José María de Pereda. Las brujas.

Ofrecemos un fragmento de esta novela de Pereda que forma parte de Tipos y Paisajes. Fíjense cómo intenta captar fonéticamente el habla popular y en cómo añade términos muy específicos.

Las brujas

            (…) En el momento en que le contemplamos, la parra tiene media docena de racimos negros; los manzanos están en cueros vivos, y los posarmos en todo su vigor; la puerta de la casuca permanece herméticamente cerrada, y, agrupados junto a la parte más transparente del seto, hay hasta cinco chicuelos mirando al interior del huerto, todos descalzos y en pelo, con un tirante sólo los más, y los calzones íntegros los menos.

            JMPeredaEl más alto es mellado; el más bajo es rubio, como el pelo de una panoja; otro es gordinflón, con unos ojazos como los del buey más grande de su padre; el cuarto tiene un enorme lunar blanco en medio del cogote, y el quinto las cejas corridas y un ojo extraviado.

            -¡Madre del devino Dios! -exclama el cojillo-. ¡Qué grande es aquel que cuelga cancia el suelo!

            – No, pues el otro que está a la banda de acá -objeta el del lunar-, puei que pese tres cuarterones.

            A todo esto el gordinflón, que está en la última fila, se pone de puntillas y, relamiéndose los hocicos, dice con fruición:

            – Y bien maduros que deben de estar… ¡Me valga, cómo negrean las uvas! ¡Paicerán las puras mieles!

            – Puei que saban a pez -observa el rojillo.

            – Sí, a pez…; ¡como no saban a pez!… -replica el grandullón.

            – Pus ello -dice el del lunar-, yo no las comía.

            – Tocante a eso, puei que yo tampoco -añade el rojillo-; pero puei que sí por otro lao, que a Andrés el de la Junquera bien le sabieron el otro día que saltó el huerto y apandó el rucimo.

            – Pero, ¡contra! -observa el mellado-, ello tamién semos bien güeis; ¿por qué mos han de saber a pez esos rucimos?

            – Porque es bruja el ama -responde el gordinflón con cierta solemnidad.

            – Y como que es bruja -añade el rojillo-, tiene los mengues, y tuviendo los mengues, toolo que es suyo sabe a azufre, y supiendo a azufre, toos los cristianos que lo comen revientan de contao.

            – Y tamién paece ser que los que son miraos con enquina por la brujas -dice el del lunar.

            – De eso se murió el otro día la hija del tío Juan Bardales -replica el rojillo-. Y jue y la encontró allá abajo la bruja, ajunto casa del señor cura y la miró así, así, así…, no, más arrevesao entovía…: así, así, así; y jue y entráronle unas tercianas a la otra; conque, hijos de Dios, antayer la dieron tierra. (…)

Posarmos: especies de berza; mellado: sin dientes; panoja: mazorca de maíz. Racimo de uvas, otras frutas o espigas; mengues: demonios.

 

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