Miguel de Unamuno. La sangre del espíritu

Miguel de Unamuno. La sangre del espíritu.

Este poema es un verdadero elogio de la lengua y de su poder aglutinador de una comunidad. Se apoya incluso en autores previos a la formación del español, como Séneca, y se fija posteriormente en Alfonso X y su obra como difusor científico en nuestra lengua; en Colón como el origen de la difusión lingüística posterior y finalmente en dos políticos geográficamente muy alejados: el mejicano Benito Juárez y el filipino José Rizal, que se constituyen en símbolos de los límites geográficos de una lengua que unida en torno al Quijote como libro fundamental y al que Unamuno denomina Evangelio.

La sangre del espíritu

La sangre de mi espíritu es mi lengua
y mi patria es allí donde resuene
soberano su verbo, que no amengua
su voz por mucho que ambos mundos llene.

Ya Séneca la preludió aun no nacida,
y en su austero latín ella se encierra;
Alfonso a Europa dio con ella vida,
Colón con ella redobló la tierra.

Y esta mi lengua flota como el arca
de cien pueblos contrarios y distantes,
que las flores en ella hallaron brote

de Juárez y Rizal, pues ella abarca
legión de razas, lengua en que a Cervantes
Dios le dio el Evangelio del Quijote.

Miguel de Unamuno. Rosario de sonetos líricos, 1912

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