Mujer puntiaguda con enaguas. Quevedo

Todo este poema es una serie de figuras que desarrollan la imagen puntiaguda de la mujer con sus enaguas (pirámide, peonza al revés, pan de azúcar, chapitel, ciprés). Un ejemplo clarísimo de lo que se considera conceptismo. 

Si eres campana, ¿dónde está el badajo?;
si pirámide andante, vete a Egito;
si peonza al revés, trae sobrescrito;
si pan de azúcar, en Motril te encajo.

Si chapitel, ¿qué haces acá abajo?
Si de diciplinante mal contrito
eres el cucurucho y el delito,
llámente los cipreses arrendajo.

Si eres punzón, ¿por qué el estuche dejas?
Si cubilete, saca el testimonio;
si eres coroza, encájate en las viejas.

Si büida visión de San Antonio,
llámate doña Embudo con guedejas;
si mujer, da esas faldas al demonio.

Francisco de Quevedo.

 

La interpretación es obscena e inicia las continuas comparaciones de la mujer con objetos puntiagudos.

Las peonzas llevaban una serie de letras escritas, el sobrescrito. Es a esta ausencia a la que se refiere Quevedo.

En Motril se elaboraba el pan de azúcar que debía tener la forma con la que juega continuamente Quevedo.

Pieza piramidal, poligonal o cónica, que remata la parte superior de una torre o cubierta, generalmente de una iglesia.

Hace referencia no al penitente sino al delincuente que se sacaba por las calles con un cucurucho en la cabeza. Otra vez la misma imagen.

El arrendajo es un ave con especial facilidad para la imitación.

Gorro de papel de figura cónica untado con engrudo que se ponía por castigo en la cabeza de ciertos condenados en el Tribunal de la Inquisición; en ocasiones llevaba dibujos alusivos.

Con forma afilada.

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