La corza blanca. Bécquer

Un fragmento de Bécquer sobre el que se plantea una serie de actividades relacionadas con la descripción, el resumen y la subordinación adjetiva.

 

—¡Qué diantre! —exclamó —: mayor mal del que me ha sucedido no puede sucederme, y si por el contrario, es verdad lo que nos ha contado Esteban… ¡oh, entonces, cómo he de saborear mi triunfo!

Esto diciendo, armó su ballesta y colocándosela a la espalda se dirigió a la poterna del castillo para tomar la vereda del monte.

Cuando Garcés llegó a la cañada y al punto en que debía aguardar la aparición de las corzas, la luna comenzaba a remontarse con lentitud por detrás de los cercanos montes.

A fuer de buen cazador y práctico en el oficio, antes de elegir un punto a propósito para colocarse al acecho de las reses, anduvo un buen rato de acá para allá examinando las trochas y las veredas vecinas .

Por último, después de terminar este minucioso reconocimiento del lugar en que se encontraba, agazapóse en un ribazo junto a unos chopos de copas elevadas y oscuras, a cuyo pie crecían unas matas de lentisco, altas lo bastante para ocultar a un hombre echado en tierra.

El río, que desde las musgosas rocas donde tenía su nacimiento venía siguiendo las sinuosidades del Moncayo, a entrar en la cañada por una vertiente, deslizándose desde allí bañando el pie de los sauces que sombreaban sus orillas, o jugueteando con alegre murmullo entre las piedras rodadas del monte, hasta caer en una hondura próxima al lugar que servía de escondrijo al montero.

Los álamos, cuyas plateadas hojas movía el aire con un rumor dulcísimo, los sauces que inclinados sobre la limpia corriente humedecían en ella las puntas de sus desmayadas ramas, y los apretados carrascales por cuyos troncos subían y se enredaban las madreselvas y las campanillas azules, formaban un espeso muro de follaje alrededor del remanso del río.

El viento, agitando los frondosos pabellones de verdura que derramaban en torno de su flotante sombra, dejaba penetrar a intervalos un furtivo rayo de luz, que brillaba como un relámpago de plata sobre la superficie de las aguas inmóviles y profundas.

Oculto tras los matojos, con el oído atento al más leve rumor y la vista clavada en el punto en donde según sus cálculos debían aparecer las corzas, Garcés esperó inútilmente .

Todo permanecía a su alrededor sumido en una profunda calma.

Poco a poco comenzara a dejarse sentir, bien que el lejano murmullo del agua, el penetrante aroma de las flores silvestres el enamorado mozo que hasta aquel punto había estado entretenido revolviendo en su mente las más halagüeñas imaginaciones, comenzó a sentir que sus ideas se elaboraban con más lentitud y sus pensamientos tomaban formas más leves e indecisas.

Después de mecerse un instante en ese vago espacio que media entre la vigilia y el sueño, entornó al fin los ojos, dejó escapar la ballesta de sus manos y se quedó profundamente dormido.

“La corza blanca”. Gustavo Adolfo Bécquer.

ACTIVIDADES

1– Busca el argumento de esta leyenda de Bécquer, “La corza blanca”.

2– Describe con tus palabras cómo es el lugar en el que se desarrolla la acción.

3– ¿Dónde ocurre la acción? Razona la respuesta.

4– En multitud de ocasiones utilizamos proposiciones subordinadas adjetivas cuando queremos elaborar una descripción. Copia todas las proposiciones del texto que cumplan esta característica.

5– Repasa lo que es una oración coordinada distributiva. Busca ejemplos en el texto.

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