La Celestina. Comentario

Partimos de dos textos de La Celestina y a partir de ellos se plantea incluso pasar los textos al castellano actual y tomarlos como motivo para la creación literaria.

ENAMORAMIENTO DE CALISTO. ACTO I

 

CALISTO: En esto veo, Melibea, la grandeza de Dios.

MELIBEA: ¿En qué, Calisto?

cal: En dar poder a natura que de tan perfecta hermosura te dotase, y hacer a mí, inmérito, tanta merced que verte alcanzase, y en tan conveniente lugar, que mi secreto dolor manifestarte pudiese. Sin duda incomparablemente es mayor tal galardón que el servicio, sacrificio, devoción y obras pías que por este lugar alcanzar yo tengo a Dios ofrecido. ¿Quién vido en esta vida cuerpo glorificado de ningún hombre, como ahora el mío? Por cierto, los gloriosos santos, que se deleitan en la visión divina, no gozan más que yo ahora en el acatamiento tuyo. Mas ¡oh triste! que en esto diferimos que ellos puramente se glorifican sin temor de caer de tal bienaventuranza, y yo me alegro con recelo del esquivo tormento que tu ausencia me ha de cuasar

MELIBEA: ¿Por gran premio tienes esto, Calisto?

CALISTO: Téngolo por tanto en verdad que, si Dios me diese en el cielo la silla sobre sus santos, no lo tendría por tanta felicidad.

MELIBEA: Pues aun más igual galardón te daré yo, si perseveras.

CALISTO: ¡Oh bienaventuradas orejas mías, que indignamente tan gran palabra habéis oído!

MELIBEA: Más desventuradas de que me acabes de oír. Porque la paga será tan fiera, cual la merece tu loco atrevimiento . ¡Vete! ¡Vete de ahí, torpe! Que no puede mi paciencia tolerar que haya subido en corazón humano conmigo el ilícito amor comunicar su deleite.

 

 

MUERTE DE CELESTINA. ACTO XII.

 

SEMPRONIO.—Déjate conmigo de razones; a perro viejo no cuz cuz1; danos las dos partes por cuenta de cuanto de Caliste has recibido, no quieras que se descubra quién tú eres, ¡a los otros, a los otros con esos halagos, vieja!

celestina.—¿Quién soy yo, Sempronio? ¿Quitásteme de la putería? Calla tu lengua, no amengües2 mis canas, que soy una vieja cual Dios me hizo, no peor que todas. Vivo de mi oficio, como cada cual oficial del suyo, muy limpiamente. A quien no me quiere no le busco, de mi casa me vienen a sacar, en mi casa me ruegan; si bien o mal vivo, Dios es el testigo de mi corazón; no pienses en tu ira maltra­tarme, que justicia hay para todos; a todos es igual: también seré oída, aunque mujer, como vosotros muy peinados. Dejadme en mi casa con mi fortuna; y tú, Pármeno, no pienses que soy tu cautiva por saber mis secretos y mi pasada vida, y los casos que nos acaecieron a mí y a la desdichada de tu madre. Y aun así me trataba ella cuando Dios quería.

PÁRMENO.—No me hinches las narices con esas memorias; si no, enviarte he con nuevas a ella, donde mejor te puedas quejar.

CELESTINA.—¡Elida, levántate de esta cama, daca mi manto presto’! que por los santos de Dios, para aquella justicia me vaya bramando como una loca. ¿Qué es esto? ¿Qué quieren decir tales amenazas en mi casa? ¿Con una oveja mansa tenéis manos y bra­veza? ¿Con una gallina atada? ¿Con una vieja de sesenta años? Allá, allá, con los hombres como vosotros, contra los que ciñen espadas mostrar vuestras iras, no contra mi flaca rueca. Señal es de cobardía acometer a los menores y a los que poco pueden: las sucias moscas nunca pican sino a los bueyes magros y flacos; los gozques4 ladradores a los pobres peregrinos aquejan con mayor ímpetu.

SEMPRONIO.—¡Oh, vieja avarienta, garganta muerta de sed por dinero! ¿No serás contenta con la tercia parte de lo ganado?

CELESTINA.—¿Qué tercia parte? Vete con Dios de rni casa tú y esotro, no dé voces, no allegue la vecin­dad5; no me hagáis salir de seso; no queráis que sal­gan a la plaza las cosas de Calisto y vuestras.

sbmpronio.—¡Da voces o gritos, que tú cumplirás lo que prometiste o cumplirán hoy tus días!

celestina.—¡Justicia, justicia, señores vecinos, ji ticía!, ¡que me matan en mi casa estos rufianes

sempronio.—¿Rufianes, o qué? Espera, doña hed cera, que yo te haré ir al infierno con caitas.

CELESTINA.—¡Ay, que me ha muerto! ¡Ay, ay! ; fesión, confesión!

PÁRMENO.—Dale, dale, acábala, pues ce que nos sentirán; muera, muera; de los los menos.

CELESTINA.—¡Confesión!

 

COMENTARIO DE TEXTO

 

SITÚA

 

1– Explica los cambios que se producen en la sociedad en el paso del XV al XVI. Señala cómo se reflejan estos cambios en los textos que te ofrecemos.

 

COMPRENDE

 

1– Responde a estas cuestiones

 

  • ¿Qué personajes intervienen? ¿Dónde crees que se encuentran?
  • A partir del diálogo de los personajes, ¿qué es lo que sucede?
  • En ambos testos se ofrecen razones para convencer al interlocutor de algo. Haz un cuadro con ambas argumentaciones.
  • Explica cómo acaban las escenas y qué significan las palabras que aparecen al final de ambas.

 

2– Analiza la estructura de los textos. Divide el texto en partes atendiendo a la evolución de los temas que se tratan. Fíjate en los cuadros que te ofrecemos:

 

 

 

Enamoramiento.

Discusión:

Asesinato

 

Asesinato.

Declaración:

Rechazo:

 

 

 

ANALIZA

 

1– ¿Qué significa en el lenguaje común “Celestina”?

 

2– ¿Cómo hablan los personajes?

  • Busca los refranes y las frases hechas.
  • El lenguaje empleado ¿es culto o popular? Razona tu respuesta.
  • ¿Qué diferencias existen entre los personajes de una y otra escena?

 

3– ¿Por qué crees que en la primera escena los parlamentos de los personajes son más largos? ¿Por qué en el segundo texto las últimas intervenciones son tan breves? ¿qué efecto se logra?

 

4– Localiza recursos literarios en el texto y explica su función.

 

INTERPRETA

 

1– Trata de definir el carácter de los personajes a través de sus diálogos y sus actos. ¿Crees que en la actualidad somos diferentes? Razona tu respuesta.

 

2– Busca información sobre otras obras en las que aparezca la figura de la alcahueta.

 

INVENTA

 

1– Preparad en clase una dramatización de estas escenas.

 

2– Trasladad ambos textos al lenguaje actual

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