A partir de un fragmento de La Regenta, se anima al alumnado a investigar conceptos como el estilo directo, indirecto e indirecto libre. Lógicamente es apropiado para los cursos superiores.

Ana, lánguida, desmayado el ánimo, apoyó la cabeza en las barras frías de la gran puerta de hierro, que era la entrada del Parque por la calle Traslacerca. Así estuvo mucho tiempo, mirando las tinieblas de fuera, abstraída en su dolor, sueltas las riendas de la voluntad, como los del pensamiento que iba y venía sin saber por dónde, a merced de impulsos de que no tenía conciencia.

Casi tocando con la frente de Ana, metida entre dos hierros, pasó un bulto por la calle solitaria pegada a la pared del Parque.

«¡Es él!» pensó la Regenta que conoció a don Álvaro, aunque la aparición fue momentánea; y retrocedió asustada. Dudaba si había pasado por la calle o por su cerebro.

Era don Álvaro en efecto. Estaba en el teatro, pero en un entreacto se le ocurrió salir a satisfacer una curiosidad intensa que había tenido «Si por casualidad estuviese en el balcón… No estará, es casi seguro, pero ¿si estuviese?» ¿No tenía él la vida llena de felices accidentes de este género? […] ¡Oh! Si la veía, la hablaba, le decía que sin ella no podía vivir, que venía a rondar su casa como un enamorado de veinte años platónico y romántico, que se contentaba con ver por fuera aquel paraíso… Sí, todas estas sandeces le diría con la elocuencia que ya se le ocurriría a su debido tiempo. El caso era que, por casualidad, estuviese en el balcón. Salió del teatro […]. Al llegar a la Plaza Nueva, se detuvo, miró desde lejos a la rinconada… no había nadie en el balcón. Ya lo suponía él. No siempre salen bien las corazonadas. No importaba… Dio algunos paseos por la plaza desierta a tales horas… Nadie; no se asomaba ni un gato «Una vez allí ¿por qué no continuar el cerco romántico?» Se reía de sí mismo. ¡Cuántos años tenía que remontar en la historia de sus amores para encontrar paseos de aquella índole […]. Al acercarse a la puerta […] Mesía creyó sentir la corazonada verdadera […]. Se paró «Estaba allí la Regenta, allí en el parque, se lo decía aquello que estaba sintiendo él… ¿Qué haría si el corazón no le engañaba? […] ¡Si volviera a salir la luna! No, no saldría; la nube era inmensa y muy espesa; tardaría media hora la claridad».

Llegó a la verja; él vio a la Regenta primero que ella a él. La conoció, lo adivinó antes.

—¡Es tuyo! —le gritó el demonio de la seducción— te adora, te espera.

Pero no pudo hablar, no pudo detenerse. Tuvo miedo a su víctima. La superstición vetustense respecto de la virtud de Ana la sintió él en sí […]. Tenía miedo… ¡la primera vez!

Siguió […] sin resolverse a volver pie atrás, por más que el demonio de la seducción le sujetaba los brazos, le atraía hacia la puerta y se le burlaba con palabras de fuego al oído llamándole “¡cobarde, seductor de meretrices…! ¡Atrévete, atrévete con la verdadera virtud, ahora o nunca…!”.

—¡Ahora, ahora! —gritó Mesía […]— ¡Ana! ¡Ana!

Le contestó el silencio.

Leopoldo Alas “Clarín”. La Regenta.

 

ACTIVIDADES

1– ¿Cómo es el narrador de este texto? Di sus características y extrae ejemplos del texto.

2– Analiza con detenimiento el párrafo 4º destacado en negrita. Señala las palabras del narrador y las palabras de don Álvaro. ¿Cómo se denomina a este fenómeno?

3– ¿Podemos decir que en este texto aparece el estilo directo, el estilo indirecto y el estilo indirecto libre? Pon ejemplos del texto y razona la respuesta.

4– Explica cómo están organizados temporalmente los acontecimientos.

5– ¿Predomina la descripción de la realidad exterior o de la realidad interior de los personajes? ¿Qué ritmo proporciona la descripción a los sucesos?

6– Teniendo en cuenta lo que has contestado anteriormente, reflexiona y escribe acerca de la caracterización de los personajes. Di después si se trata de personajes planos o redondos. Justifica la respuesta.

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