Manuel Mújica Lainez.

Manuel Mújica Láinez

La fantasía por la palabra

Vida

Manuel Mujica Lainez (conocido familiarmente como Manucho por sus allegados y por el público que tanto le leía y apreciaba) nació en Buenos Aires el 11 de septiembre de 1910,  dentro de una familia de ilustres apellidos de origen español que se remontaban hasta el fundador Juan de Garay.
Tras unos primeros estudios en la capital bonaerense, en 1923 la familia se ve obligada a trasladarse a Europa, y será en Francia e Inglaterra donde nuestro autor reciba la profunda huella de las lenguas y la cultura de los clásicos (de hecho, la primera de sus novelas, escrita en francés, tratará sobre el monarca Luis XVII y se la dedicará a su padre; luego, durante toda su vida fue traductor de clásicos como Moliere, Racine y Shakespeare, entre otros).
De regreso a su patria inicia estudios de Derecho, hasta que en el año 1932 ingresa en el diario “La Nación” donde comienza una carrera larga y fructuosa en el periodismo y la crítica. En 1936 empieza también su larga y prolífica carrera literaria, abierta con “Glosas castellanas” y “Don Galaz de Buenos aires”; le siguen las vidas de escritores gauchescos como Aniceto el Gallo, Anastasio el Pollo, Estanislao del Campo o Miguel Cané (antepasado suyo).
Durante toda su vida ocupó diferentes puestos en el mundo de la cultura argentina: funcionario del Museo Nacional de Arte Decorativo, vicepresidente de la Sociedad Argentina de Escritores, miembro de la Academia Argentina de Letras y de la Nacional de Bellas Artes. Obtuvo, así mismo, diferentes reconocimientos por su obra, entre los que merecen destacarse el Premio Nacional de Literatura por “Bomarzo” en 1963 y poco después el Premio Kennedy por la misma obra, junto a la legendaria “Rayuela” de Cortázar.
Su literatura, ampliamente traducida, mereció importantes reconocimientos internacionales en Italia (Comendador de la Orden del Mérito) y en Francia (Legión de Honor.
En 1969 la familia se traslada a la Cruz Chica, donde habita la casa colonial  de estilo español llamada “El Paraíso”; allí encontrara el retiro, la tranquilidad y la fuerza necesarios para seguir su minuciosa y preciosista tarea creativa hasta su muerte en 1984.

Temas y estilo

La fecunda obra literaria de Manucho se caracteriza en esencia por el gusto de la belleza expresiva y, temáticamente, por dos aspectos: su amor por la Historia (la de Argentina y la de grandes momentos del esplendor cultural europeo) y la fantasía. Sus letras están llenas de elegancia en el saber y en la evocación del pasado junto con un gusto exquisito por el arte de los clásicos: el recuerdo del pasado histórico, en lo cotidiano, como presente de la condición humana, se realiza mediante una documentación detallista y una fantasía desbordante. El realismo y la magia unidos en perfecta intimidad concluyen en el arte de la palabra como manifestación de lo más profundo del alma humana
A ello se le suma un tono melancólico a la vez que jovial, decadente e irónico, humorístico y trágico. Genial en el uso de cualquiera de estos registros, Mujica Lainez, un dandy de la retórica, hace una literatura llena de sentimientos y de sensualidad mediante un estilo literario que se sirve de un español culto, con un lujo inigualable: el léxico, adornado hasta el barroquismo; la sintaxis, generosa y exuberante.
Muy originales son también las voces de sus narradores (un ilustre príncipe difunto, un escarabajo egipcio, un hada mítica…) y la estructura cronológica de sus narraciones cortas.

Selección de obras

 Sobre la Argentina:

Aquí vivieron (1948)

Son veintitrés relatos independientes que recrean, con la perspectiva nostálgica de un mundo que desaparece, la Historia en torno a una quinta en los Montes Grandes, próxima a Buenos Aires, desde finales del siglo XVI hasta comienzos del XX.
Por ellos pasan diferentes protagonistas: esclavos africanos, nobles españoles, mulatos, jóvenes aventureros, refugiados, pulperos, criollos, extranjeros enemigos de España, poetas románticos, desterrados al Uruguay, un coleccionista, emigrantes italianos, hombres que viven de extraños recuerdos… Todos sirven para contar las pasiones y odios, las ilusiones, los fastos y las penurias, alegrías y dramas que protagonizan los principales momentos del pasado argentino: desde su fundación y colonización hasta la independencia y el hundimiento de las viejas familias, los rancios linajes, que han vivido y muerto en la quinta, símbolo del devenir humano.. Junto con la Historia, cómo no, las supersticiones y las leyendas.

Misteriosa Buenos Aires (1950)

Siguiendo la misma estructura del libro anterior, presenta cuarenta y dos relatos de corte histórico y fantástico desarrollados por diferentes voces y personajes que narran la intrahistoria de la capital argentina desde su primera fundación (con la presencia de don Juan de Garay) hasta el siglo XX. Conquistadores, mujeres aventureras, bufones, criollas, hombres de circo, gauchos y santos, negros, artesanos, acompañados de referencias literarias a otros autores argentinos como Ascasubi o Estanislao del Campo. De nuevo aparecen el detallismo histórico junto con la magia, lo sobrenatural y la sensualidad. Un reconocimiento y homenaje a cuantos hicieron posible la creación de la grandiosa ciudad austral.

Los ídolos (1953)

Novela que trata la amistad de dos jóvenes adolescentes en torno a un libro legendario, “Los ídolos”, escrito por un autor exiliado, el genial y misterioso Lucio Sansilvestre. Sus vidas se alejarán, su ídolo será cuestionado y morirá, dando pie a la reconstrucción del origen de su amistad: en el seno de una ilustre y extraña familia porteña en declive; en el lujo que da paso a la decadencia.
Una novela elegantísima, enigmática, arropada desde el comienzo por una intriga rebosante de relaciones sugeridas, secretos íntimos, escenas melodramáticas y un desenlace incierto.

 Novelas europeas:

 Bomarzo (1962)

 La más emblemática novela del autor nació de un viaje que Mujica Lainez hizo al emblemático “bosque de Bomarzo” en Viterbo (Italia). Tuvo, tras su exitosa y premiada publicación, su propia versión operística de manos de Ginastera, composición representada en los Estados Unidos y prohibida, en un principio en Argentina.
Trata la vida de Pier Francesco Orsini, Príncipe de Bomarzo, en un extenso relato que él mismo cuenta siglos después de su muerte. Nació en 1512 -bajo los auspicios de un horóscopo que le anunciaba una fama inmortal- con varias deformidades físicas (una cojera, la espalda desviada, una joroba). Hijo de un implacable y ambicioso condottiero, y con dos hermanos que constantemente le humillaban, sólo su protectora y sabia abuela Diana trataba de mantener en el joven el orgullo familiar de los “editus Ursae”. Pronto, en su carácter solitario y retraído, comenzó su afición por las letras y las artes.
Tras pasar la infancia en el castillo de Bomarzo, fue enviado al palacio de los Médicis en Florencia, sede del grandioso Hipólito, del despreciable Alejandro y del aún niño y futuro asesino Lorenzaccio. El palacio renacentista, nido de conspiraciones, intrigas y venganzas, acrecienta su sensibilidad e inicia su relación con el ambiente mundano del erotismo y de la política –aún por entonces dividida en los bandos de güelfos y gibelinos, y sometida al poder del todopoderoso emperador Carlos V-. El noble Pier Francesco aprende los rudimentos de la venganza y la crueldad con quienes le han hecho daño en sus pocos años. Se añade que, tras la muerte “providencial” de su padre y su hermano mayor, hereda el ducado y asciende al título de Príncipe. De nuevo en el castillo titular, entabla relación con un hombre de conocimientos extraordinarios, Silvio de Narni, sospechoso de tener tratos con el diablo.
Durante un periplo posterior conocerá a Tiziano en Bolonia, y en Venecia a Parecelso, al satírico Aretino y al pintor Lorenzo Lotto -autor de un retrato de su padre y creador del que dará a Pier Franceso imagen para la eternidad-.
De vuelta a su tierra viterbana, descubre un documento secreto que augura el poder de la inmortalidad. Se casa con noble Julia Farnese, pero dedica su tiempo a la alquimia y la astrología. Nacen sus primeros hijos. Colecciona en una inmensa galería objetos de arte antiguo (siempre sintió especial predilección por el etrusco). Pero sus ansias e inquietudes siempre ansiaron hacer algo excepcional: el resultado será el “Sagrado Bosque de los monstruos”, su legado, una recreación manierista y sobrecogedora moldeada sobre las piedras que rodean su castillo, logrando excepcionales modelos de belleza y deformidad.
Participará en la campaña de Metz contra el emperador; incluso en la batalla de Lepanto, donde conoce a un joven soldado, Miguel de Cervantes, que le prestará un libro con versos de Garcilaso.
El final de su existencia terrena tiene lugar en la esculpida “Boca del infierno”, gruta dispuesta por él mismo para alcanzar la prometida inmortalidad. Pero el brebaje que toma no es elixir de vida sino un veneno preparado por alguno de sus más allegados. El Príncipe de Bomarzo muere en 1572 y su alma queda errante para, cuatro siglos después, testimoniar sus recuerdos.

 La novela es el reflejo de un hombre (deforme, culto, solitario y violento, rodeado de placeres, misterio, angustias y deseos inalcanzables) y de un tiempo (el Renacimiento en todo su esplendor, protagonizado por los Orsini, los Médicis, Gonzaga, Colonia, etc.) excepcionales, donde el espacio se convierte en una obra de arte.

 El unicornio (1965)

Si “Bomarzo” representa el Renacimiento italiano, la presente novela hace lo propio con la Edad Media francesa con destino a las Cruzadas. Con un verismo y una fantasía asombrosos, la narradora se encarna en la legendaria hada Melusina, hija de reyes y hadas, alumna de Morgana y de Merlín en la mítica isla de Ávalon. Dominadora del territorio de los Lusignan (en el Poitou francés), sufre una maldición que la convierte en mitad mujer alada y otra mitad de serpiente. Desde la condenación de su cuerpo vivirá eternamente sobre las almenas de su castillo, mirando el mundo con unas gafas de berilo y acicalándose el pelo con un peine de oro, siempre sola pero inmortal.
Sus crónicas comienzan cuando se cruza con un bellísimo joven, Aiol (un ojo azul y otro de oro), descendiente del linaje de Lusignan, que se hace acompañar de un cuerno de unicornio y una joven misteriosa llamada Azelaís. Sus aventuras discurren por la Francia del siglo XII: la ermita de Lussac donde se encuentra el ermitaño Brandán y su corte de seres fantásticos; el castillo de Ayme de Castel-Rousillon con la dama Seramunda, dedicada a los afanes, placeres y agravios de los trovadores del “amor cortés”; las justas entre caballeros ingleses y franceses.
El hada narradora sigue y cuida de su amado y protegido Aiol incluso cuando el joven abandona tierra cristiana y se adentra hasta San Juan de Acre en el año 1177 con el objetivo de recuperar “la Santa Lanza”. Es entonces cuando surge el contraste entre la desmesura de la ambición y el idealismo de los cruzados europeos y el exotismo y misterio orientales. Tierra Santa está entonces regida por el leproso rey Baudoin IV, y estigmatizada por las discrepancias de la Órdenes Militares. Allí se encuentran Aiol y Melusina (el hada adopta forzosamente un cuerpo humano masculino) con el noble e inteligente Reinaldo de Sión y con la corte del mítico Oberón. Hada y soldado participan en el asedio de Harim, la batalla de Monstgisard, la derrota de “la llanura de los manantiales” ante el todopoderoso Saladino, hasta la resistencia en la fortaleza de Kerak. Finalmente, la cruzada se hunde en la fortaleza de Hattin.
Aiol sobrevive con la protección de Melusina hasta llegar, en medio de prodigios sobrenaturales, al desierto, donde se encuentra el maldito “Juan Espera En Dios”. Allí se quiebra el milagroso cuerno. Llegan a Petra y encuentra la “Santa Lanza” de Longinos. Aiol muere y la cronista enamorada cierra la narración con lágrimas en los ojos.

 El laberinto (1974)

A caballo entre la épica y la picaresca, es una novela narrada por Ginés de Silva, Ginesillo, el niño que aparece en “El entierro del Conde de Orgaz” del Greco, quien cuenta, como testigo y protagonista, la crónica de España en ambas orillas del Atlántico durante el “siglo de oro” entre 1572 y 1648.
Desde su ciudad natal, Toledo, siendo hijo de un hombre que luchó en la batalla de los Gelves y vive obsesionado por la obtención de la Cruz de Santiago, recuerda el encuentro con el legendario inventor Juanelo y con la majestuosa figura del Greco. Viaja luego a la corte, la grande y sucia Madrid de Felipe II, donde el Corral de la Cruz y Lope de Vega. A continuación, suceden la “Felicísima Armada” contra Inglaterra y las experiencias en la extremada y cosmopolita Sevilla, comienzo y destino para las Américas.
En 1589 se va a las Indias como soldado. Pasa por Cartagena, Callao y Lima. Aquí trata a los Virreyes, sabe de los míticos tesoros incaicos, defiende el territorio del peligroso pirata Hawkins, participa en una expedición en busca de “Eldorado”, hasta que llega a Cuba para traficar con esclavos negros. Finalmente decide viajar al sur austral, a Santiago de Chile y, al otro lado de Mendoza y Córdoba, la incipiente Buenos Aires. En el remoto sur Ginesillo se casa y forma familia, viaja a Tucumán y encuentra a don Luis de Tejada, pariente de Santa Teresa de Jesús. Vive nuevas expediciones (el apoyo al falso inca que Ginés consideraba “el hombre de oro”) que acabarán en su muerte en la batalla de San Bernardo.

 Otras historias:

El viaje de los siete demonios (1974)

Fábula originalísima y portento de erudición, ironía, sentido del humor e imaginación sobre las pasiones humanas, constantes e inquebrantables en cualquier tiempo y lugar.
Desde el mismo infierno, el diablo convoca a los siete demonios de los pecados capitales: la soberbia de Lucifer, la ira de Satanás, la avaricia de Mammón, la envidia de Leviatán, la pereza de Belfegor, la lujuria de Asmodeo y la gula de Belcebú, a los que envía a la tierra para que desperecen sus cuerpos y poderes aletargados y cumplan unas misiones determinadas. Sobre increíbles, imposibles cabalgaduras, rodeados de artilugios mágicos que les indican cuándo, dónde y a quién deben tentar, inician un recorrido fantástico: Francia en tiempos de la viuda del malvado mariscal Gilles de Rais, la Pompeya romana a punto de ser devorada por el Vesubio, la China de los emperadores en 1888, el Potosí boliviano de mediados del siglo XIX, el Palazzo Rezzonico en la Venecia de 1764, incluso la isla de la Tortuga, sede de la más afamada piratería en 1647. Por último, la futurista ciudad siberiana de Bet-Bet en el año 2273, ejemplo de la postrera civilización humana.
En todo siglo y lugar los demonios tienen una historia, una vida que enredar, seres humanos débiles a los que tentar y pervertir. Cumplida su entretenida misión, los siete demonios regresan a su hogar portando curiosos testimonios “fotográficos” de sus aventuras y triunfos.

El escarabajo (1982)

En doce capítulos engarzados cronológicamente, al modo de una novela de novelas, se nos ofrecen las exquisitas memorias de una pequeña y valiosísima joya: un escarabajo (guardado en un cartucho bajo el nombre de su señora y siempre amada Nefertari; azul y con filamentos de oro, coge con sus pinzas un rojo sol) elaborado por un prestigioso orfebre de Tebas de tiempos del antiguo Egipto.
Arrojado al mar, cuenta a una estatua de Poseidón, sumergida en el eterno Egeo, su larga, accidentada y apasionante vida. En su creación el escarabajo fue dotado de vida por obra de un mago, siendo capaz de contemplar a los dioses de diferentes civilizaciones y sentir con sus variados amos. Va pasando de mano en mano, como anillo, colgante, etc.: desde la Atenas de Aristófanes, hasta los bastos dedos de unos legionarios romanos de Julio César (el narrador sufre la muerte del dictador, cuya sangre le empaña). Participa en la “leyenda de los Siete Durmientes de Éfeso” y vive los tiempos del emperador Teodosio. Llega a la mano de la hermana de Carlomagno y adorna el “olifante” de Roldán en la batalla de Roncesvalles; es trasladado por las hadas a la mítica isla de Ávalon y luego con la familia de Marco Polo en Venecia; vive la Florencia del siglo XVI (la del conocido Príncipe de Orsini) y la Roma de Miguel Ángel; padece como compañero del soldado español Lope de Angulo hasta terminar entre las gentes del linaje de los Garay; vivirá las aventuras cortesanas del enano velazqueño don Diego de Acedo en el alcázar de Felipe IV y de “la monstrua”. Conocerá en el Nápoles extasiado con el hallazgo pompeyano del XVIII, al Conde de Saint-Germain, a Cagliostro y a Casanova. Los últimos relatos suceden en Buenos Aires (en poder del misterioso heredero del trono de Francia, el ignorado Luis XVII), el París de la bohemia de finales del XIX, con Barbey D’Aurevilly, la divina Sarah Bernhardt y el joven Marcel Proust. Así hasta una multimillonaria estadounidense y las finas manos de un escritor argentino…

Un novelista en el Museo del Prado (1984)

La última creación de Mujica Lainez comienza cuando cae la tarde en el Museo madrileño; los visitantes se retiran y quedan los personajes de los cuadros (humanos, animales, celestiales, mitológicos), que recuperan sus cuerpos, sus movimientos y salen de los marcos que les tienen encerrados. Sólo un novelista, en apariencia distanciado y sorprendido, es testigo y narrador de tan prodigiosos acontecimientos, contados con los tonos más joviales y graves, llenos de ternura, humor, dramatismo.
Por los capítulos pasan el encuentro entre “El triunfo de Baco” de Cornelis van Vos y “El carro de Heno” del Bosco; la hija del faraón del “Moisés salvado de las aguas” de Veronesse, en realidad una dama veneciana, que consuela los lloros de la Gioconda del Prado; un certamen de elegancia con los dioses olímpicos como jueces, ante quienes lucen los mejores pinceles y los más apuestos retratos, triunfando la bellísima desnudez de “Adán y Eva” de Durero; “los doctores del Templo”, también de Veronesse, en disputa con el niño Jesús, mientras dos hormigas recorren el lienzo; una obra de teatro dirigida por el enano don Diego de Acedo de Velázquez; la desaparición de uno de los ángeles de Tiépolo, tentado por “El jardín de las Delicias” del Bosco; un muestrario animal para niños organizado por una Comisión de Damas Benéficas, que acaba con un susto repentino que provoca que los animales se escondan y confundan en cuadros que no les corresponden (el emperador Carlos V se yergue sobre un unicornio, el perrito faldero de Felipe V se sienta junto al perrazo de “Las Meninas”); una acusación de inmoralidad contra “El caballero de la mano en el pecho “del Greco; los personajes franceses del Prado organizando una excursión festiva que a punto acaba con ellos en el Hades; la reunión mensual de las Vírgenes para charlar de asuntos propios; el escarmiento que sufre “El coloso” de Goya, imponente, maleducado y camorrista; y, por último, la impresionante escena del emperador Carlos V bajando del caballo, recorriendo los largos pasillos del edificio hasta encontrarse con el cuadro de Brueghel “El triunfo de la muerte”, presagio de la suya.

  Más literatura:

 * La casa (1954).
* Crónicas reales (1967)
* De milagros y melancolías (1969).
* Cecil (1972).

 @

 http://www.literatura.org/Mujica_Lainez/Mujica_Lainez.html

http://www.alacumbre.com.ar/manucho/

 http://www.ucm.es/info/especulo/numero22/bomarzo2.html

Juan Manuel Ojembarrena
jojem@irabia.org

 

 

 

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