La narración. El discurso narrativo

En este caso se pasa revista a la narración y al diálogo y en este caso al estilo directo e indirecto como formas de reproducción propias de la narración.

1– FORMAS DEL DISCURSO NARRATIVO

 Las formas del discurso narrativo se denominan también “formas de elocución”. Exponemos a continuación las principales:

  • Narración: Consiste en relata los acontecimientos que se van sucediendo, por eso predominan en ella los verbos (sobre Descripción: Consiste en enumerar las características que posee un objeto, un personaje de la narración, un paisaje… En ella abundan los adjetivos, las enumeraciones (de sustantivos o de adjetivos). Los verbos se expresan en pretérito imperfecto de indicativo.
  • Diálogo: Consiste en repetir, por escrito, la conversación que mantienen uno o varios personajes. Se denomina monólogo a la expresión de los pensamientos o ideas de uno solo de los personajes. La novela moderna emplea una técnica, denominada monólogo interior o discurrir de conciencia. Se trata de poner por escrito todas las ideas, palabras, observaciones etc. que pasan por la mente de una persona. Este conjunto aparece desordenado, ya que trata de reflejar fielmente cómo funciona la conciencia de las personas.

2– LOS DIÁLOGOS

 Las palabras de un personaje pueden expresarse en estilo directo o en estilo indirecto. Se introducen utilizando este signo de puntuación: —.

  • Llamamos estilo directo a la reproducción exacta del discurso del personaje. Formalmente se reconoce este tipo de frases porque aparecen precedidas de un guion. Muchas veces el autor utiliza comillas, para referirse a estas opiniones de los personajes.
  • El estilo indirecto consiste en repetir las palabras o ideas de un personaje, por medio de un verbo como “decir”, “opinar”, “preguntar”, “negar”, “afirmar” etc. A continuación aparece un interrogativo (qué, cuántos, cuál, quién) o las conjunciones “que” o “si”.

Aquí tienes algunos ejemplos: 

ESTILO DIRECTO

ESTILO INDIRECTO

—¿Vas a venir esta tarde al cine?Quiero saber si vas a venir esta tarde al cine.
—¿Cuántos hermanos tienes?Ignoro cuántos hermanos tienes.
—¿Qué has comido hoy?Dime qué has comido hoy
—¿Cuándo hay que plantar esta planta?Me pregunto cuándo hay que plantar esta planta

ACTIVIDADES

1. Haz un esquema con los contenidos de este apartado

2. Responde a este cuestionario acerca del estilo directo e indirecto

a) Definición de estilo directo.

b) Enumera la manera más habitual de representar el estilo directo.

c) Hay otra manera de representar el estilo directo, transformándolo ¿cuál es? Explica en qué consiste.

d) ¿Qué es un verbo de lengua y de pensamiento?

e) Enumera y escribe ocho verbos de lengua y apréndelos.

3. Las siguientes oraciones están en estilo directo. Transfórmalas, convirtiéndolas en oraciones en estilo indirecto:

a) ¿Qué hora es

b) ¿Dónde vive ese señor?

c) ¿Cuál es su dirección exacta?

d) ¿Cuánta tarta eres capaz de tomar?

e) ¿Cuándo van a arreglar la lavadora?

f) ¿Quién ha llamado por teléfono?

g) ¿Cómo te las vas a apañar?

h) ¿Vendrás a mi casa esta tarde?

4. Lee este texto. Elimina los diálogos directos.

Uno de los hombres que, de codos sobre el velador, ya sabéis, se sujeta la pálida frente con una mano –triste y amarga la mirada, preocupada y como sobrecogida la expresión- , habla con el camarero. Trata de sonreír con dulzura, parece un niño abandonado que pide agua en una casa del camino.

El camarero hace gestos con la cabeza y llama al echador. Luis, el echador, se acerca hasta la dueña.

–Señorita, dice Pepe que aquel señor no quiere pagar.

–Pues que se las arregle como pueda para sacarle los cuartos; eso es cosa suya; si no se los saca, dile que se le pegan al bolsillo y en paz. ¡Hasta ahí podíamos llegar!

La dueña se ajusta los lentes y mira.

—¿Cuál es?

—Aquel de allí, aquel que lleva gafitas de hierro.

—¡Anda, qué tío, pues esto sí que tiene gracia! ¡Con esa cara! Oye, ¿y por qué regla de tres no quiere pagar?

–Ya ve… Dice que se ha venido sin dinero.

–¡Pues sí, lo que faltaba para el duro! Lo que sobran en este país son pícaros.

El echador, sin mirar para los ojos de doña Rosa, habla con un hilo de voz:

—Dice que cuando tenga ya vendrá a pagar.

Las palabras, al salir de la garganta de doña Rosa, suenan como el latón.

– Eso dicen todos y después, para uno que vuelve, cien se largan, y si te he visto no me acuerdo. ¡Ni hablar! ¡Cría cuervos y te sacarán los ojos! Dile a Pepe que ya sabe: a la calle con suavidad, y en la acera, dos patadas bien dadas donde se tercie. ¡Pues nos ha merengao!

El echador se marchaba cuando doña Rosa volvió a hablarle:

—¡Oye! ¡Dile a Pepe que se fije en la cara!

—Sí, señorita.

Doña Rosa se quedó mirando para la escena. Luis llega, siempre con sus lecheras, hasta Pepe y le habla al oído.

—Eso es todo lo que dice. Por mí, ¡bien lo sabe Dios!

Pepe se acerca al cliente y este se levanta con lentitud. Es un hombrecillo desmedrado, paliducho, enclenque, con lentes de pobre alambre sobre la mirada. Lleva la americana raída y el pantalón desflecado. Se cubre con un flexible gris oscuro, con la cinta llena de grasa, y lleva un libro forrado de papel de periódico debajo del brazo.

—Si quiere, le dejo el libro.

—No. Ande, a la calle, no me alborote.

El hombre va hacia la puerta con Pepe detrás. Los dos salen afuera. Hace frío y las gentes pasan presurosas. Los vendedores vocean los diarios de la tarde. Un tranvía tristemente, trágicamente, casi lúgubremente bullanguero, baja por baja por la calle de Fuencarral.

 

Camilo José Cela. La colmena

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