Los primeros turistas

 

A partir de este texto se realiza una serie de preguntas destinada a comprobar su comprensión. 

Un país tan eminentemente costero como el nuestro, ofrece infinitas posibilidades a los turistas, especialmente a los que viajan en ruin barca. Y como antaño los sistemas de transporte más utilizados eran los marítimos, España empezó  a tener turistas para dar y tomar. Unos turistas escasamente educados, claro. En lugar de venir a nuestro suelo a dejarse divisas, que es lo decente, venían ansiosos de llevarse cuanto podían. El pretexto eran los conejos. Se había extendido el rumor de que teníamos tal cantidad de conejos, que podían cogerse fácilmente a mano, sin grandes esfuerzos, y querían probar suerte. Desgraciadamente, luego cargaban con otras cosas. Los negociantes fenicios, por ejemplo, dándose cuenta de que no conocíamos el valor y el uso de la plata, nos la cambiaban por viles mercancías, haciendo un negocio que ya lo hubiera querido cualquier inmobiliaria actual. Los cartagineses no sólo sacaban de España todas las riquezas que podían, sino que se llevaban indígenas y todo para que los ayudasen en sus guerras. Los romanos que nos estuvieron turisteando más de seis siglos, nos abrumaban de impuestos y tributos hasta el punto de que Julio César, en los años que estuvo entre nosotros trabajando de pretor, se llevó más de dieciséis millones, con los cuales pagó todas las deudas que tenía en Roma.
Como siempre ocurre en estos casos, después de Julio César vinieron otros representantes de Roma más avaros todavía, que hicieron exclamar a los hispanos: ¡Julio César sí que era un hombre honrado! ¡Sólo se llevó dieciséis millones…!
Pero a todo cerdo, por muy pretor o emperador que sea, le llega su San Martín. Cuando el Imperio Romano, en plena decadencia de tanto comer y atiborrarse, fue barrido por los bárbaros, los españoles se inhibieron de la lucha. Por muy bestia que sea esta gente, siempre nos fastidiarán menos que la soldadesca de espada y minifalda que hemos venido aguantando hasta ahora, pensaron. Y los bárbaros se quedaron a pasar una temporadita en España, representados por tres principales agencias de viaje, llamadas vándalos, suevos y alanos. Posteriormente se les incorporó un nuevo grupo: los godos -, caracterizados por tener unos nombres de pila bastante raros y por asesinarse unos a otros en cuanto ocupaban el poder. Un lamentable período en nuestra historia, como pueden testimoniar diversas generaciones de celtíberos, quienes en su infancia vieronse obligados a derramar sangre, sudor y lágrimas para aprenderse de memoria la lista de los reyes godos.

Evaristo Acevedo CARTAS A LOS CELTÍBEROS ESPOSADOS.

                                                                                                          

 


1. España es un país
a) de alto coste de vida
b) famoso por sus costas
c) bañado por mares y océanos.

 

2. “Para dar y tomar” quiere decir:
a) en gran abundancia o variedad
b) que no dan sino toman
c) viles y ruines.

 

3. Lo que buscaban los “turistas” era:
a) conejos
b) divisas
c) plata

 

4. Las agencias inmobiliarias de hoy envidiarían el negocio de los fenicios.
a) Verdadero
b) Falso

 

5. Los hispanos preferían
a) Julio César a los demás romanos
b) Los  romanos a los bárbaros
c) Los pretores a los emperadores.

 

6. “A todo cerdo le llega su San Martín” quiere decir:
a) a cada uno le llega su última hora
b) los cerdos celebran el día de San Martín
c) San Martín es el patrón de los pretores

 

7. Los bárbaros destruyeron el Imperio Romano.
a) Verdadero
b) Falso

 

8. Los hispanos consideraban violentos y maleducados a los bárbaros.
a) Verdadero
b) Falso

 

9. La lista de los reyes godos era larga porque
a) se mataban con frecuencia
b) tenían nombres extraños
c) hacían a los celtíberos llorar
.

 

10. Este texto es:
a) un relato entretenido de hechos históricos reales.
b) un relato de ciencia-ficción.
c) un folleto turístico
.

 

Irina Alamanova

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