Primer aliento

Este texto sorprenderá sin duda a nuestro alumnado. Es la historia de una liberación inevitable tras un largo periodo de “cautividad”. Un buen texto para trabajar con el punto de vista de la narración y la descripción. 

Mi liberación estaba cerca. Lo sabía. Sin embargo esa certeza, lejos de alegrarme, me provocó una punzada de angustia en el estómago. Hacía tanto tiempo que estaba encerrada allí que aquellas cuatro paredes se habían convertido en todo mi mundo.

Las primeras horas apenas me afectó mi cautiverio. Podría decir incluso que era feliz: tenía todo lo que necesitaba. El sitio era pequeño y oscuro, pero cómodo y placentero. Puede que suene incoherente, mas me sentía protegida en mi encierro. Era una sensación extraña.

Unos días más tarde pasé de estar radiante a estar sólo contenta, luego conforme con la situación y finalmente indiferente. Dejé de preocuparme por mi destino. Estaba relajada: no me hacían daño, no pasaba hambre ni frío… Sin embargo, a medida que pasaba el tiempo me iba sintiendo cada vez más desdichada. Continuaban cubriendo todas mis necesidades básicas, pero cada día que pasaba parecía como si aquel minúsculo pero acogedor cubículo fuera encogiendo.

En las semanas siguientes me desperté alternativamente triste, enfadada, nerviosa, recelosa…

No obstante, había llegado el final. Estaba ansiosa. Me adentré por aquel sombrío pasillo que acababa de descubrir asustada y eufórica a la vez. Avancé despacio, desconfiada pero deseosa de abandonar de una vez por todas aquella placentera prisión. Un leve resplandor apareció a lo lejos. Me apresuré en dirección a ella. Comencé a escuchar un murmullo, luego un rumor, bullicio, gritería… En ese momento quise retroceder, pero ya era tarde. Inesperadamente algo me empujó desde atrás y una luz cegadora borró de mis ojos cualquier imagen. Eso alentó a mi imaginación y el pánico se apoderó de todo mi ser petrificando mi cuerpo. Unas manos me sacaron violentamente de aquel asfixiante túnel y me golpearon. Yo lancé un alarido y comencé a llorar. Una actividad frenética comenzó a desarrollarse a mi alrededor. Me arrepentí en ese mismo instante de haber abandonado el confortable zulo en el que había vivido durante tantos meses. Era mi fin. Entre sollozos y recuerdos sólo pude ser capaz de discernir tres palabras:

– “ES UNA NIÑA”

Comentarios

  1. Esperanza Crespo Guillen dice:

    Excelentemente sorprendente.

  2. Silvia G. Martínez dice:

    Extraña historia narrada por la protagonista, es decir que dicha en primera persona la hace más efectiva. Es un texto conciso, exacto, aunque en algunos casos utiliza sinónimos extraños. Me gustó su descripción; es difícil lograr en párrafos tan breves sintetizar una historia como ésta que inevitablemente me hizo recordar la época de la dictadura en Argentina.

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