Francisco Brines. Mis tres fauces

El perro aquel aulló varios veranos / siempre solo en la casa abandonada. En la voz del propio autor. Carpe diem

Francisco Brines. Muros de Arezzo

Dentro de aquella descarnada iglesia / la nave era una sombra, cuyo aliento / era un vaho de siglos, y en la hondura / vimos la luz sesgando el alto muro.

Francisco Brines. Alocución pagana

¿Es que, acaso, estimáis que por creer / en la inmortalidad, / os tendrá que ser dada?

Francisco Brines. Mere Road

Lo irreparable del transcurso del tiempo produce melancolía de ánimo y una cierta unión con lo misterioso que se plasma perfectamente en el libro Palabras a la oscuridad, 1966, del que se extrae este poema que lee el propio autor.