Ismail Kadaré. Novelas

Ismaíl Kadaré

Memoria y presente

“Sí, Dios mío, haz que arranquen todo barro en derredor, porque bastan unas gotas de sangre para contener en su interior toda la memoria del mundo”

– De Tres cantos fúnebres por Kosovo –

In Memoriam de Ramón Sanchez Lizarralde, traductor de Ismaíl Kadaré, fallecido en 2011

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Un hombre de Albania

Albania es, hoy en día, un pequeño país europeo, una república parlamentaria con casi cuatro millones de habitantes que reparten su religión, casi mitad por mitad, entre cristianos ortodoxos o católicos y musulmanes. En el norte se encuentran las montañas de las viejas leyendas, al este Macedonia, Montenegro y la siempre ansiada y conflictiva Kosovo; y al sur la frontera con Grecia y la costa mirando al mediterráneo estrecho de Otranto. Entre sus ciudades más relevantes destacan su capital Tirana, Elbasan, Dürres y Shköder. Sin duda alguna, es el país más desconocido e, históricamente, uno de los más herméticos y oscuros de cuantos han configurado nuestro continente, tal vez por encontrarse arrinconado en la convulsa península balcánica, tal vez por su peculiar y enrevesada historia. Sin embargo, de sus entrañas ha salido uno de los escritores más universales de nuestro tiempo: Ismaíl Kadaré.

“Squiperia” es el nombre que la lengua albanesa ha dado a su antigua patria: “la tierra del águila”, la que fue centro del antiguo pueblo de los Ilirios; sede de Epiro, donde nació la orgullosa madre de Alejandro Magno; cuna del estratégico puerto romano de Dyrrachium, objetivo luego de las invasiones eslavas y de los posteriores intereses políticos bizantinos. Tras la fragmentación medieval en feudos, Albania sólo consiguió unificarse y mantener la independencia de fuerzas extranjeras durante un breve tiempo, entre los siglos XIV y XV gracias al mítico héroe Jorge Kastriota (Skanderberg). A partir del siglo XV fue ocupada por el Imperio Otomano, sufriendo cinco siglos de integración forzosa en los que “la Sublime Puerta” intentó por todos los medios acabar con su identidad (aunque fueron muchas las familias albanesas, durante generaciones, las que ocuparon altos puestos en la administración y el ejército turcos).

En el siglo XIX surgieron los primeros conatos importantes de independencia nacionalista, tiempos en los que podemos recordar el legendario viaje que el mismísimo Lord Byron hizo a sus tierras del sur para departir con el pachá rebelde de Tepelena poco antes de dejar su vida en los campos de la guerra de independencia griega, en Missolonghi.

Pero tuvieron que llegar las guerras balcánicas de comienzos del siglo XX, anticipo de la Primera Guerra Mundial, para que Albania recuperara nuevamente una brevísima independencia política durante el período de la Monarquía. Sin embargo, tan pequeño territorio seguía siendo objeto de codicia de los vecinos serbios e italianos, quienes la ocuparon a comienzos de la Segunda Guerra Mundial. Les siguieron los alemanes y luego los guerrilleros albaneses que se decantaron por el comunismo, creando uno de los sistemas políticos más totalitarios, cerrados y brutales del “este” bajo el régimen de Enver Hoxa, que llegó a declarar su país como “estado ateo”.

Esta convulsa historia es la que refleja en su vasta obra literaria Ismaíl Kadaré, no sólo como representación de los sucesos históricos del pasado, sino también como explicación del presente y, casi, anticipo profético del porvenir. Añade además, como todo clásico de la literatura, un profundo sentido moral gracias al desarrollo de los problemas, preocupaciones e inquietudes que, desde siempre, han concernido al ser humano.

Kadaré nace en 1936 en una ciudad del sur de Albania, Gjirokastra, la vieja Argirocastrum romana de casas pétreas. Hijo de unos comerciantes, fue testigo de las invasiones extranjeras durante la Segunda Guerra Mundial por parte de italianos y alemanes, hasta que las tropas albanesas liberaron el país, dando origen a una falsa independencia bajo el sistema comunista.

Fervoroso admirador de los clásicos, estudió Filología en Tirana y en 1957 pudo acudir al prestigioso Instituto Gorki de Moscú, semillero de escritores e intelectuales del “realismo socialista”, junto con lo mejor y lo peor de la futura intelectualidad marxista. De regreso a la capital albanesa en 1960, trabajó en la prensa y en la literatura, comenzando una larga y afamada carrera tanto en su país como en el resto del mundo. En Albania se le empieza a conocer, especialmente, por sus versos. Progresa poco poco entre las limitaciones y presiones del régimen comunista, sometido a discrepancias públicas, ataques y campañas sistemáticas de desautorización, De hecho sufrió, con muchos otros “disidentes”, una purga estatal y fue obligado a “convivir con el pueblo”, abandonar su casa y trabajo para acercarse a la “realidad socialista”. Además, en 1970 fue comprometido a participar como diputado en la Asamblea del Pueblo.

Valiente, sincero y honrado intelectual, mantuvo su coherencia durante los largos años que quedaron hasta la caída del régimen autárquico del máximo dirigente Enver Hoxa, quien mantuvo con Kadaré una relación de filias y fobias propias de la megalómana personalidad del dictador.

Tras la muerte de éste en 1985 Albania retoma un viejo debate interno: la disputa tradicional entre el aperturismo a occidente y el hermetismo, hasta que en 1990, incapaz de soportar la deriva de su país, el escritor se exilia en Francia con su familia. Desde allí, siempre querido y admirado por sus compatriotas –que en la literatura se cuentan por millones en todo el mundo- vive la libertad que le han dado, sobre todo, su firmeza y su dignidad humana en la novela.

En el año 2005 fue galardonado con el Premio Booker internacional y muy recientemente con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2009.

Su obra ha sido magníficamente traducida al español por el vallisoletano Ramón Sánchez Lizarralde, a quien debemos agradecer su dedicación al descubrimiento –y continuo redescubrimiento- de un mundo y un hombre universales.

Temas e influencias

Kadaré es el creador de un amplísimo universo de obras poéticas, dramáticas, novelísticas y ensayísticas, y ejemplo vivo de la difusión de una lengua minoritaria en todo el orbe gracias a los temas clásicos y universales que desarrolla en sus obras y que podríamos dividir en tres grupos:

1. Las difíciles o imposibles relaciones entre el individuo y el poder, los infinitos mecanismos que el Estado crea para el sometimiento de la población, las ideologías totalitarias como pesadillas opresivas del ser humano.

Estos temas aparecen desarrollados en sus novelas sobre el dominio turco (El nicho de la vergüenza, El firmán de la ceguera, El palacio de los sueños) y sobre el sistema marxista (El concierto, El ocaso de los dioses de la estepa, Spiritus, Vida, representación y muerte de Lul Mazreku; La hija de Agamenón y El sucesor).

2. El destino como fuerza inapelable en El viaje nupcial, El general del ejército muerto; y el problema de las relaciones entre pueblos balcánicos en Tres cantos fúnebres por Kosovo.

3. Grecia, base de la cultura occidental (El monstruo y su ensayo sobre Esquilo) y la importancia de la epopeya y el cuento de tradición oral (El expediente H.).

Las vetustas tradiciones albanesas, permanentes e inviolables durante siglos (El puente de los tres arcos, Abril quebrado, La cena equivocada) junto con la convulsa historia de su tierra (Los tambores de la lluvia, El año negro, El cortejo nupcial helado en la nieve, Noviembre de una capital, Frías flores de marzo), sumando los recuerdos de su infancia (Crónica de la ciudad de Piedra, Cuestión de locura).

Estos temas se enlazan progresivamente, ad infinitum, se matizan o confunden entre el realismo de corte más histórico por una parte y la metáfora y el símbolo por otra, consiguiendo que el mito aparezca siempre unido a la realidad más actual.

Ofrece, así mismo, una amplísima galería de lugares y personajes, tanto antiguos como de su tiempo (aunque en Kadaré el tiempo fluye como una corriente, un continuum), los reales con los imaginarios, los míticos con los históricos.

Entre sus autores de referencia se encuentran Homero, Esquilo, Dante, Shakespeare, Chéjov, Kafka, Orwell y, cómo no, Cervantes.

Su literatura, en resumen, tiene una fortísima vigencia y es un referente incuestionable porque actualiza los problemas eternos del ser humano situando, bajo su historia externa, otra más íntima, la que emana de su espíritu, mostrando que los antiguos sucesos se repiten, que el hombre cambia su presente pero mantiene su esencia en la memoria.

Sus novelas

Las novelas que aparecen reseñadas a continuación están ordenadas no por el orden cronológico de publicación sino continuando, de manera aproximada, la línea de temporalidad de la Historia albanesa.

La pirámide (1988-1992)

Una contundente denuncia contra los afanes ególatras de los dirigentes políticos, obsesionados por la erección de las más altas obras que perduren a su tiempo a costa de los sufrimientos de su pueblo.

Cuenta que en tiempos del antiguo Egipto, el todopoderoso faraón Keops decide, ante el estupor general, no construirse una pirámide propia, obra descomunal que, según los viejos archivos, se creó para someter el bienestar del pueblo, monumento que anula la iniciativa y las protestas, y que obliga al trabajo de los individuos. Ante las reclamaciones de sus más allegados, el faraón cambiará de opinión y decidirá construir la más grande jamás levantada, obligando entonces al trabajo de miles de familias, una generación completa izando un bloque tras otro (piedras que matan y que siguen las orientaciones de los astrólogos).

Ante la magnitud del esfuerzo, el tiempo desaparece. Se llega a la cámara mortuoria. El faraón se preocupa, no por su pueblo, sino por lo que hay más allá de la vida y de la construcción. Se remata la cúspide con láminas de oro… Keops muere y es encerrado en su obra; pasarán otros faraones, dispuestos incluso a “revisar la historia”.

La inmensa pirámide sufre el paso de los siglos, pero sigue siendo imponente. Cientos de años después, un sanguinario líder asiático levantará en Ispahán una pirámide con cráneos humanos. Y mucho después, en un pequeño país llamado Albania, un arrogante Dirigente levantará, semejando una pirámide, miles de casamatas de cemento y hierro.

El viaje nupcial (1979)

Relato que reconstruye un suceso legendario en torno a una “besa”, la promesa firme y sagrada de la tradición albanesa.

En tiempos medievales, momento del cisma de la cristiandad entre Roma y Constantinopla, ocurrió algo extraordinario, inexplicable para algunos, comprensible para muchos otros: una joven llamada Doruntina, que tres años antes se había casado con un noble de Bohemia, regresó a su tierra albanesa a lomos de un caballo guiado por su hermano Kostandin, muerto hacía tiempo, al igual que el resto de sus hermanos. Decían que el difunto había prometido a su madre que traería de regreso a casa a Doruntina cuando aquella tuviera necesidad… y lo cumplió. Kostandin llega cubierto de barro, como si hubiera permanecido mucho tiempo bajo tierra. Su hermana, además, ignora completamente el trayecto que ha hecho sin ver más que un cielo estrellado de noche, nunca la cara del jinete. Sólo escuchó un “he venido a llevarte conmigo”.

Ante lo inexplicable del suceso, unos quieren ocultarlo y silenciarlo, rebajar la calidad de lo extraordinario; otros, entre los que se cuentan los mejores amigos de Kostandin, reconocen que era algo incuestionable en el carácter del difunto: un líder idealista, convencido de que las normas propias y excepcionales de la tradición habrían de imponerse sobre todo tiempo y poder.

El puente de los tres arcos (1978)

Albania, la “Arbería” medieval entre los años 1377 y 1379. Un monje narra la crónica de la construcción de un puente sobre el río Ujana e Keque (“Aguas malas”), obra que debería unir gentes y culturas. Pero aquellos tiempos son confusos, pues se acercan velozmente las tropas otomanas y Albania está dividida en territorios gobernados por grandes señores feudales, aliados en guerras y matrimonios bajo diferentes banderas y compromisos. Es el tiempo de la decadencia bizantina y la indecisión veneciana.

La construcción de la obra no será sencilla y sufrirá sus contratiempos, sus detractores, maldiciones y defensores. En torno a la “Posada de los dos Robertos” (dos héroes que participaron en las Cruzadas) se reúnen los rapsodas del lugar y algunos cuentan la leyenda de una mujer que fue emparedada viva, por cumplir una “besa”, con un pecho fuera para amamantar a su hijo.

En vista de que las obras del puente parecen no avanzar -dicen los supersticiosos que por causas sobrenaturales-, un hombre se ofrece voluntario para ser emparedado en sacrificio. Y así, su cuerpo rematará la construcción.

El río sigue fluyendo mientras sobre Europa cae la peste. Nadie quiere cruzar el puente ante la inminencia de la llegada de los turcos. Cuando estos llegan se produce el primer enfrentamiento entre soldados enemigos y la sangre baña la obra, sangre que también anticiparon las baladas y viejos cantos sobre el futuro.

Tres cantos fúnebres por Kosovo (1998)

Se trata de un breve volumen que recoge tres relatos (La vieja guerra, Una gran señora y Plegaria regia) sobre el pasado de las inestables, imposibles relaciones entre los albaneses y sus pueblos vecinos, pasado que se hace presente en el recuerdo de la criminal intervención serbia en Kosovo en los años finales del siglo XX.

En 1389 se produjo la legendaria “Batalla del Campo de los Mirlos” en la llanura kosovar durante la cual los turcos aniquilaron a una gran coalición balcánica formada por bosníacos, rumanos, búlgaros, serbios, húngaros, albaneses… El líder otomano, Murad, muere en combate y sus restos son inhumados en el campo de batalla. Pero los supervivientes derrotados mantienen, sin embargo, sus ancestrales discrepancias.

Se encontrarán un bardo albanés y un rapsoda serbio, cantando sus poemas a una noble señora en un castillo. Ésta se da cuenta de que las historias recitadas por ambos tratan todas del tema de la guerra y tienen en común las viejas leyendas griegas (no habría, en conclusión, diferencias entre los pueblos eternamente enfrentados, sino un vínculo ancestral que debería hacerles mantener la paz).

Murad, muerto, habla con voz de otro mundo: desde sus restos en una vasija de plomo, recuerda que sobre él pasarán más guerras y muertes, más sangre que mantendrá la memoria de la venganza.

Los tambores de la lluvia (1969-1970)

Es esta una de sus más impresionantes novelas de corte histórico. Se narra con una doble voz en cada capítulo: corresponde una a un albanés que cuenta su perspectiva de sitiado, y la otra al cronista turco que, en tercera persona, describe, como sitiador, con más extensión y detalle, los hechos.

En el año 1443 el general Skanderber (Jorge Kastriota) reúne una tropa de soldados albaneses para resistir al sultán Murad Han (Murat II, padre del futuro Mehmet). Con este objetivo se refugian en una ciudadela que será asediada por más de setenta mil hombres: todo un enjambre de los más variados soldados presididos por un pachá, un cronista, un ingeniero de armas, un arquitecto, un astrólogo, el muftí, jenízaros, derviches, “coleccionistas” de orejas y dedos, un poeta… Los más modernos cañones y los versos propiciatorios del Corán presidirán el ataque. Pero los albaneses resisten manteniendo triunfante el estandarte del águila negra bicéfala sobre fondo rojo.

Inmovilizados, los turcos lo intentarán todo: cavan un túnel que resultará inutilizado, intentan cortar el suministro de agua de la fortaleza; nada da resultado. Quienes fracasan son enviados a las trincheras o decapitados. Skanderberg incluso se atreve a contraatacar con dureza, esperando que llegue la temporada de lluvias. El Consejo turco se reúne de nuevo (“hemos creído darles la muerte, cuando con nuestras propias manos les estábamos haciendo inmortales”) y los fanáticos jenízaros se lanzan sobre las murallas. El primer cronista se queda sin palabras ante los horrores que contempla.

Finalmente, los tambores anuncian la llegada de la una nueva estación. Reaparece la lluvia y muere el pachá, enterrado bajo la tierra golpeada por gotas que caen como balas. Todos los sitiadores escapan de la derrota y del infierno albanés.

El nicho de la vergüenza (1974-1976)

Este es el nombre que recibe el siniestro lugar donde se depositan las cabezas cortadas de los traidores al Estado otomano, un pequeño pero terrible espacio que la capital turca destina y cuida con especial celo y esmero, pues se trata de uno más de los mecanismos estatales que se imponen a los ciudadanos y súbditos de todo el imperio para ser sometidos al terror.

Como ejemplo, Albania, hasta donde llega un firmán del sultán obligando a la ejecución de Alí bajá, el pachá rebelde e independentista que trató al poeta Lord Byron. Su cabeza cortada será paseada por los pueblos, exhibida en un macabro espectáculo hasta quedar finalmente depositada en “el nicho”. Pero la represión no termina aquí, sino que se extiende por todo el país con decretos que pretenden aniquilar las ansias de libertad de los albaneses. Así, se inventa el “cra-cra”, la desnacionalización, una herramienta capaz de acabar con las costumbres albanesas (las nupcias, los entierros, el mismo idioma), de manera que los territorios indómitos pierdan incluso su nombre, y que los seres individuales se confundan, por último, en la “nada”.

El firmán de la ceguera (1984)

En la capital del Imperio otomano suceden hechos inexplicables. Dicen algunos que es culpa de un “mal de ojo”, ante lo cual el Sultán declara un “firmán ciego” contra posibles “aojadores”, castigando a los culpables con dejarles ciegos. El límite de aplicación de la orden se extiende a todo el inmenso territorio y cualquiera puede ser su víctima. El resultado es una herramienta de terror implacable, diferente en cada país: en unos lugares se aplicará el hierro a la vista, el otros la oscuridad, el ácido, la luz extrema. Incluso los que tienen la obligación de ejecutar el firmán serán cegados.

La consecuencia de los castigos será la aparición de multitudes de ciegos inexpertos y, soprendente o lógicamente, la revitalización de la palabra a través de la poesía oral.

El palacio de los sueños (1981)

Quizás su novela más conocida, trata un episodio que se desarrolla a finales del siglo XIX en el Imperio turco.

Un joven de la familia albanesa Qyprilli (linaje que ha dado durante generaciones grandes hombres al servicio del Estado) es destinado al “Tabir Saray”, enigmático y laberíntico lugar donde se clasifican, investigan e interpretan los sueños inconscientemente imaginados por cualquier persona, por pueblos favorecidos o descontentos, por familias, locos y niños; un recinto secreto donde se desenmascaran las alucinaciones y los presagios, todo con el fin de obtener “el sueño Maestro” que se presentará al soberano y que ha de servir como guía para desarrollar los asuntos del Estado.

En el “Palacio de los sueños”, un escenario imposible y demencial ocupado por cientos de funcionarios que tienen prohibido hablar de su trabajo, existen diferentes departamentos: selección, interpretación, e incluso del “desueño” que investigan los orígenes de los sueños antes de ejecutar a sus víctimas.

El joven protagonista llegará a lo más alto del escalafón dirigiendo un instituto donde se pormenorizan los sentires humanos y colectivos en un archivo que guarda millones de sueños, pero no pasará de ser una víctima más del ambiente opresivo, del sistema controlador organizado por el poder político.

El año negro (1981)

A comienzos de la Primera Guerra Mundial, Albania se ha liberado de las seculares garras turcas y comienza una incipiente y paupérrima independencia bajo la figura de un monarca recién llegado al país. Pero las amenazas externas se mantienen por parte de griegos, serbios e italianos.

El conflicto se concreta en Albania en la guerra entre dos bandos: una partida de unos doscientos guerrilleros albaneses (los “mokranos”) por un lado, dirigidos por un “kapedán”; y los “essadistas” proturcos de otro, que consideran que Albania, tras los siglos de ocupación, les ha traicionado. El país acaba despedazándose por intereses antagónicos. Por todo ello, piensan algunos que Albania es incapaz de regirse a sí misma (cosa incierta pues gran parte de los altos cargos de la administración turca procedían de aquí). Finalmente los guerrilleros acaban arrasados, y el rey se va del país.

Un cometa, cuya cola se identifica con los “pelos largos” de la partida derrotada, ha presenciado todos los sucesos del terrible año, y es considerado por muchos culpable de los mismos.

Abril quebrado (1978)

En la región albanesa de Rrafsh, el norte de las “Cumbres Malditas”, durante el período de la monarquía de entreguerras en el siglo XX, se produce un asesinato: un hombre mata a un vecino para cobrarse una “venganza”, una promesa de sangre pendiente entre familias que llevan decenios enfrentadas. Tras la muerte, el criminal se refugia en su “kulla”, su torre fortaleza, siguiendo la costumbre tradicional y sistematizada en un código llamado “Kanun” (ley implacable y hermética entre los montañeses que regula la vida individual y social, y que ha sobrevivido a invasiones y represiones extranjeras durante siglos. Es cuidada e interpretada por exegetas y por un archivero que atiende un registro centenario que recoge las muertes habidas y los testimonios favorables y contrarios que ha recibido).

Durante el tiempo que permanezca bajo refugio, una “besa” (la promesa dada de palabra) le protegerá de sus enemigos, convirtiéndole en inviolable. La familia enemiga mostrará la camisa ensangrentada del difunto, sangre que exige reparación con sangre, señal que obliga al castigo del criminal cuando se cumpla el plazo, el día 17 del “abril quebrado”. Sólo entonces el asesino deberá salir de su “kulla” de enclaustramiento y podrá ser a su vez ejecutado por alguien de la familia rival. De no haber venganza, hubiera caído la vergüenza sobre la familia afectada o sobre todo el territorio. Así son y así se cumplen las costumbres ancestrales.

El expediente H. (1981)

Albania en 1935 durante el reinado del rey Zogú. Dos estudiantes de la Universidad de Harvard acuden a las montañas del norte para estudiar los vestigios de la épica homérica entre los rapsodas albaneses, más concretamente el llamado “mecanismo del olvido”. Una vez allí unos les toman por espías, otros por locos o caballeros andantes.

Los jóvenes llevan una moderna herramienta (el magnetófono) al lugar de su trabajo, la posada “El cráneo de búfalo”. Allí llega el primer rapsoda, un “lahuta” (palabra que da nombre, a la vez, al hombre y al instrumento de una sola cuerda que toca). El recién llegado se tapa la oreja (el oído es la base del canto épico) y comienza el recitado: su voz, su tono, su profundidad parecen proceder de otro mundo. En una segunda ocasión recita el mismo poema, cambiando apenas un par de versos (de ser concluyente esta prueba del “mecanismo del olvido”, ¿cuántos versos habrán cambiado en más de dos milenios, desde Homero?, ¿serán nuestras versiones las que en origen se produjeron?). Los estudiantes comprueban también que la épica sigue viva, aunque no trata temas nuevos sino los clásicos sobre guerras, héroes y hechos relacionados con los principales protagonistas del ciclo homérico.

Aparece luego un monje serbio, rival de los albaneses, que ha reunido epopeyas de su tierra durante decenios (textos que rivalizan con los de otros pueblos balcánicos), y que al ver el magnetófono lo maldice y desprecia como un objeto diabólico, hasta tal punto que el aparato será destruido y los jóvenes investigadores tendrán que marcharse del país. Curiosamente, su salida de Albania será difundida por la prensa como si cumpliera un mecanismo de nueva creación épica.

Crónica de la ciudad de piedra (1985)

“Era una ciudad sorprendente que, como un ser prehistórico…” De tal manera arranca esta novela sobre la infancia del narrador en una ciudad sin nombre, de casas de piedra eterna, sostenidas entre sí como por arte de magia. Una ciudad que vive el trágico presente de la Segunda Guerra Mundial con la ocupación italiana, los bombardeos británicos, los contraataques griegos, la llegada de los guerrilleros, los comunistas, la primera noticia sobre Enver Hoxa y la última ocupación alemana.

Pero al mismo tiempo se encuentra un niño que rememora el escándalo del primer hombre con gafas, de la mujer que viste novias, de las “viejas de la vida” (sabias y misteriosas como las Parcas), las comadres, las prevenciones populares contra la brujería, el abuelo “babazoti” con su larga pipa y sus grandes libros en turco, el “descifrador de sueños”, el paso de los cruzados y de aquel Lord ingles, la vieja fortaleza y su cañón inservible, las cabezas que los turcos segaban y guardaban en nichos, la leyenda de las jóvenes desaparecidas y embarazadas, el muecín que se arranca los ojos, incapaz de comprender, de admitir que el pasado desaparece. Quedarán su lectura de Macbeth -que identifica con lo que él mismo observa a su alrededor- y las piedras y los recuerdos de los hombres, quizás ya petrificados, que las habitaron.

Noviembre de una capital (1975-1989)

A finales de la Segunda Guerra Mundial, en Tirana, una partida de guerrilleros albaneses, gente de diversos orígenes, formación e ideologías, prepara el asalto a la estación de radio, controlada por los alemanes. Avanzan por el bulevard, levantan una barricada, atacan vehículos y tanques enemigos. Finalmente vencen pero el triunfo no les traerá, en su mayoría, la tan ansiada libertad, pues los comunistas se harán con el poder e iniciarán una dictadura más cruel y duradera que la alemana.

Al mismo tiempo, el narrador presenta a un lingüista que investiga, arriesgando su vida en plena calle, acribillada a balazos, la realidad de la lengua albanesa: su progresiva modificación y degeneración, su posible pérdida tras decenios de represión extranjera.

Cuestión de locura (1962 – 2004)

Cuatro novelas cortas que se abren con Cuestión de locura (2004), un breve anexo a la “Crónica de la ciudad de piedra”, cuyo principal motivo sigue siendo la infancia del escritor, en la ciudad y tiempo en que aún se entremezclan los restos de la cultura otomana (el imponente personaje de su abuelo, el “Babu”, las plañideras y los “descifradores de sueños”) y el incipiente comunismo, produciéndose un enfrentamiento entre costumbres antiguas y nuevas que serán irreconciliables.

El desprecio (1984) trata sobre la boda entre una joven albanesa de noble estirpe otomana y un comunista de nuevo cuño, enlace cuyo resultado es el aplastante triunfo del presente radical sobre el pasado histórico.

Días de juerga (1962) presenta a dos estudiantes radicales, saqueadores de iglesias, gamberros y desestabilizadores de vetustos hábitos y de las ancestrales reputaciones de los clanes.

La estirpe de los Hankoni (1977) cuenta la crónica de una familia entre los siglos XVIII y comienzos del XX en torno a un terreno cercano la ciudad natal del autor, una finca que pasará por sucesivas fortunas y desastres, y en cuyas entrañas se enterrarán generaciones de éxitos y fracasos, vidas y secretos.

El ocaso de los dioses de la estepa (1962–1976)

Novela que muestra una parte de la biografía juvenil de Kadaré durante el tenso momento de la suspensión de relaciones entre Albania y la Rusia soviética, acusada de burguesa y revisionista.

Corre el año 1958, tiempos del antiestalinismo de Kruschev, cuando un joven albanés acude a la Unión Soviética (Letonia y Moscú) para continuar sus estudios, viviendo en una residencia habitada por las más heterogéneas gentes de todo el imperio de los soviets. Es por entonces cuando se conoce la concesión del Nóbel de Literatura al discutido Boris Pasternak (quien recibe al principio una oleada de difamaciones y poco después una campaña a favor auspiciada por los mismos que previamente le atacaron). El joven albanés vive a su vez una relación amorosa con una joven rusa, que pretende ser reflejo de aquella legendaria de Doruntina, y que acaba en fracaso y separación.

El general del ejército muerto (1963)

Fue su primera novela y el primer asomo y asombro para los lectores europeos.

En ella narra los sucesos ocurridos veinte años después del final de la Segunda Guerra Mundial, momento en que un general italiano es enviado a Albania para localizar y exhumar cientos de cadáveres de compatriotas muertos en la confrontación que mantuvieron contra los albaneses: cuerpos de las tropas fascistas que se encuentran dispersos en muchos lugares, desde el norte hasta el sur, de las montañas a la costa. Cuanto halla el militar es mucho más que tierra removida, más que los recelos y la memoria cercana: encuentra las cicatrices abiertas de una guerra que hace reaparecer algunas historias del pasado (la de una prostituta asesinada por una cuestión de celos, la de un desertor que acabó ejecutado por el cruel y tristemente afamado “Batallón Azul” italiano; la historia del primer soldado que, solo, hizo frente al ejército invasor).

A medida que pasa el tiempo y el general conoce la auténtica realidad de los sucesos, se hunde sometido por la responsabilidad que debe asumir ante su patria. Transcurren dos años dramáticos de trabajo, en medio de una lluvia impenitente, compartiendo esfuerzos con un oficial albanés que hace lo propio con los cadáveres de sus compatriotas. El epílogo no proporciona sino la conclusión de que desenterrar el pasado no se refleja en la esperanza para el presente.

El monstruo (1965)

Su novela alegórica por excelencia, aparentemente indescifrable en no pocos momentos, en la que lo onírico y la memoria se confunden con el presente: el caballo de Troya representado por un misterioso y oscuro furgón, como amenaza de la discordia, del terror político interno o de una supuesta invasión exterior.

El relato parece, sin embargo, alejado de cualquier temporalidad: el pasado troyano, la actualidad albanesa en el momento de la ruptura con los países socialistas, el regreso obligado de los estudiantes albaneses del extranjero. De fondo una mujer, Helena, un Laocoonte, un estudiante de la Ilíada e incluso un poeta troyano que cantó el desastre de la corte de Príamo antes de huir a tierra hitita y escribir en tablas de barro el relato de aquel desastre.

El concierto (1978-1988)

Presenta las relaciones político-económicas y la ruptura de Albania con China (el gran imperio de oriente, la última esperanza de Enver Hoxa, regido con mano de hierro por Mao Zedong, el responsable de la terrorífica “Revolución cultural” que causó millones de muertos), su único aliado internacional a comienzos de la década de 1970.

La novela incluye escenas impresionantes y aterradoras. En China, los siniestros planes de Mao para adormecer a Europa entera mediante una droga que elimine su memoria, o su proyecto de conseguir un ser humano nuevo (perfecto trabajador, obediente, anulado como individuo); la purga del segundo mandatario del régimen chino, Lin Biao, muerto en un “accidente aéreo”; el control de la población mediante micrófonos. En Albania, mientras, surge una rebelión militar originada por causa de los intentos chinos para intervenir directamente en el Partido Comunista albanés, motivo último de la ruptura entre ambos países. De aquí siguen los procesos internos de “autocrítica” en el Partido, la miseria que viven los “desclasados” –antiguos propietarios y burgueses- en el régimen comunista. Aparece incluso un escritor, Skënder Bermema (habitual en otras novelas), haciendo una asombrosa recreación literaria del Macbeth de Shakespeare, reflejo de la realidad que viven ambos países.

Frente al espejo de una mujer (1986-2000)

Son tres largos relatos que Kadaré llama “micronovelas”: El jinete con halcón, La historia de la Liga de Escritores albaneses frente al espejo de una mujer y El vuelo de la cigüeña.

El primero de ellos se sitúa en el año 1939, en un lugar del norte albanés donde el Conde Ciano, yerno de Mussolini, construirá un albergue de caza, decorando su interior un cuadro con una escena cinegética que anticipará un posterior crimen en 1947, tiempo ya de los comunistas.

La segunda historia muestra el contraste entre un atemorizado miembro de la “Liga de escritores albaneses”, autor del “realismo social” que ha sido “reeducado” por el Partido, y la figura de una joven prostituta que se mantiene valiente en sus convicciones. Mientras él se pliega cobardemente a la presión del Estado, ella decide no hacerlo y suicidarse.

La tercera cuenta la vivencia de un anciano y venerado escritor, desterrado por el Partido, que tiene un amor de vejez que le devuelve a la juventud. Es un hombre nuevo y entero, un héroe casi homérico, pero también humano, muy por encima de la mediocridad y vileza del Partido y su Dirigente.

La hija de Agamenón. El sucesor.

La hija de Agamenón (1984-1986) es, sin duda, uno de los alegatos más implacables contra la tiranía comunista de Albania, tierra que unos definen como “el país más feliz de la tierra” y otros como “la vergüenza del universo, un país maldito”, un lugar que devora cuanto se cruza a su paso, inmisericorde en las purgas políticas, en la sinrazón absoluta de un poder omnímodo y brutal que arrasa con todo presente y futuro humano. “Sin rezos, campanas, piedad, arrepentimiento”, “una desecación completa de la vida” dirigida por el Guía, que invita al narrador de la novela a la celebración oficial del 1º de mayo, lo cual supone de inmediato que su prometida, Suzanna, hija de uno de los dirigentes, desaparecerá de su vida para siempre, al igual que Ifigenia, sacrificada por su propio padre, Agamenón, antes de recibir los augurios para la partida de la flota griega hacia Troya. El Guía es capaz de arrasar por completo el país y a sus habitantes con tal de cumplir sus desquiciadas y paranoicas ideas.

El sucesor (2002-2003), por su parte, se relaciona con el texto anterior por la presencia de la hija del dirigente, quien a su vez ha de convertirse en el sucesor del Guía, pero aparece misteriosamente muerto de un disparo un 14 de diciembre tras una reunión del buró político. Su familia será deportada, la tumba del difunto arrasada y la memoria de los verdaderos hechos, falseada.

Y el Guía se irá quedando ciego, pero aumentarán sus recelos y su poder. Quienes alguna vez se rozaron con el político muerto son desterrados; incluso el espíritu del asesinado ha quedado relegado a un mundo fantasmal, y se confiesa a media voz ante sus contemporáneos: “somos engendros de un error en el gran orden del universo”.

Aparecen también en la novela algunos elementos recurrentes del mundo albanés: las alusiones al “Kanun”, a los ancestrales certámenes de belleza masculina en las montañas o las viejas voces proféticas sobre maldiciones.

El cortejo nupcial helado en la nieve (1981-1983)

Cuenta los sucesos del 1 de abril de 1981, muerto ya Tito, el unificador de Yugoeslavia, y la represión del ejército contra quienes en manifestaciones callejeras reclaman Kosovo como una república independiente. Pero las autoridades niegan la represión al tiempo que los cadáveres se acumulan en los hospitales. En uno de ellos se encuentra una médico, la única que da la cara por la verdad, mientras que su marido, filólogo, recuerda una canción tradicional sobre un cortejo nupcial de una joven albanesa y un joven serbio que quedaba paralizado en la nieve, congelada, por culpa de las Erinias. El paso del tiempo ni ha cambiado ni mejorado nada. El odio étnico sigue presente.

Spiritus (1995-1996)

Son los tiempos de la caída del comunismo en una Albania que guarda sus viejas tradiciones, sus maldiciones ancestrales, una lengua que se va deshaciendo por miedo a su pública expresión, represaliada por un régimen que da sus últimos coletazos: espía a la población con micrófonos (“grillos”) registrando incluso la voz de un hombre que ya ha fallecido, un “espíritu capturado” y juzgado en el más allá.

Vida, representación y muerte de Lul Mazreku (2002)

En los momentos finales del régimen comunista del Dirigente, Albania sufre una constante fuga de ciudadanos hacia Grecia. El Poder pone todos los medios posibles de represión: militares, policías, perros, radares, lanchas rápidas de costa, incluso prostitutas contratadas como espías de las zonas costeras para localizar y detener a potenciales prófugos.

Un joven, aficionado actor de teatro, debe cumplir su servicio militar en la costera Saranda (muy cerca del teatro de Butroto, aquel que describió Virgilio en su Eneida, el mismo que recibió a los vencidos de Troya) y participa en una terrible farsa: actuará representando el papel del cadáver de un huido, simulando ser un cuerpo muerto que será mostrado a la población para reprimir futuros deseos contrarios a la patria y al Dirigente. Tal hecho se convertirá en objeto de una investigación de un tribunal internacional que lo considerará un acto criminal contra la humanidad, inaugurando el proceso contra el régimen gobernante.

Frías flores de marzo (1998-2000)

Mientras que las “flores” significan el resurgimiento de la vida, diez años después de la caída del comunismo, el adjetivo “frías” representa el pasado que parece impedir la renovación: la leyenda inmemorial de una joven que se ve obligada a casarse con una serpiente, en realidad un hombre que sufre un hechizo; la reaparición de “la venganza de sangre”, el “Kanun” y las antiguas “kullas” convertidas ahora en archivos secretos del Estado.

Albania se abre a occidente, recibe delegaciones europeas, vive muy de cerca la presencia de las tropas OTAN en el conflicto kosovar, pero el norte montañoso aún parece “un lugar lleno de culpa” y el cielo sigue desagarrado por la tristeza.

El accidente (2003-2004)

Como sucede con El monstruo, nos encontramos con una de las novelas más inquietantes y desconcertantes del escritor albanés. Se trata de una compleja y misteriosa historia de amor entre un enviado del Consejo de Europa y una mujer albanesa, fallecidos en un extraño accidente de tráfico. La novela transcurre entre los momentos del bombardeo de la OTAN sobre Serbia y la caída definitiva del comunismo, hasta el genocidio de niños albaneses en Kosovo o los jucios del Tribunal Penal Internacional de La Haya contra Milosevic.

A través de diferentes fuentes, voces y estrategias narrativas (que buscan la razón de los trágicos sucesos incluso en “La novela del curioso impertinente” de Cervantes), Kadaré somete al lector a un enigma prácticamente indescifrable, lleno de dudas e hipótesis: la relación amorosa confusa, tensa, críptica, sexualmente desaforada, trágica, enormemente dolorosa y fatídica donde se unen Eros y Tánatos con el mito de Orfeo y Eurídice. Un enamoramiento radical y excesivo que parte de la exaltación de la belleza y termina en el sufrimiento y la humillación, en el dolor envuelto por las intrincadas circunstancias del pasado y de presente de la historia de Albania, por el recuerdo de las antiguas costumbres y el misterio último de la inmortalidad del amor.

La cena equivocada (2007-2008)

La última novela publicada en español discurre entre los totalitarismos de la ocupación alemana de 1943 y la muerte de Stalin diez años después, teniendo como epílogo los años 1993 y 2007, momentos en que se intenta esclarecer el misterio de los sucesos narrados.

La ciudad natal del autor se convierte de nuevo no sólo en el centro de la narración sino también, de manera simbólica, en el centro del universo, como una ciudad ajena a cualquier tiempo histórico en la que todo prodigio puede suceder. En este caso el episodio principal se sitúa en la invitación a una cena, la que hace un médico local con un oficial alemán invasor. Pero, ¿realmente se produjo?, ¿estaba vivo el invitado? Las viejas costumbres y más antiguas leyendas se abren paso poco a poco con soprendente soltura, a través de la voz del narrador que se va desdoblando entre el pueblo, los rumores y las falsas certezas, reviviendo la presencia de los viejos tiempos (el “Kanun”, la sagrada “besa”, la propia familia Kadaré, la presencia de antiguos jueces otomanos, de asesinos profesionales o de antiguas damas “más intangibles que los propios espejismos”) con la novedad de los tiempos del primer comunismo que impone un “nuevo orden”, intentando que aquella ciudad (“que había presumido de vivir con hombría estaba escrito que debía morir como una mujer”) se convierta al “nuevo tiempo” soltando el lastre de las creencias y costumbres inmemoriales. Pero ni los tiempos más modernos conseguirán aclarar el misterio de la cena que, quizás, nunca sucedió, ni tampoco la identidad de quienes fueron sus protagonistas y testigos, víctimas todos.

Más literatura:

  • Ismaíl Kadaré, El gran invierno, Madrid, Ediciones Vosa.
  • Ismaíl Kadaré, Esquilo, Madrid, Siruela, 2006.
  • Ismaíl Kadaré, Diario de Kosovo, Madrid, Siruela, 2007.
  • Moisés Mori, Voces de Albania. Lectura en falso de Ismaíl Kadaré, Madrid, Losada, 2006.
  • Ramón Sánchez Lizarralde, El agradecimiento del muerto. Cuentos populares albaneses, Irún, Alga narrativa, 2004.

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Juan Manuel Ojembarrena

jojem@irabia.org

Agosto de 2012

  1. Madrid. Anaya & Mario Muchnik, 1994.
  2. Barcelona. Ediciones B, 1990.
  3. Madrid. Libertarias, 1989.
  4. Madrid. Alianza, 1999.
  5. Barcelona. Destino, 1988.
  6. Barcelona. Muchnik editores, 1989.
  7. Madrid. Anaya & Mario Muchnik, 1994.
  8. Madrid. Anaya & Mario Muchnik, 1991.
  9. Madrid. Anaya & Mario Muchnik, 1996.
  10. Barcelona. Muchnik editores, 1990.
  11. Madrid. Anaya & Mario Muchnik, 1993.
  12. Barcelona. Muchnik editores, 1992.
  13. Madrid. Metáfora 1, 2000.
  14. Madrid. Alianza, 2008.
  15. Madrid. Anaya & Mario Muchnik, 1991.
  16. Madrid. Anaya & Mario Muchnik, 1997.
  17. Madrid. Anaya & Mario Muchnik, 1995.
  18. Madrid. Anaya & Mario Muchnik, 1992.
  19. Madrid. Alianza, 2002.
  20. Madrid. Alianza, 2007.
  21. Madrid. Alianza, 2001.
  22. Madrid. Alianza, 2000.
  23. Madrid. Alianza, 2005.
  24. Madrid. Alianza, 2001.
  25. Madrid. Alianza, 2009.
  26. Madrid. Alianza, 2011.

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