta asimismo imitar la métrica cuantitativa grecolatina, que se basa en la combinación de sílabas largas y breves, alternancia que en español se consigue combinando sílabas tónicas y átonas.

Los modernistas no explotan solo la brillantez sonora. A veces destruyen la rotundidad rítmica del verso para dotarlo de mayor expresividad. Para eso utilizan rimas átonas (“Pierrot y Arlequín/ mirándose sin / rencores…”) o rompen las cesuras habituales y recurren al encabalgamiento. Este deseo de desdibujar el ritmo los llevará al ensayo del verso libre.

Una de las combinaciones métricas propias de la época es la silva arromanzada (versos endecasílabos y heptasílabos combinados libremente, con rima asonante en los pares). Es forma predilecta de Antonio Machado y la cultivan también Rubén Darío, Manuel Machado, Unamuno y otros.

El modernismo enriquece notablemente la lengua poética. Crea brillantes neologismos: hipsipila (mariposa) bulbules (ruiseñores)… Usa numerosos cultismos: púber, ínclitas, efebo… Proliferan el léxico suntuario (ágatas, gemas, marfil…), los tecnicismos artísticos (pizzicati, trémolos, minué…) y las voces exóticas (bayaderas, rajáhs…). No se detienen aquí las novedades; se incorpora también un vocabulario descendente y extrapoético. Aparecen palabras de argot (chulo, juerga, caló…), barbarismos (declasé, sportman, maquereau…) y neologismos satíricos o burlescos (canallocracia, nefelibata…).

Hay en esta poesía una doble dirección ascendente y degradadora. En el primer caso, expresa su repulsa a la sociedad burguesa a través de la huida hacia un mundo de ensueño y fantasía: la antigua Grecia, la Edad Media, el siglo XVIII francés… Los versos están poblados de princesas, cisnes, lagos, jardines… Simultáneamente se pone de moda el ambiente miserable de las ciudades: prostíbulos, buhardillas, hospitales…, donde se refugian los malditos de la fortuna. En los grandes poetas estos tópicos literarios dejan paso a la expresión íntima y sincera de sus angustias y emociones personales.

2.2.- José Martí

Fue un tenaz luchador por la liberación del continente, de la que fue símbolo vivo. Fue un héroe de la independencia cubana. Participará en la guerra contra España, muriendo en una escaramuza militar en 1895.

Debido a su compromiso político, Martí rechaza el puro esteticismo. No busca la evasión y huida a paraísos artificiales, ni se siente atraído por la refinada sensualidad y los ambientes exóticos que tanto gustan a los modernistas. Sus versos están enraizados en la realidad política y social de su pueblo. No busca la evasión y huida a paraísos artificiales, ni se siente atraído por la refinada sensualidad y los ambientes exóticos que tanto gustan a los modernistas. Sus versos están enraizados en la realidad política y social de su pueblo.

Concibe la creación poética como un desahogo espontáneo, como una expresión de sus emociones. Esto no le impide ocuparse de los aspectos formales. Ensayó nuevos ritmos y contribuyó a la renovación modernista, a pesar de que siempre creyó que la inspiración estaba en la naturaleza. Admirador del intimismo becqueriano, lo desarrolló con las novedades que le ofrecía la lírica simbolista.

Su producción lírica se recoge en cuatro poemarios. Ismaelillo (1882) es uno de los puntos de arranques de la poesía modernista hispánica, aunque en una línea distinta a la de Azul… de Darío. El motivo de inspiración es el hogar abandonado y el hijo ausente, realidades que desembocan en el miedo a la soledad; recurre a la vía simbólica para desarrollar sus ideas y sentimientos. Utiliza metros tradicionales breves, sobre todo octosílabos. Vibra en este libro un romanticismo intimista. Sus imágenes, muy originales, anticipan en algunos momentos el irracionalismo que definirá  a la poesía del siglo XX.

En Versos libres las formas métricas populares han dejado paso al endecasílabo blanco. Recogen el testimonio directo de la actitud personal del autor y su visión del mundo. En medio de la lucha cotidiana afloran una inquietud espiritual y trascendente y el imperativo ético y político al que ha de ajustarse la vida. Reflexiona también sobre el sentido de los versos, cuya raíz ha de estar en la emoción y la libertad expresiva.

Versos sencillos sigue la misma línea. Refleja los sentimientos del poeta en contacto con la naturaleza, frente al mundo artificial y engañoso de la civilización. Da cabida a una serena y doliente meditación existencial, a los temas amorosos… Haciendo honor a su título, son poemas sencillos, populares, en octosílabos.

En Flores del destierro, junto a las vivencias íntimas expresa, dentro de la misma tónica de sencillez y naturalidad, la nostalgia del desterrado que se sabe víctima de la injusticia.

2.3. Rubén Darío:

Lleva a cabo una profunda renovación formal. Trae a la lírica hispánica un sentido del ritmo y de la sonoridad que pocos han tenido tan afinado y perfecto. Restablece con fortuna el uso del alejandrino. Introduce una imaginería innovadora y sensual y un vocabulario exótico, sonoro y expresivo.

Su concepción de la vida y el arte empieza siendo cosmopolita y parisina, interesada por los jardines versallescos, las porcelanas y los ambientes aristocráticos, galantes y refinados. Pero, con el paso del tiempo, su universo poético se torna más íntimo y, a la vez, más amargo y dolorido. Las imágenes se vuelven más hirientes. Busca incluso un cierto prosaísmo para dotar a sus versos de mayor expresividad. Junto a los poemas rimbombantes y despreocupados de sus años de juventud, encontramos otros en que desdibuja el ritmo y trata de las realidades cotidianas. También refleja su preocupación cívica en las obras de tema americano.

La figura de Darío se revela en Azul… (1888). Sorprende que en la primera obra del que había de ser gran poeta lírico predomine la prosa. Es fundamentalmente un libro de relatos. El tema central es la lucha y los anhelos del artista frente a la sociedad insensible y positivista. A veces adquieren acentos patéticos; en otras ocasiones se dulcifican o se funden con el sueño y la alucinación. Predomina el tono idealizante.

Los versos que forman parte de ese conjunto han sido considerados tradicionalmente como punto de partida de la revolución modernista, aunque quizá sería más propio calificarlos de obra de transición, en la que hay elementos decimonónicos junto a indiscutibles novedades. Ya se aprecian aquí la sensualidad, el lujo verbal y la precisión rítmica que caracterizarán al autor en su madurez.

Sigue luego Prosas profanas. En las Palabras preliminares proclama los principios del Modernismo: la evasión como fundamento del arte, la prioridad del ritmo, el influjo francés, el elitismo…

Mantiene el libro una profunda coherencia interna. Sus composiciones pueden agruparse en tres tipos: las de inspiración amorosa y ambiente irreal, las de carácter reflexivo y las que tratan sobre poesía. Estamos ante un auténtico alarde de virtuosismo formal. La musicalidad del verso se halla primorosamente conseguida. El autor hace gala de un esteticismo exacerbado y decadente y gusta de evocar ambientes refinados.

En 1905 aparece el libro más denso y rico de Rubén, auténtica cima de su lírica: Cantos de vida y esperanza. En el Prefacio expone de nuevo algunos de sus principios estéticos y presenta una novedad esencial: el reconocimiento de la colectividad. Ofrece una doble vertiente: hay poemas en que los efectos rítmicos son lo más importante, pero otros muchos se hacen eco de inquietudes más trascendentes.

Frente al pesimismo que domina en la intelectualidad española tras la derrota de 1898, Darío entona un cántico de esperanza y de entusiasmo por lo hispánico en La salutación del optimista, en hexámetros.

También contiene composiciones filosóficas y elegíacas de tono romántico como Lo fatal, en que se plantea el misterio de la existencia y de la muerte.

Tras Cantos, la trayectoria poética de Darío desciende. Sus poemas son de inferior calidad. Son Oda a Mitre, El canto errante, El poema de otoño y otros poemas, Canto a la Argentina y otros poemas.

3. LA TRANSICIÓN DEL MODERNISMO A LA VANGUARDIA.

3.1. La transición.

 

En la primera década de nuestro siglo la literatura hispanoamericana comienza a dar síntomas de un cambio de rumbo. Se produce ya una renovación en la temática. La mirada de escritores como Amado Nervo, Guillermo Valencia, Leopoldo Lugones o José Santos Chocano, se centró en la intimidad y en lo cotidiano, y a la vez, de la mano de una preocupación americanista cada vez más acentuada, descubrió la vasta geografía del nuevo mundo. La poesía se enriqueció así de matices nacionales o regionales, empezó a indagar en la esencia de lo americano, trató de contribuir a su definición. También en estos años se aprecia un cansancio ya de las formas del modernismo. En 1911 el poeta mejicano Ernesto González Martínez condena los aspectos más ornamentales de la corriente, con un verso que se haría famoso: “Tuércele el cuello al cisne de engañoso plumaje”. Se procede a una depuración de una retórica que se estimaba decorativa y superflua, determinada por un cosmopolitismo frívolo, que ahora, como hemos visto, se trataba de desterrar. Aún pervivirá durante unos años la estela del Modernismo; pero, en torno a 1920 la poesía irá ya por otros caminos. Por lo pronto, hay que señalar dos direcciones paralelas: una que se orienta hacia una lírica más sencilla y humana; otra que se suma a las corrientes vanguardias. Las analizaremos por separado.

3.2. Una poesía más sencilla y humana.

 

Ya en algunos de los seguidores de Rubén Darío se apreciaba, frente a la temática cosmopolita, una preferencia por los temas autóctonos y, a la par, un mayor cultivo de los problemas íntimos. Por otro lado, se frenan los esplendores formales en pro de una expresión más sencilla, más directamente humana. Por este camino destacan, ante todo, ciertos “posmodernistas”, como el argentino Baldomero Fernández Moreno y el mejicano Ramón López Velarde. Pero este apartado, llama poderosamente la atención el nutrido número de poetisas destacables: citaremos sólo a tres, aunque la nómina es amplísima:

 

·        ALFONSINA STORNI: La obra poética de esta argentina evoluciona desde el intimismo próximo a Bécquer hasta un simbolismo más hermético. Sus libros iniciales (La inquietud del rosal, El dulce daño…) siguen la estela de la sencillez expresiva y la vida sentimental como único tema. Más tarde (Ocre, Poema de amor, Mascarilla y trébol) los textos se vuelven más difíciles y asoman preocupaciones religiosas, próximas al esoterismo. Siempre planea sobre su sentir poético la sombra de la fatalidad. El suicidio de la poetisa acabó por dar cumplimiento a su destino.

·        JUANA DE IBARBOUROU: Esta poetisa uruguaya alternó los libros de versos (Lenguas de diamante, La rosa de los vientos…) con las prosas poéticas (El cántaro fresco, Estampas de la Biblia…) y las narraciones líricas (Chico Carlo, Juan soldado). Es tan extensa obra, que no es posible comentar con detalle, se puede observar una natural y lógica evolución. Los primeros poemarios tienen un acento sensual, de entusiasmo por la naturaleza y por el propio ser. La poetisa se extasía ante las maravillas del mundo y las usa como marco y metáfora de su propia vitalidad amorosa y oferente… En los libros de madurez y vejez ese hedonismo exultante se atempera, se impregna de religiosidad y de un epicureísmo melancólico pero no amargo. Sobre la belleza del mundo planea la sombra liberadora de la muerte.

·        GABRIELA MISTRAL (seudónimo de Lucila Godoy). Poetisa chilena que recibió el premio Nobel en 1945. Autodidacta, maestra, diplomática, participó en la política educativa de su país. Su poesía busca, por encima de todo, la sencillez y la claridad; es fruto de un arrebato espontáneo; no en vano sería la promotora del movimiento literario denominado Sencillismo. Se inspira en el canto a las cosas humildes, a la naturaleza, a los niños. Reivindica la hermandad americana. Se da a conocer con Sonetos de la muerte, nacidos de un trágico episodio personal: el suicidio del hombre al que amaba, que ya la había abandonado hacía tiempo. Estos textos se integrarían en su primer libro: Desolación, que expresa un sentimiento amoroso transido de dolor. Aflora la tristeza de la mujer que no ha llegado a ser madre. Ternura, su segundo poemario, recorta las aristas de la pasión y dirige su amor hacia los niños y la naturaleza. La espiritualidad, la religiosidad sustituyen a la vehemencia anterior. En los libros que siguen, Tala y Lagar, se ahonda en estos sentimientos poéticos. En el primero, junto a otros motivos ya conocidos, expresa su sufrimiento y soledad tras la muerte de su madre. El último está presidido por el presentimiento de la muerte y la conciencia de la vejez. SU obra lírica viene a ser una serie de variaciones, al compás de los tiempos, sobre un único tema: el amor y la vida. Es un exponente, sencillo y accesible a amplias capas de lectores, del proceso de interiorización del Posmodernismo.

 

En esta línea de poesía humana habrá que situar (como veremos) los primeros libros de Vallejo y Neruda.

4. LA VANGUARDIA.

 

Paralelamente, y también hacia 1920, comienzan a dejarse sentir en Hispanoamérica las corrientes vanguardistas nacidas en Europa. Y su impulso será aún más decisivo para apagar los últimos rescoldos del Modernismo.

4.1. Anuncios de la Vanguardia.

 

Son varios los poetas que inauguran o quieren inaugurar técnicas vanguardistas. En Puerto Rico LUIS LLORÉNS TORRES inventó dos curiosas teorías: el pancalismo (“todo es belleza”) y el panedismo (“todo es poema”, niega la existencia de la prosa). Quiso aplicarlas a su obra en Visiones de mi musa y Sonetos sinfónicos. Sus últimas composiciones vuelven a la tradición, en parte para cantar a la realidad americana: Mare Nostrum, Alturas de América

El mexicano JOSÉ JUAN TABLADA fue un rico comerciante afecto a la dictadura de Porfirio Díaz, exiliado a raíz de la Revolución Mexicana y recuperado más tarde como diplomático al servicio de su país. Su poesía fue recreadora de los tópicos modernistas (El florilegio, Al sol y bajo la luna); pero el contacto con la poesía japonesa lo llevó hacia la Vanguardia. Incorporó el haiku en Poesía sintética, Li-Po y otros poemas, El jarro de flores (disociaciones líricas), y sustituyó el mundo sentimental y mórbido a lo Baudelaire por la imagen sorprendente, la lírica deshumanizada, la condensación metafórica.

4.2. La poesía de Vanguardia.

 

El primer embajador del Vanguardismo europeo es, sin duda, VICENTE HUIDOBRO. Huidobro capitanea el movimiento que recibe el nombre de Creacionismo. Se adelanta a las innovaciones de Pierre Reverdy y Guillaume Apollinaire. Ya en su primer libro Ecos del alma, hallamos poemas con una particular disposición tipográfica, próximos a los caligramas. El creacionismo parte de un lema: “El poeta es un pequeño Dios”, que no imita a la naturaleza, sino que crea algo nuevo que se añade a ella. No menos significativa es la afirmación hecha por Huidobro en una conferencia en el Ateneo de Buenos Aires: “La primera condición de un poeta es crear, la segunda, crear y la tercera crear”.

Tras algunas composiciones modernistas y otras en francés, su segunda lengua, escribe los libros creacionistas, en los que hallamos componentes cubistas y surrealistas. Particular relieve tienen Horizon carré, Poemas árticos, Ecuatorial… En 1919 empieza a componer Altazor o el viaje en paracaídas, en 7 cantos, núcleo esencial de su producción, que no se publicará hasta 1931. Es un poemario experimental en la forma, simbólico y trascendente en su contenido, que discurre por el camino de la irracionalidad y en el que no faltan rasgos de humor. Siguiendo la línea de las obras precedentes, en él brilla con esplendor y osadía lo que será instrumento esencial del Creacionismo: la metáfora. Sus versos discurren en libertad, inmersos muchas veces en el caos. Responde perfectamente al principio, mantenido por el autor, de que “la poesía es un desafío a la razón”.

También en 1931 aparece otro volumen muy representativo, esta vez en prosa: Temblor de cielo.

Otro movimiento vanguardista importante es el Ultraísmo argentino. El Buenos Aires de los años veinte y treinta fue un hervidero. La sólida aportación de los grandes poetas modernistas (Lugones sobre todo) propició la aparición de una Vanguardia vigorosa, capaz de romper con los clichés previos, pero tendente a mantener en todo momento una cierta contención clásica, con la excepción de Oliverio Girondo, siempre fiel a sus postulados de ruptura. Del movimiento ultraísta participaron Güiraldes, Borges, Marechal… y otros escritores de singular relieve en diversos géneros. Entre los que se decantaron preferentemente por la lírica destacan OLIVERIO GIRONDO, RICARDO E. MOLINARI y EDUARDO GONZÁLEZ LANUZA.

Un movimiento de similares características al ultraísmo sería el estridentismo que se desarrolla en Méjico en 1925.

Curiosa figura del vanguardismo americano es el cubano MARIANO BRULL que, al lado de poemas puros, se permitió todas las audacias, hasta la de crearse un lenguaje, al que él mismo dio el nombre de “jitanjáfora”. Esta palabra ha pasado a designar, precisamente, este tipo de juegos puramente sonoros, que ya se hallaban en cantos primitivos o en canciones infantiles y que tendrían sucesores en años cercanos a nosotros.

Son muchos los poetas vanguardistas de aquellos años pero los más importantes son, sin duda, César Vallejo y Pablo Neruda, de los que luego nos ocuparemos. De todos los movimientos vanguardistas, el surrealismo fue el que dejó en América una huella más profunda. Puede decirse que sus efectos no se han extinguido hasta hoy: sus seguidores son legión. En algunos poemas de Vallejo y en muchos de Neruda podrán verse ejemplos muy personales de tal influencia, que ha sido igualmente decisiva en otro de los autores que vamos a estudiar: Octavio Paz.

5. LA POESÍA PURA.

 

Con este rótulo suele reunirse a una serie de poetas en los que se observa un equilibrio entre tradición y renovación, entre clasicismo y modernidad. Se alejan de las estridencias vanguardistas aunque, en muchos casos, proceden de ellas o han tenido en cuenta sus aportaciones especialmente la imagen de tipo surrealista. Como nuestros poetas del 27, se ven influidos por Valéry o J.R. Jiménez; admiran a Góngora y a otros clásicos españoles; gustan de la perfección formal; eco de las ideas de Ortega y Gasset sobre la “deshumanización del arte”… Sin embargo, y también como en nuestros poetas del 27, la deshumanización no llegó a ser total: el calor humano está presente en ellos, aunque depurado por la inteligencia y la mesura.

En México el grupo más representativo de esta época es el que se reúne en torno a la revista Contemporáneos. No forman una grey compacta: más bien pueden ser considerados, en palabras de uno de sus miembros, José Gorostiza, como una suma de “individualidades irreductibles”. Nacen a la poesía bajo el signo del Modernismo, pero enseguida derivan hacia una actitud de rechazo. Hombres de su tiempo, manifiestan gran interés y curiosidad por las nuevas tendencias. No buscan tanto una expresión específicamente mexicana cuanto la incorporación a un movimiento renovador general. Forman parte de este grupo figuras como JOSÉ GOROSTIZA, JAIME TORRES BODET, XAVIER VILLAURRUTIA… Nos detendremos sólo en la figura de CARLOS PELLICER, quien tiene una veta lírica exuberante, musical y colorista, que fluye con extrema agilidad. Usa vistosas imágenes. Canta a la naturaleza como reflejo de la divinidad, como paraíso de los trópicos. Esa brillantez plástica no está reñida con un intenso lirismo. El predominio de la vida sobre la muerte, rasgo que lo diferencia de otros compañeros de grupo, no le impide detenerse en melancólicas reflexiones existenciales sobre el paso del tiempo.

En Colombia sobresale el grupo “Piedra y Cielo”. El nombre, tomado de un título de J.R. Jiménez, indica ya la preferencia por una poesía pura, de metas fundamentalmente estéticas. Su máximo representante es EDUARDO CARRANZA.

En Argentina, en aquellos años sobresale la figura de BORGES, a quien hemos citado como introductor del ultraísmo, movimiento que pronto superó. Junto a él, citemos a Molinari, González Lanuza,… quienes, desde el ultraísmo, evolucionaron también hacia la poesía pura, el surrealismo, etc.

Podríamos también incluir aquí al cubano JOSÉ LEZAMA LIMA, poeta que, por sus hondas preocupaciones y su lenguaje barroco, desemboca en el hermetismo.

6. LA “POESÍA NEGRA”.

 

En la poesía cubana no faltan representantes del Posmodernismo o de cierto clasicismo, influido también por la poesía pura, como MARIANO BRULL o DULCE MARÍA LOYNAZ.

Una de las variantes más interesantes y productivas del neopopularismo es la poesía vinculada al mundo negro que surge en el Caribe en los años treinta. Esa lírica, además de buscar una nueva sonoridad, es manifestación de un compromiso ético y político con los grupos marginados. Tres poetas, de distinto calado, encarnan esta corriente lírica: el puertorriqueño LUIS PALÉS MATOS y los cubanos EMILIO BALLAGAS y NICOLÁS GUILLÉN. Sobresale este último, ya que nadie ha ahondado como él en las profundas significaciones del mestizaje cultural de su tierra. Ya en sus dos primeros libros, Motivos de son y Sóngoro Cosongo, nos da muestras de su arte: un prodigioso sentido del ritmo, la estilización de lo popular a través de un lenguaje lleno de sorpresas y un decidido enfoque social, junto a poemas de pura intención lírica. En West Indies, Ltd. adquiere más peso el mensaje político y social. Cantos para soldados y sones para turistas intensifica la línea iniciada en el libro anterior, que dominará en lo sucesivo. La guerra civil española inspira España. Poema en cuatro angustias y una esperanza, un canto a la libertad y una profesión de fe en el futuro de nuestra nación; la “angustia cuarta” recoge la dolorosa impresión que produce al autor la muerte de García Lorca, al que había conocido en La Habana.

7. LA POESÍA HISPANOAMERICANA EN LOS ÚLTIMOS DECENIOS.

 

En los años posteriores a 1940 no han surgido individualidades líricas que se proyecten internacionalmente con la fuerza que alcanzaron los grandes poetas modernistas o los que, nacidos hacia 1900, llegaron a la madurez en la época de las Vanguardias, o los novelistas coetáneos. De hecho, las tres décadas que van de 1940 a 1970 están dominadas por las nuevas creaciones de Borges y Neruda y la sombra interminable de César Vallejo, a pesar de la multitud de nombres que recogen las historias y antologías. El único que se ha aupado al canon internacional ha sido Octavio Paz.

La evolución de la literatura en el conjunto de Hispanoamérica, a pesar de los avatares de cada uno de los países, no sufrió un corte tan violento y radical como el que supuso la guerra civil española, ni discurrió entre una relación tan precisa de sumisión o rechazo del poder político.

La proliferación de corrientes, movimientos y grupos en Hispanoamérica es extraordinaria. Nos limitaremos a señalar las tendencias más sobresalientes:

        Pervive una poesía pura, cuyo modelo se halla en Borges y los poetas citados en el epígrafe correspondiente.

        Aparece una actitud y una temática existencialista.

        Es abundante la poesía comprometida, social y política, siguiendo el ejemplo de Neruda.

        Se mantiene la lección formal del Surrealismo, entretejida con las más variadas orientaciones del contenido (existencial, social…).

        Muy en relación con lo anterior, y especialmente  en los últimos años, surgen manifestaciones de poesía experimental.

 

Estas tendencias responden a una sucesión cronológica solo en parte. La variedad de países, las diferencias de latitudes, hacen que tales corrientes coexistan ampliamente. El panorama es muy complejo.

En ese panorama, habría que insertar, entre tantos más, a poetas como el mejicano ALI CHUMACERO, de un lirismo puro; el chileno NICANOR PARRA, a quien caracteriza un tono sabiamente conversacional; el argentino EDUARDO A. JONQUIERES, poeta existencial, humano y profundo; el paraguayo ELVIO ROMERO, de potente acento social en la línea de Neruda; el cubano FERNÁNDEZ RETAMAR, revolucionario en los contenidos,… Son sólo unas figuras representativas de las tendencias apuntadas, pero distan mucho de dar una idea de la abundancia y riqueza de la poesía hispanoamericana actual.

8. TRES POETAS.

8.1. César Vallejo.

 

Su poesía refleja un sentimiento trágico, torturado, de la existencia, Todo se impregna de tristeza y desesperación. Pese a su filiación vanguardista, no cabe en él una actitud deshumanizada. Se vuelca en la solidaridad con el hombre. Encuentra su auténtica voz en el seno de la Vanguardia, penetrando en las oscuras simas del subconsciente.

Inicia su labor poética en el ámbito del Modernismo, con Los heraldos negros, impregnado de ecos parnasianos. En algunos momentos abandona la actitud esteticista para mostrarse más íntimo y humano.

Su actitud de rebeldía se refleja en Trilce, libro clave que nace de la mezcla de triste y dulce, que es la base misma de la vida. Rompe por completo con las fórmulas literarias precedentes para buscar nuevas formas de expresión. Es un libro puramente experimental. Dicha ruptura se da en todos los planos: léxico, sintaxis, métrica, imágenes, puntuación, ortografía… Supone una renovación del ritmo del verso libre. En su acumulación de irregularidades gramaticales, de sonidos onomatopéyicos y difíciles neologismos, llega a veces al hermetismo. Pero en medio de esa complicada red formal, se advierte su visión personal sobre temas como la soledad. Recurre a una curiosa simbología de números: el uno es la soledad individual; el dos, la pareja; el tres, la trinidad, la perfección; el cuatro, las paredes de la celda… Intenta reflejar las violentas antítesis que componen la realidad. Expresa el sufrimiento y angustia del ser humano, que son los suyos propios. En sus versos planea la sombra de la muerte.

Póstumamente, en 1939 ve la luz Poemas humanos, su libro más personal y representativo, en el que cultiva un surrealismo instrumental. Responde a un momento de su trayectoria en que quiere ponerse al servicio de la revolución. Su angustia y sufrimiento se plasman a través de sugerentes imágenes surrealistas. Estamos ante el César Vallejo agónico y solidario, que contempla la muerte frente a frente. Una de las secciones más interesantes es la titulada España, aparta de mí este cáliz, con 15 poemas inspirados en la guerra civil. Sus horrores quedan vivísimamente patentes y se ponen en paralelo con la Pasión de Cristo. El problema bélico se convierte en una angustiosa obsesión. Las víctimas inocentes encarnan un heroísmo sencillo, sin alharacas; el poeta profundiza en la realidad humana de esos seres sacrificados.

8.2. Pablo Neruda.

 

ETAPA JUVENIL. Sus primeros poemas, con metáforas convencionales, tienen aún ecos modernistas y obedecen a un impulso mimético. Crepusculario es un epígono de la estética finisecular en el que se advierten algunos avances. Neruda halla muy pronto su voz personal en Veinte poemas de amor una canción desesperada. Son versos adolescentes de tono neorromántico. En ellos se enriquece y renueva la imaginería, que se nutre del mundo natural; a veces anticipa la orientación onírica que impondrá la Vanguardia. Se deja sentir el influjo de Tagore, a quien el autor había traducido. Recurre a diversos esquemas métricos, pero se abre paso ya la tendencia a la versificación libre.

Aunque, al parecer, se inspiran en experiencias distintas, los poemas constituyen un corpus unitario, que va de la plenitud amorosa a la separación y el olvido. Están presentes tanto el goce carnal, como el sentimiento y la ternura. El poeta se dirige a una amada ausente; lo vemos desasosegado, presa de la tristeza y la melancolía.

Es un libro plenamente armónico, en el que se aúnan la emotividad y el cuidado atento. En la aparente sencillez reside su artificio. La frase se condensa, sin renunciar a una brillante adjetivación y una variada gama de recursos estilísticos.

A este mismo periodo pertenece Tentativa del hombre infinito, si bien es una obra mucho más compleja, que se inicia en la experimentación vanguardista. El influjo surrealista se hace patente en la novela El habitante y su esperanza.

 

ETAPA SURREALISTA Y DE COMPROMISO POLÍTICO. La plena madurez de nuestro poeta discurre en los dominios del Surrealismo. Se inicia con los dos volúmenes de Residencia en la tierra, donde hace gala de una extraordinaria riqueza lingüística y de imágenes que, debido a su irracionalidad, no resultan fácilmente interpretables. Los periodos son amplios y el ritmo muy marcado, envolvente. Se trata de un poemario caótico, perturbador, de gran tensión emocional, tendente al hermetismo, en el que expresa a gritos su desazón, su desesperanza y su angustia. Con tono apocalíptico, se centra obsesivamente en la idea de la destrucción; bucea a fondo en los males de nuestro mundo para dar un diagnóstico inmisericorde. Solo las composiciones más tempranas, en las que aletea aún el instinto amoroso, se alejan de estos rigores. El empleo predominante del verso libre le permite dar rienda suelta a su pensamiento, plasmado en construcciones sintácticas de extrema libertad.

Vendrá luego una Tercera residencia. Su primera parte es prolongación del ciclo anterior. Deriva después hacia una actitud comprometida, que lo lleva a una visión del mundo más esperanzada y solidaria. Viene a ser un diario poético de la guerra civil española, cuyo impacto se refleja sobre todo en España en el corazón. Neruda reclama por esos años una “poesía impura”, lejos de la tentación deshumanizadora.

Hito clave en su trayectoria es el Canto general, larguísimo poema de 15.000 versos libres, en el que se ocupa del mundo hispanoamericano, desde el compromiso de su militancia comunista. Exalta con acento épico su historia, sus tierras y sus gentes, siempre a favor del oprimido, al que invita  a alzar la voz. En la célebre sección titulada Alturas de Macchu Picchu se remonta a la civilización precolombina en busca de las raíces. La contemplación de esas ruinas legendarias lo lleva a hermanarse con el hombre y con la naturaleza. Es también un producto estético considerablemente complejo, un alarde de capacidad retórica y rítmica. Su mensaje va más allá de lo estrictamente político, aun cuando esta faceta sea muy importante.

 

CICLO ELEMENTAL. En el comienzo de una nueva etapa, Neruda publica Los versos del capitán, poemario amoroso, y Las uvas y el viento, que trata de sus viajes políticos durante la guerra fría.

El núcleo esencial lo constituyen sus célebres Odas elementales, seguidas de Nuevas odas elementales y Tercer libro de las odas. Abandona el Surrealismo y la complejidad de las obras anteriores para dirigirse a la gente sencilla, sin retórica ni artificios. Canta a las realidades más simples de la vida cotidiana (la cebolla, el pan, el vino…), símbolo de lo elemental y primitivo. Se interesa por el hombre que trabaja con sus manos, por el goce sensual y el mundo vegetal. La preocupación social salta a primer plano.

Cultiva también esta estética de lo prosaico en Navegaciones y regresos, Las piedras de Chile, Arte de pájaros

 

CICLO AUTOBIOGRÁFICO. ETAPA FINAL. En sus últimos años nuestro autor se orienta hacia la reflexión autobiográfica. Algunos títulos interesantes son Estravagario, Cien sonetos de amor, Plenos poderes, Geografía infructuosa

Además de su autobiografía poética en 5 volúmenes titulada Memorial de Isla Negra, que lleva el nombre del lugar donde ha construido su casa, nos deja unas interesantísimas memorias en prosa, Confieso que he vivido, publicadas póstumamente.

A esta etapa final pertenece su única pieza dramática, Fulgor y muerte de Joaquín Murrieta. Es un canto a la libertad, encarnada en la figura de un bandido legendario.

8.3. Octavio Paz.

 

Recibe en sus comienzos el influjo de Bretón y los surrealistas franceses, que adapta a su estilo propio. Integra asimismo el influjo de la poesía barroca española y de las corrientes orientales. Su lírica, eminentemente intelectual, se compone de un rico entramado de imágenes y percepciones sensoriales y se enriquece con la incorporación de componentes míticos.

Preocupado por el abandono y la soledad en que vive el hombre, incapaz de vislumbrar el sentido del mundo, y por la dolorida constatación de la nada a que se ve abocado, Octavio Paz se vuelca en los temas metafísicos y existenciales. Hay en su obra una proyección cósmica, un intento de comunicación con el universo y de desvelar el misterio que nos rodea. Con acentos quevedescos manifiesta su angustia ante el paso destructor del tiempo y la fusión de la vida y la muerte. Su estancia en la India le lleva a  ver la muerte como ampliación de una dimensión interior, pero recaerá en sus zozobras, inquieto siempre por esas “verdades oscuras” en las que no logra penetrar.

Desde su inicial postura solipsista, nuestro autor va evolucionando hasta concebir la poesía como instrumento de revelación, como experiencia que rompe los límites de la temporalidad. Insiste entonces en que la misión del lenguaje poético es liberar a las palabras de su funcionalismo, trasmutarlas, devolverles su pureza primigenia y convertirlas en un factor generador de libertad, que posibilite el diálogo del hombre con el cosmos.

Se ha subrayado en Octavio Paz su actitud abierta a todas las tendencias, lo que, sin embargo, no ha degenerado en un eclecticismo sin norte. Desde los primeros momentos, se ha valorado una voz personal cuya trayectoria parece atravesada por varias corrientes significativas que se entrelazan en poemarios a veces distantes en el tiempo.

Sus primeras obras son Luna silvestre, Entre la piedra y la flor y A la orilla del mundo. En 1937, como fruto de su toma de contacto con la guerra civil española, publica Raíz del hombre y Bajo tu clara sombra y otros poemas sobre España.

Este último libro y los que siguieron se agruparon en 1949 en Libertad bajo palabra, reeditado en 1960 con la incorporación de nuevos poemas y poemarios como Semillas para un himno y La estación violenta. En este volumen se incluyó Piedra de sol, que había visto la luz en solitario un año antes. Es un poema simbólico consagrado al amor desde una óptica panteísta. Las reflexiones metafísicas se entretejen con motivos de la mitología y la religión aztecas.

Homenajes y profanaciones vuelve la mirada al Quevedo de Amor constante más allá de la muerte; compone, mediante la glosa, un poema exaltador de la tensión erótica elevada a lo metafísico como abolición del tiempo y encarnación de la eternidad del instante.

Salamandra emplea el símbolo, tan caro a los petrarquistas, entre ellos Quevedo, del animal que vive en medio del fuego, para recrear, sin ligaduras lógicas, en un discurso que va hacia el hermetismo, los polos contradictorios del existir, entre la vida, el abismo del no ser y la resurrección.

En una fase posterior evoluciona desde el Surrealismo a una poesía más concreta. Llega incluso a preocuparse por la estructuración espacial del texto, en clara conexión con los caligramas de Apollinaire. Estos poemas visuales se encuentran en libros como Topoemas y Discos visuales.

La fascinación de la cultura y, sobre todo, la metafísica de Oriente, en la que ve la superación de las escisiones trágicas que atormentan al hombre occidental, da como fruto Ladera Este.

En su última etapa retorna a la poesía de inquietudes metafísicas y espirituales: Vuelta, Pasado en claro, Árbol adentro.

 

 

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