Narrativa española del 39 al 75. Visión general.

Con esta entrada pretendemos ofrecer una visión general de la narrativa española durante el franquismo. Apropiada para introducir al alumnado de segundo de bachillerato en este periodo.

Contexto histórico

Este periodo de la historia coincide en España con la dictadura del general Franco. Tras el golpe de estado de 1936 se inicia la guerra civil en España que enfrenta a dos bandos: los nacionales, que se alzan contra el gobierno democrático de la Segunda República, y los republicanos, que la defienden. Con la victoria del bando nacional en 1939 da comienzo la dictadura de Franco, que se prolonga hasta su muerte en 1975. A nivel social, tras el trauma de una guerra, la población no exiliada sufre una dura posguerra con escasez de alimentos y todo tipo de materias primas, acrecentada por el bloqueo de las naciones occidentales, que tras la Segunda Guerra Mundial (1940-1945), niegan su ayuda al único régimen fascista que ha continuado en pie, gracias a su posición neutral en la contienda mundial. Estas duras condiciones comienzan a desaparecer en los años 60 con la llegada del Plan Marshall en la década anterior y los tratados para situar bases militares estadounidenses en España, lo que produce la apertura del régimen al exterior.

Los años 40. La posguerra

La narrativa del exilio:

Los autores desterrados añoran la España perdida, aunque la temática es muy variada. Proliferan los libros de memorias y las autobiografías, como La arboleda perdida de Rafael Alberti.

Otros autores y sus obras son: Max Aub con Campo francés; Ramón J. Sender con el conjunto de novelas Crónica del Alba (1942 a 1946) y Réquiem por un campesino español (1953); Francisco Ayala y Los usurpadores (1949); Rosa Chacel con Memorias de Leticia Valle (1945) y Arturo Barea con La forja de un rebelde (1940-45).

La narrativa del interior:

La pérdida de referencias literarias por la muerte de escritores como Unamuno, Valle y el exilio a causa de la guerra, así como la censura, hace necesario crear una nueva tradición novelística que retoma en parte la narrativa realista de Galdós o Baroja, rompiendo con el vanguardismo y la experimentación de antes de la guerra.

La novela se puede clasificar dentro de tres tendencias. En todos ellos hay una visión pesimista y existencial de la realidad:

  • Ideológica: auspiciada por el régimen, los vencedores son los buenos y los vencidos los malos. Javier Mariño (1943) de Gonzalo Torrente Ballester.
  • Realista clásica: cuentan la vida de la burguesía con sus valores y comportamientos. El argumento es muy extenso, con una larga sucesión de hechos en un periodo largo de tiempo. Es la llamada novela río. Mariona Rebull (1943) de Ignacio Agustí.
  • De humor y fantasía: se crean mundos imaginarios para evadirse de una realidad demasiado terrible. El bosque animado (1943) de Wenceslao Fernández Flórez.

Por otro lado se produce una renovación de la novela con La familia de Pascual Duarte (1944) de Camilo José Cela. Esta obra, con influencias de Quevedo y el lazarillo, pero con un tono más agrio y directo, inauguró el llamado tremendismo que se caracteriza por mostrar los aspectos más sórdidos de la realidad de una manera cruda.

Pascual Duarte, vive en un pueblo de Extremadura y solo conoce la violencia como forma de solucionar los problemas que le surgen en la vida. El argumento es truculento, sórdido, violento. Su influencia llega a los años 50 hasta el realismo social cultivado por Fernández Santos y Aldecoa entre otros.

Otras obras que renuevan la novela en este periodo son Nada (1945) de Carmen Laforet, situada en el ambiente urbano de Barcelona, cuenta la historia de una chica que se traslada a casa de su abuela en Barcelona para estudiar en la universidad. Tiene tintes autobiográficos y profundiza en la desolación psicológica, y Los Abel (1948) de Ana María Matute, que muestra características neorrealistas. Esta obra se inicia con gran lirismo y poco a poco se sumerge en un realismo exacerbado. La mirada protagonista infantil o adolescente es lo más sobresaliente y marca un distanciamiento afectivo entre realidad y sentimiento o entendimiento.

Los años 50. El realismo social

Cela con La Colmena (1951) renueva la novela en este periodo. La obra denuncia la realidad de la sociedad española del momento. Se enmarca en el realismo crítico ya que no solo muestra la realidad, sino que también la explica y la denuncia. El protagonista es colectivo; hay unos trescientos personajes, la mayoría de clase media baja, pequeña burguesía venida a menos, con una situación inestable y un futuro incierto. Se desarrolla en Madrid, en unos días de 1943. Las innovaciones de esta obra serán aprovechadas por los autores de los 60.

Le siguen en esta renovación Miguel Delibes con El camino (1950), también dentro del realismo crítico. Ambientada en un ambiente rural de posguerra, con niños como protagonistas, trata temas como la naturaleza, la muerte, el amor y la amistad, etc. Hay también una crítica de costumbres; Rafael Sánchez Ferlosio con El Jarama (1955), en la vertiente llamada realismo objetivista, donde el narrador presenta los hechos con objetividad y reproduce los diálogos como si antes se hubieran grabado. El narrador intenta pasar desapercibido, sin hacer comentarios o interpretaciones personales. Ignacio Aldecoa, El fulgor y la sangre (1954) y Con el viento solano (1956); Jesús Fernández Santos, Los bravos (1954); Ana María Matute, Pequeño teatro (1954) y Los hijos muertos (1959); Carmen Martín Gaite, El balneario (1954) y Entre visillos (1957) y Luis Romero con La noria (1951) completan las obras fundamentales de esta época. La temática es variada. Se refleja tanto el mundo rural como el urbano.

Cuento en los años 50

El cuento tiene un gran desarrollo en la época. Participa también del realismo social de la novela de los 50. Pero los temas son más variados, así como las características de los autores. Destacan Medardo Fraile autor de Con los días contados (1954) Carmen Martín Gaite con Las ataduras (1960) y Ana María Matute con Caballito loco (1961), a principios de la siguiente década.

Los años 60. Renovación de la novela

La renovación en la novela tiene que ver con la influencia de modelos europeos y norteamericanos de los años 20, como Kafka, Proust y Joyce, así como de la novela hispanoamericana con Vargas Llosa, La ciudad y los perros, y Cortázar, Rayuela, fundamentalmente.

La obra fundamental que renueva este periodo es Tiempo de silencio (1962) de Luis Martín-Santos. Rompe con el realismo social precedente para llegar a lo que el autor llama “realismo dialéctico” a través de nuevas técnicas narrativas inspiradas en la obra de James Joyce, autor del Ulises, como el monólogo interior. Además utiliza también la segunda persona y el estilo indirecto libre. La novela habla de la frustración, la impotencia y el desarraigo de un joven médico investigador del cáncer en el Madrid de los años 50, reflejando la realidad nacional en ese marco social concreto. Otras obras importantes son: la trilogía de Los gozos y las sombras (1957-62) de Gonzalo Torrente Ballester; Cinco horas con Mario (1966) de Miguel Delibes; Señas de identidad (1966) de Juan Goytisolo; Últimas tardes con Teresa (1966) de Juan Marsé; Volverás a Región (1967) de Juan Benet y San Camilo 1936 (1969) de Camilo José Cela.

Características de la novela experimental

Se inicia la experimentación en la novela, produciéndose los siguientes cambios y nuevas técnicas narrativas:

  • Desaparición del narrador omnisciente.
  • Uso del perspectivismo (diversos enfoques de la misma historia)
  • Se relega a un segundo plano el argumento: la anécdota tiene un papel más importante. Finales abiertos.
  • En la estructura desaparece el capítulo y aparecen las secuencias (no numeradas).
  • Las técnicas más usadas son el contrapunto (combinar diversas historias) y el caleidoscopio (mostrar muchos elementos a la vez).
  • Se rompe la regularidad temporal y se crea un caos cronológico (por influencia del cine) con avances y retrocesos temporales (prolepsis y analepsis).
  • El protagonista está en conflicto con el entorno o consigo mismo.
  • Se utiliza el monólogo interior, que reproduce en primera persona los pensamientos de un personaje como brotan de su conciencia, desordenados, caóticos, sin lógica ni articulación coherente. Esto lo diferencia del soliloquio.
  • El narrador interviene y denuncia (sátira, parodia).
  • Estilística: gran riqueza lingüística. Nuevas palabras (neologismos). Desaparece la frontera entre prosa y verso así como la puntuación.
  • Adquiere importancia lo visual.

Periodo predemocrático: 1970-1975

Durante los 60 se cierra el periodo de posguerra, si bien la contienda bélica sigue siendo motivo de muchas novelas actuales. Se produce una mínima relajación de la censura. Paralelamente se desarrolla la nouveau roman y el boom de la novela hispanoamericana, así como el contacto con novelistas en el exilio. Ello favorece una mayor libertad para los novelistas, y ello, permite la experimentación narrativa.

Destacamos obras como Una meditación (1970) y Un viaje de invierno (1972), de Juan Benet; Reivindicación del Conde don Julián (1970), de Juan Goytisolo; La saga/fuga de J. B. (1972), de Gonzalo Torrente Ballester.

Cuando se empieza a dejar atrás el interés por la experimentación, los autores se centran más en la trama y la estructura de la novela es más simple y lineal, más tradicional. Surge una gran variedad de tendencias: novelas policíacas, de aventuras, de intriga, costumbristas, fantásticas, de amor, novela negra, etc.

Entre los autores y obras más destacados de esta época están Eduardo Mendoza con La verdad sobre el caso Savolta (1975); Juan Marsé con La oscura historia de la prima Montse (1970) o Si te dicen que caí (1973) y Manuel Vázquez Montalbán con la saga del detective Pepe Carvalho iniciada en 1972 con Yo maté a Kennedy. Así, la novela seguirá diversos itinerarios, vinculados a veces a las necesidades editoriales y al éxito, hasta alcanzar a los lectores de hoy.

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