Literatura durante el franquismo (2)

En esta entrada pasamos la vista por la novela y el teatro de los años del franquismo. Se incluyen algunos textos significativos pero sería muy conveniente ampliar los textos de este tema adaptado a Secundaria.

1– NOVELA DURANTE EL FRANQUISMO

AÑOS 40

La novela de los 40 se caracteriza por la tendencia denominada tremendismo que aborda con crudeza los aspectos más sórdidos de la realidad cuyo máximo exponente es Camilo José Cela en La familia de Pascual Duarte. Poco después, Carmen Laforet escribe Nada, dentro de esta misma tendencia, pero en el ambiente urbano de la Barcelona de posguerra.

AÑOS 50

Al igual que en la lírica, la realidad irrumpe en la narrativa y se cultiva una novela social cuyos rasgos principales son:

  • Un protagonista colectivo y la descripción de personajes y ambientes retratando la cotidianidad con intención crítica.
  • Un narrador que refleje los hechos con objetividad y reproduzca los diálogos como si estuvieran grabados previamente. Esta técnica alcanzo su cima en El Jarama de Rafael Sánchez Ferlosio. Observa el ejemplo:

Los otros iban llegando a la venta. El de la camiseta a rayas iba el primero y tomaba el camino a la derecha. Una chica se había pasado.

—¡Por aquí, Luci! —le gritaba—. ¡Donde yo estoy! ¡Aquello, mira, allí es!

La chica giró la bici y se metió al camino, con los otros.

—¿Dónde tiene el jardín?

—Esa tapia de atrás, ¿no lo ves?, que asoman un poquito los árboles por encima.

Llegaba todo el grupo; se detenían ante la puerta.

—¡Ah; está bien esto!

—Mely siempre la última, ¿te fijas?

Uno miró la fachada y leía:

—¡Se admiten meriendas!

—¡Y qué vasazo de agua me voy a meter ahora mismo!

—Yo de vino.

—¿A estas horas? ¡Temprano!

—Cuidado, niña, el escalón.

—Ya, gracias.

—¿Dónde dejamos las bicis?

—Ahí fuera de momento; ahora nos lo dirán.

—No había venido nunca a este sitio.

—Pues yo sí, varias veces.

—Buenos días.

—Oye, buenos días.

—Fernando, ayúdame, haz el favor, que se me engancha la falda.

—Aquí hace ya más fresquito.

—Sí, se respira por lo menos.

—De su cara sí que me acuerdo.

—¿Qué tal, cómo está usted?

—Pues ya lo ven; esperándolos. Ya me extrañaba a mí no verles el pelo este verano.

AÑOS 60

La novela de los 60 se caracteriza por una renovación y experimentación en la técnica narrativa y el abandono de la estética realista, dando mayor importancia al lenguaje, adoptando un punto de vista múltiple e indagando en sus personajes a través del monólogo interior. Tempo de silencio de Luis Martín-Santos supuso el comienzo de la novela experimental. Otros autores destacados fueron Torrente Ballester, Juan Benet, Juan Goytisolo y Juan Marsé.

2– TEATRO DURANTE EL FRANQUISMO

AÑOS 40

En los primeros años de la posguerra predominó un teatro cómico destinado a la burguesía, aunque en los 40 comienza a escribirse un teatro de humor más intelectual, entre cuyos principales autores destacan Enrique Jardiel Poncela, Eloisa está debajo de un almendro y Miguel Mihura, Tres sombreros de copa.

AÑOS 50

Al igual que en poesía o narrativa, aparece un teatro social que intenta reflejar los problemas del país que inicia con el estreno de Historia de una escalera de Antonio Buero Vallejo.

AÑOS 60-70

Se impulsó la experimentación escénica, concediendo mayor importancia al espectáculo y a la interacción con el público. De entre los autores innovadores destaca Fernando Arrabal y grupos independentistas como Els Joglars o La Fura dels Bus, uno de los grupos más sorprendentes de los últimos años, defensores de la idea del teatro como espectáculo total.

SABER MÁS

La Colmena de Cela, Las ratas de Miguel Delibes, Entre visillos de Carmen Martín Gaite o Primera memoria de Ana María Matute son las novelas sociales más destacadas de esta década. Lee este fragmento de La Colmena:

“Doña Rosa va y viene por entre las mesas del Café, tropezando a los clientes con su tremendo trasero. Doña Rosa dice con frecuencia “leñe” y “nos ha merengao”. Para doña Rosa, el mundo es su Café, y alrededor de su Café, todo lo demás. Hay quien dice que a doña Rosa le brillan los ojillos cuando viene la primavera y las muchachas empiezan a andar de manga corta. Yo creo que todo eso son habladurías: doña Rosa no hubiera soltado jamás un buen amadeo de plata por nada de este mundo. Ni con primavera ni sin ella. A doña Rosa lo que le gusta es arrastrar sus arrobas, sin más ni más, por entre las mesas. Fuma tabaco de noventa, cuando está a solas, y bebe ojén, buenas copas de ojén, desde que se levanta hasta que se acuesta. Después tose y sonríe. Cuando está de buenas, se sienta en la cocina, en una banqueta baja, y lee novelas y folletines, cuanto más sangrientos, mejor: todo alimenta. Entonces le gasta bromas a la gente y les cuenta el crimen de la calle de Bordadores o el del expreso de Andalucía”.

Fanny y Dionisio

FANNY. Eso es verdad… (Suena el timbre del teléfono.) ¿Un timbre? ¿El teléfono?

DIONISIO. Sí. Es un pobre…

FANNY. ¿Un pobre? ¿Y cómo se llama?

DIONISIO. Nada. Los pobres no se llaman nada…

FANNY. Pero ¿y qué quiere?

DIONISIO. Quiere que yo le dé pan. Pero yo no tengo pan, y por eso no puedo dárselo… ¿Usted tiene pan?

FANNY. Voy a ver… (Mira en su bolso.) No. Hoy no tengo pan.

DIONISIO. Pues entonces, ¡anda y que se fastidie!

FANNY. ¿Quiere usted que le diga que Dios le ampare?

DIONISIO. No. No se moleste. Yo se lo diré. (Con voz fuerte, desde la cama.) ¡Dios le ampare!

FANNY. ¿Le habrá oído?

DIONISIO. Sí. Los pobres estos lo oyen todo.

Tres sombreros de copa. Mihura

ACTIVIDADES

1– Busca las características propias de la novela objetivista de los 50 presentes en el fragmento de El Jarama.

2– Lee el fragmento de Cinco horas con Mario de Delibes y responde:

En lo que esté en mi mano, no me pienso dormir, cariño, déjate de que estrangulo su personalidad, ahí tienes al otro, charlando con el portero a todas horas, ya ves qué personalidad, que si la personalidad consiste en negarse a llevar luto por un padre, mejor que no la tengan. Después de todo, mis ideas no son tan malas y o poco valgo o mis ideas han de ser las de mis hijos, querido, y si Mario quiere pensar por su cuenta y razón, que lo gane y se vaya a pensar donde una patrona, que mientras viva bajo mi techo, los que de mí dependan han de pensar como yo mande. Bueno está lo bueno, o se es o no se es, que diría la pobre mamá, porque tú me dirás qué provecho puede sacar mi hijo de dar palique al señor Abundio, en la garita además, , que es verte a ti, Mario, que es tu vivo retrato, hijo, acuérdate del viejo chocho de Bertrán, cada vez que venía con la paga, tú venga de darle carrete, que si ganaba mucho o ganaba poco, tú dirás, con un bedel, que de unas cosas pasabais a otras, que se lo oí, no te creas que no, bien claro lo dijo que si todavía estaba útil, sobre todo cambiando de jaca, imagínate esa momia, sordo además, que vosotros por presumir de hombres cualquier cosa. Estoy cansada de decírtelo, Mario, que a esta gente le das confianzas y no sabe hasta dónde puede llegar, que das la mano y se toman el pie.

Cinco horas con Mario. Miguel Delibes

  • Describe a los dos protagonistas de la novela. ¿Qué valores representa cada uno de ellos?
  • Fíjate en las características de la llamada “narrativa experimental” que aparecen en el fragmento ¿Quién es narrador en el relato? ¿A quién se dirige? ¿Qué persona gramatical emplea? ¿Narra los hechos de forma ordenada? ¿Por qué?

3– La novela está narrada desde el punto de vista de Carmen. ¿Crees que su ideología coincide con la del autor? Justifica tu respuesta.

4– Lee el fragmento de Eloísa está bajo un almendro Poncela y responde:

  • ¿Aqué corriente teatral adscribirías el fragmento? ¿Por qué?
  • Qué elementos son propios del humor absurdo? ¿Hay algo más que humor?

La familia de Pascual Duarte

Había llegado la ocasión, la ocasión que tanto tiempo había estado esperando.

Estuve escuchando un largo rato. No se oía nada. Fui al cuarto de mi mujer; estaba dormida y la dejé que siguiera durmiendo. Mi madre dormía también a buen seguro. Volví a la cocina; me descalcé; el suelo estaba frío y las piedras del suelo se me clavaban en la punta del pie. Desenvainé el cuchillo, que brillaba a la llama como un sol.

Allí estaba, echada bajo las sábanas, con su cara muy pegada a la almohada. No tenía más que echarme sobre el cuerpo y acuchillarlo. No se movería, no daría ni un solo grito, no le daría tiempo… Estaba ya al alcance del brazo, profundamente dormida, ajena —¡Dios, qué ajenos están siempre los asesinados a su suerte!— a todo lo que le iba a pasar. Quería decidirme, pero no lo acababa de conseguir; vez hubo ya de tener el brazo levantado, para volver a dejarlo caer otra vez a lo largo del cuerpo.

Pensé cerrar los ojos y herir. No podía ser; herir a ciegas es como no herir, es exponerse a herir en oí vacío… Había que herir con los ojos bien abiertos, con los cinco sentidos puestos en el golpe.

Camilo J. Cela

            Bujías

Sí, cuando quiera yo

la soltaré. Está presa

aquí arriba, invisible.

Yo la veo en su claro

castillo de cristal, y la vigilan

(cien mil lanzas) los rayos

(cien mil rayos) del sol. Pero de noche,

cerradas las ventanas

para que no la vean

(guiñadoras espías) las estrellas,

la soltaré (Apretar un botón.).

Caerá toda de arriba

a besarme, a envolverme

de bendición, de claro, de amor, pura.

En el cuarto ella y yo no más, amantes

eternos, ella mi iluminadora

musa dócil en contra

de secretos en masa de la noche

(afuera)

descifraremos formas leves, signos,

perseguidos en mares de blancura

por mí, por ella, artificial princesa,

amada eléctrica.

                       Pedro Salinas

Doña Rosita, la soltera o el lenguaje de las flores

Acto primero

Habitación con salida a un invernadero.

TÍO. ¿Y mis semillas?

AMA. Ahí estaban.

TÍO. Pues no están.

TÍA. Eléboro, fucsias y los crisantemos, Luis Passy violáceo y altair blanco plata con puntas heliotropo.

TÍO. Es necesario que cuidéis las flores.

AMA. Si lo dice usted por mí…

TÍA. Calla. No repliques.

TÍO. Lo digo por todos. Ayer me encontré las semillas de dalias pisoteadas por el suelo. (Entra en el invernadero.) No os dais cuenta de mi invernadero; desde el ochocientos siete en que la condesa de Wandes obtuvo la rosa muscosa, no la ha conseguido nadie en Granada más que yo, ni el botánico de la universidad. Es preciso que tengáis más respeto por mis plantas.

AMA. ¿Pero no las respeto?

TÍA. ¡Chist! Sois a cual peor.

AMA. Sí, señora. Pero yo no digo que de tanto regar las flores y tanta agua por todas partes, van a salir sapos en el sofá.

TÍA. Luego bien te gusta olerlas.

AMA. No, señora. A mí las flores me huelen a niño muerto, o a profesión de monja, o a altar de iglesia. A cosas tristes. Donde esté una naranja o un buen membrillo, que se quiten las rosas del mundo. Pero aquí… rosas por la derecha, albahaca por la izquierda, anémonas, salvias, petunias y esas flores de ahora, de moda, los crisantemos, despeinados como unas cabezas de gitanillas. ¡Qué ganas tengo de ver plantados en este jardín, un peral, un cerezo, un kaki!

Lorca

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