Miguel de Unamuno. La unión con Dios

Miguel de Unamuno. La unión con Dios

Este soneto está muy influenciado por la poesía religiosa de Fray Luis y de San Juan. En el caso de Unamuno tiene una particularidad pues esa fusión parte de un enfrentamiento previo entre el yo angustiado de Unamuno y el propio Dios; es la viva imagen de la paradoja entre el ansia de Dios y la fuerte identidad del yo unamuniano. Esta lucha se palpa en las aliteraciones de fonemas vibrantes de todo el poema.

Como particularidades de este fantástico soneto habría que destacar el hecho de que el primer verso no es sino la traducción de la cita inicial de Miguel Ángel; pero la metaliteratura no termina aquí pues el verso 9 es una oración tomada directamente del Padrenuestro. Destacar finalmente la alusión a Luzbel, el príncipe de los ángeles rebeldes, en quien no es difícil identificar a ese Unamuno rebelde que, por un lado, siente el deseo de fusión con Dios y, por otro, no termina de renunciar a su combativa personalidad.

La unión con Dios

Vorrei voler, Signor, quel ch’io non voglio
Miguel Ángel.

Querría, Dios, querer lo que no quiero;
fundirme en Ti, perdiendo mi persona,
este terrible yo por el que muero
y que mi mundo en derredor encona.

Si tu mano derecha me abandona,
¿qué será de mi suerte? prisionero
quedaré de mí mismo; no perdona
la nada al hombre, su hijo, y nada espero.

«¡Se haga tu voluntad, Padre!» —repito—
al levantar y al acostarse el día,
buscando conformarme a tu mandato,

pero dentro de mí resuena el grifo
del eterno Luzbel, del que quería
ser, de veras, ¡fiero desacato!

Miguel de Unamuno. Rosario de sonetos líricos, 1911

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