Tema 62. Las vanguardias literarias europeas…

TEMA 62. LAS VANGUARDIAS LITERARIAS EUROPEAS Y ESPAÑOLAS. RELACIONES.

 

1. LAS VANGUARDIAS.

 

El arte vanguardista representa un corte profundo en la evolución estética de Occidente: el abandono radical de la mimesis, la negación del realismo, que siempre había estado en el trasfondo de los movimientos de la renovación. La Vanguardia surge en medio de la guerra europea del 14, crece al calor de los años de desarrollo económico que siguen y desemboca en la crisis posterior a 1929. En veinte o veinticinco años (1915-1940) se suceden multitud de ismos, movimientos artísticos de carácter experimental: Futurismo, Cubismo, Dadaísmo, Expresionismo,… Muchos de los ismos no tienen más expresión que el manifiesto con que se dan a conocer; en cambio, otros constituyen la clave de una nueva concepción del arte. Así, el Cubismo en las artes plásticas, o el Surrealismo en las plásticas, literarias y cinematográficas.

La Vanguardia, al compás de los acontecimientos históricos, va evolucionando desde las audacias despreocupadas y los caprichos de la primera época hasta la literatura de propaganda y compromiso político de la última. Existe una notable diferencia entre los países de tradición casi exclusivamente europea (la propia España, Argentina, Uruguay, Chile) y los que tienen una amplia población mestiza e indígena. En los primeros, los problemas políticos están estrechamente ligados a la lucha de clases y a los acontecimientos de la Europa que camina de la Guerra del 14 a la II Guerra Mundial, con el prólogo terrible de la guerra civil española de 1936. En los países con población amerindia el conflicto central será en todo momento la marginación brutal de ese colectivo. El indigenismo, que ya tenía larga tradición desde finales del siglo XIX, adquiere nuevo vigor al adoptar fórmulas narrativas que van más allá de los esquemas realistas. El expresionismo, la inserción de elementos mágicos, la incorporación de rasgos lindantes con lo surreal ensanchan los límites tradicionales del genero.

Como vemos, los “ismos” vanguardistas se suceden en Europa a un ritmo muy rápido. Algunos pasan como efímeras modas; otros dejan una huella imborrable. Nosotros nos limitaremos a examinar a continuación aquellos que aportaron cambios sustanciales en la literatura entre principios de siglo y 1939.

2. EL FUTURISMO.

 

En 1909, Marinetti, escritor italiano, publica su primer Manifiesto. Niega cualquier forma de arte pasado y presente, y exalta con optimismo la civilización mecánica y las conquistas de la técnica. La literatura escogerá, por tanto, nuevos temas, nuevos mitos: la máquina, el avión, la energía eléctrica, el deporte… De dichas composiciones derivaba igualmente cierto tipo de humor mundano entre lúdico, admirativo y desesperanzado. El estilo busca el dinamismo, la rapidez verbal, rompiendo a veces con la sintaxis”, para dejar “las palabras en libertad”. La figura más significativa del futurismo es el ruso Mayakouski. Su verdadera importancia reside en el hecho de que abrió sus puertas a temas inéditos hasta entonces y a nuevas posibilidades de lenguaje.

3. EXPRESIONISMO.

 

Surge en Alemania en 1911, teniendo como mayor difusor a Ivan Goll. Es el movimiento de vanguardia más difícil de identificar. Es el resultado de la situación política de Alemania antes y tras la Primera Guerra Mundial. Se basa en la expresión de sentimientos subjetivos, más que en una descripción de la realidad. Personajes y escenarios se presentan de un modo distorsionado, con la idea de producir un gran impacto emocional. Por este mismo motivo se realza la fealdad, lo demoniaco, el poder de las tinieblas y un gusto sadomasoquista por lo catastrófico. Destacan el caos como medio donde se desenvuelve el protagonista.

En el terreno literario, los temas fundamentales están inspirados por la visión crítica de la sociedad y los sentimientos de horror, sufrimiento y solidaridad generados por la catástrofe de la Primera Guerra Mundial.

4. EL CUBISMO.

 

Nace como escuela pictórica hacia 1907 destacando, sobre todo, la figura del malagueño Picasso. Pero el llamado cubismo literario arranca en 1913 gracias a Guillaume Apollinaire y a otros poetas franceses. Como en la pintura, el cubismo literario se propone descomponer la realidad para proceder a composiciones libres de conceptos, imágenes o frases.

En poesía, el cubismo intenta eliminar lo anecdótico; los poemas carecen de puntuación y su métrica es irregular; el poema se convierte en una sucesión de anotaciones, de presentación de estados de ánimo, sin enlace visible, sin continuidad cronológica: se confunde lo presente, lo pasado y lo futuro. No hay elaboración. Se intenta crear una obra de arte con autonomía absoluta, y no por las confrontaciones que puedan hacerse con la realidad. Mencionar también (sobre todo, tras los famosos Caligramas de Apollinaire) las especiales disposiciones tipográficas de los versos, formando “imágenes visuales”. Este y otros artificios, como el “collage” serán aprovechados por posteriores movimientos vanguardistas.

5. EL DADAÍSMO.

 

Nace en Zurich (Suiza) en 1916 de la mano del poeta Tristan Tzara. Su nombre “dadá” no significa nada, es el de un balbuceo infantil. Fue elegido al azar, abriendo un diccionario con un cuchillo. Dadá tiene en común con otros ismos el afán de ruptura, el gusto por la provocación y el escándalo. Nota predominante es el sentido del humor. No se toman nada en serio, ni siquiera el Arte. Se trata de la rebeldía pura: contra la lógica, contra las convenciones estéticas o sociales, contra el sentido común. En el fondo, es la violenta repulsa de una racionalidad que ha llevado al absurdo de la 1ª Guerra Mundial (1914-1918). Propugna liberar la “fantasía de cada individuo”, superar todas las inhibiciones y recurrir a un lenguaje incoherente. Junto a Tzara destacan Breton, Eluard, Aragon… luego importantes surrealistas. En el fondo, el gran papel de Dadá fue preparar el camino para el Surrealismo.

6. EL SURREALISMO.

 

Se trata de un cambio radical en la concepción del arte y del trabajo del artista. André Breton lo preside y publica en 1924 el Primer Manifiesto, en donde a las audacias del Dadaísmo añade concepciones filosóficas de Freud y Marx. Pretende ser una revolución integral. Su gran lema sería “transformar la vida”. Y propugna la liberación del hombre y de su capacidad creadora. Liberación de los impulsos naturales del hombre reprimidos en el subconsciente por una razón sumisa a las convenciones morales y sociales.

De ahí también el propósito de liberar el poder creador del hombre. Se deberá escribir (o pintar, etc.) al dictado de un pensamiento libre de toda vigilancia ejercida por la razón. Se utilizaron para ello técnicas diversas: la escritura automática, realizada sin reflexión, a veces bajo la influencia de drogas, wel collage de frases recortadas al azar de periódicos, la interpretación de sueños,… Según Freud, en los sueños aflora el mundo del subconsciente, pero en forma de imágenes ilógicas, cuya estructura patente, o superficial es símbolo de contenidos latentes o profundos, en virtud de ciertas transformaciones.

Así pues se produce una liberación del lenguaje con respecto a lo que sería la expresión normal o lógica. En un poema surrealista, se mezclan objetos, conceptos y sentimientos que la razón mantiene separados; asociaciones libres e inesperadas de palabras, metáforas insólitas… Es un lenguaje que no se dirige a nuestra razón, sino que quiere despertar en nosotros sentimientos y reacciones también inconscientes. Ante un poema de este tipo, el lector no comprende, pero puede recibir fuertes impactos que le produzcan emociones profundas. Podemos decir, por tanto, que el Surrealismo inauguró también un nuevo modo de leer.

7. LAS VANGUARDIAS EN ESPAÑA.

7.1. Repercusiones de los “ismos” en España.

 

España está en consonancia con el resto de Europa. Los ismos se dejarán sentir pronto en nuestras letras.

En literatura las vanguardias tienen como pionero e impulsor a Ramón Gómez de la Serna, original creador de excéntrico comportamiento, fundador de la famosa tertulia de Pombo. La más genuina expresión del universo ramoniano son las greguerías, frases a veces brevísima en las que se recoge una metáfora ingeniosa, una imagen insólita, un pensamiento juguetón y atrevido, poniendo en relación realidades aparentemente dispares.

Sus novelas son, en buena media, una acumulación de greguerías: El incongruente, El novelista, El torero Caracho… También abundan estas imágenes en sus agudas biografías: Don Ramón María del Valle-Inclán, Lope viviente… y en otras piezas misceláneas: El rastro, que revela su amor por los objetos, Senos, El circo… Muy interesante es El doctor inverosímil, con un repertorio de “casos desesperados y oscuros” en los que interviene un extraño médico que cura las dolencias de cuerpo y alma.

Ramón escribió también algunas piezas teatrales, igualmente originales y sorprendentes pero con escasa consistencia y dominio técnico. Su mayor valor es el intento de renovación que las anima. Destaca en particular Los medios seres, de sello vanguardista.

En el ambiente literario del momento, proliferan las tertulias y revistas donde el Vanguardismo halla acogida o comentario. Entre las tertulias son famosas las del Café de Pombo, presidida como ya sabemos por “Ramón”, o la del Café Colonial, en torno a Cansino-Assens. Son muchas las revistas interesantes aunque de vida efímera; dos son esenciales: la Revista de Occidente y La Gaceta Literaria. Tras estos datos se observa un hervor de inquietudes y experiencias.

El movimiento más influyente en España fue el SURREALISMO. Fue conocido tempranamente: a la traducción del Manifiesto en 1925 hay que añadir las visitas de Breton a Barcelona (1922) y la de Aragon a la Residencia de Estudiantes de Madrid (1925), donde vivían Buñuel, Lorca, Dalí… Pero la difusión del Surrealismo en España debe mucho al poeta Juan Larrea. A él debe atribuirse (según Cernuda) la orientación surrealista de varios poetas del “27”. Para otros es fundamental la influencia de Dalí o de Buñuel. Lo cierto es que casi todos los componentes del grupo, en cierto momento de su evolución, quedaron fuertemente marcados por el Surrealismo. A su influjo, se deben dos libros fundamentales como Sobre los ángeles de Alberti o Poeta en Nueva York de Lorca, así como buena parte de la obra de Aleixandre.

Pero en general, el Surrealismo español no es ortodoxo: nuestros poetas no llegaron a los extremos de la pura creación inconsciente, ni practicaron la “escritura automática”. Podemos ver en sus poemas una intencionada idea creadora como hilo conductor de las mayores audacias. Lo que sí hubo es una liberación de la imagen, desatada de bases lógicas; y con ello, un enriquecimiento prodigioso del lenguaje.

En definitiva, el Surrealismo supuso la crisis del ideal de “pureza” y “deshumanización” que había estado vigente durante unos años. Con el surrealismo, lo humano, e incluso lo social y lo político, penetrarán de nuevo en la literatura. Así lo prueban, entre otras, las trayectorias de Lorca, Alberti o Neruda.

 

7.2. Futurismo, ultraísmo, creacionismo y postismo en España.

 

FUTURISMO. Se conoció pronto en España: Ramón publicó en 1910 su manifiesto en la revista Prometeo. Pero no creó escuela. Sí se hallaran huellas de su temática, esporádicamente, en poetas del 27 (Salinas escribe poemas a la bombilla eléctrica o a la máquina de escribir; Alberti canta a actores de cine o a un portero de fútbol…).

 

ULTRAÍSMO: Hallamos elementos futuristas, cubistas… Es un efímero movimiento español, cuyo primer manifiesto aparece en 1919, en la revista Cervantes. En 1923 estaba ya agonizando. Sus principales características son:

 

a)     Piden la independencia de la metáfora y de la imagen.

b)     Desdeñan lo ornamental: sus versos (siempre libres) son simples, casi esquemáticos, sin concesiones a la belleza externa y, a menudo, buscan la tipografía expresiva, aunque sin llegar al caligrama.

c)     Desprecia lo sentimental y buscan emociones intelectuales o irracionales. Aman lo industrial y lo mecánico.

 

Su principal motor fue Guillermo de Torre, y también estuvieron ligados al ultraísmo Borges, Ramón Gómez de la Serna, Gerardo Diego…

 

CREACIONISMO. Iniciado en París por el poeta chileno Vicente Huidobro y el francés Pierre Reverdy. En 1918, Huidobro lo da a conocer en España. “Los creacionistas queremos hacer un arte que no imite ni traduzca la realidad”. Se aleja, por tanto, de la realidad y tiende a la abstracción. El poema será un objeto autónomo, “creación absoluta” (no imitación). El poeta cultivará el juego de azar de las palabras. La imagen no se basará en la comparación entre dos realidades: éstas se aproximan de modo gratuito en virtud de una relación arbitraria que el poeta “crea” entre ellos. Seguidores de Huidobro son Juan Larrea (luego surrealista) y Gerardo Diego (su máximo representante).

El creacionismo tendía al empleo de la metáfora, así como a la mayor precisión expresiva, gracias a que se evitaba el uso de las aposiciones explicativas, de los nexos innecesarios y de los adjetivos inútiles. Al igual que los demás movimientos de vanguardia, el creacionismo desechó los moldes poéticos tradicionales, tendiendo, por consiguiente, al verso libre y sin ningún tipo de rima, más cercano a las formas coloquiales y meditativas que a la musicalidad buscada en las composiciones de siglos anteriores.

 

POSTISMO. Nace en 1945 en Madrid. Está representado, sobre todo, por Eduardo Chicharro y Carlos Edmundo de Ory, que se hallan en el café Pombo. Su intento, muy próximo al surrealismo (se habla de surrealismo hispánico) es, no obstante, revisar la estética de todas las vanguardias de las primeras décadas del siglo. Reivindica la libertad expresiva, la imaginación, lo lúdico. Rechaza la angustia existencialista y, frente a la inmediata poesía social, se presentará como una rebeldía subjetiva, aunque no menos antiburguesa.

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