La Celestina. Capítulo I

Generalmente se admite que el encuentro entre Calisto y Melibea se produce en el huerto de esta, sin embargo hay datos suficientes en el propio texto para hacernos dudar de ello. Léanlo con atención y verán que más bien se desarrolla en un templo.

ARGUMENTO DEL PRIMER AUTO DESTA COMEDIA

Entrando Calisto en una huerta empós de un falcón suyo, halló y a Melibea, de cuyo amor preso, començole de hablar. De la
qual rigorosamente despedido, fue para su casa muy sangustiado . Habló con vn criado suyo llamado Sempronio, el qual,
después de muchas razones, le endereçó a vna vieja llamada Celestina, en cuya casa tenía el mesmo criado vna enamorada
llamada Elicia. La qual, viniendo Sempronio a casa de Celestina con el negocio de su amo, tenía a otro consigo, llamado Crito,
al qual escondieron. Entretanto que Sempronio está negociando con Celestina, Calisto está razonando con otro criado suyo, por
nombre Pármeno. El qual razonamiento dura hasta que llega Sempronio y Celestina a casa de Calisto. Pármeno fue conoscido
de Celestina, la qual mucho le dize de los fechos e conoscimiento de su madre, induziéndole a amor e concordia de Sempronio.

PÁRMENO, CALISTO, MELIBEA, SEMPRONIO, CELESTINA, ELICIA, CRITO.

CALISTO .- En esto veo, Melibea, la grandeza de Dios.
MELIBEA.- ¿En qué, Calisto?
CALISTO.- En dar poder a natura que de tan perfeta hermosura te dotasse e facer a mí inmérito tanta merced que
verte alcançasse e en tan conueniente lugar, que mi secreto dolor manifestarte pudiesse. Sin dubda encomparablemente es
mayor tal galardón, que el seruicio, sacrificio, deuoción e obras pías, que por este lugar alcançar tengo yo a Dios offrescido, ni
otro poder mi voluntad humana puede conplir . ¿Quién vido en esta vida cuerpo glorificado de ningún hombre, como
agora el mío? Por cierto los gloriosos sanctos, que se deleytan en la visión diuina, no gozan mas que yo agora en el acatamiento
tuyo. Más ¡o triste!, que en esto diferimos: que ellos puramente se glorifican sin temor de caer de tal bienauenturança e yo
misto me alegro con recelo del esquiuo tormento, que tu absencia me ha de causar.
MELIBEA.- ¿Por grand premio tienes esto, Calisto?
CALISTO.- Téngolo por tanto en verdad que, si Dios me diese en el cielo la silla sobre sus sanctos, no lo ternía por tanta
felicidad.
MELIBEA.- Pues avn más ygual galardón te daré yo, si perseueras.
CALISTO.- ¡O bienauenturadas orejas mías, que indignamente tan gran palabra haueys oydo!
MELIBEA.- Mas desauenturadas de que me acabes de oyr Porque la paga será tan fiera, qual meresce tu loco
atreuimiento. E el intento de  tus palabras, Calisto, ha seydo de ingenio de tal hombre como tú, hauer de salir
para se perder en la virtud de tal muger como yo.¡Vete!, ¡vete de ay, torpe! Que no puede mi paciencia tollerar que aya subido
en coraçón humano comigo el ylícito amor comunicar su deleyte.
CALISTO.- Yré como aquel contra quien solamente la aduersa fortuna pone su estudio con odio cruel.

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