Tomás de Iriarte. Los dos conejos.

Es evidente el carácter didáctico de la literatura neoclásica y, sobre todo, de las fábulas de Iriarte. En este caso nos indica que no debemos detenernos en cuestiones secundarias olvidando la principal.

Tomás de Iriarte. El burro flautista.

Los neoclásicos pensaban que el arte debía estar sometido a reglas si quería alcanzar la perfección y lo concebían con un fin didáctico. Esta fábula insiste en estos dos aspectos y se ha hecho tan popular que ha pasado al acervo común.

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