Pedro Salinas. Para vivir no quiero…

Salinas concibe el amor como la fusión del tú y el yo; para ello los amantes han de renunciar al aislamiento, representado por los sustantivos de los versos iniciales, y desprenderse de todo lo accesorio para lograr así la plenitud del amor.

En cuanto a la métrica de este fragmento de La voz a ti debida se caracteriza por la simplicidad de unos versos son breves carentes de rima. El léxico que utiliza está marcado por la sencillez de los sustantivos concretos y la ausencia casi total de adjetivos, salvo para la descripción de la amada; por las enumeraciones caóticas y por la enorme densidad expresiva que se ve materializada en el propio uso de los pronombres.

Para vivir no quiero.

Para vivir no quiero
islas, palacios, torres.
¡Qué alegría más alta
vivir en los pronombres!
Quítate ya los trajes,
las señas, los retratos;
yo no te quiero así,
disfrazada de otra,
hija siempre de algo.
Te quiero pura, libre,
irreductible: tú.
Sé que cuando te llame
entre todas las gentes
del mundo,
sólo tú serás tú.
Y cuando me preguntes
quién es el que te llama,
el que te quiere suya,
enterraré los nombres,
los rótulos, la historia.
Iré rompiendo todo
lo que encima me echaron
desde antes de nacer.
Y vuelto ya al anónimo
eterno del desnudo,
de la piedra, del mundo,
te diré:
«Yo te quiero, soy yo».

Pedro Salinas, La voz a ti debida, vv 494 a 521, 1933

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