Nocturno muerto



Primero un aire tibio y lento que me ciña

como la al brazo enfermo de un enfermo

y que me invada luego como el silencio frío

al cuerpo desvalido y muerto de algún muerto.


Después un ruido sordo, azul y numeroso,

preso en el caracol de mi oreja dormida

y mi voz que se ahoge en ese mar de miedo

cada vez más delgada y más enardecida.


¿Quién medirá el espacio, quién me dirá el momento

en que se funda el hielo de mi cuerpo y consuma

el corazón inmóvil como la llama fría?


La tierra hecha impalpable silencioso silencio,

la soledad opaca y la sombra ceniza

caerán sobre mis ojos y afrentarán mi frente.

 

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