Incredulidad

No eres

posible,

no es posible

que todo el calor del mundo

haya cobrado la forma de tu cuerpo

tendido e irradiante junto al mío,

no es posible que tu cuello

girando sobre la almohada lentamente

como fanal de dicha,

tanta fructificación no es

posible, tan alta primavera

desbordando tus pechos y tus manos

hasta inundar todas las alcobas de mi vida,

no es posible el latido de tu sueño

cuando convoca

paisajes como caricias, dédalos susurrados

de fraternidad y auxilio y maravilla,

no es posible la paz de tu vientre rubio

si te busco debajo de las sábanas.

Desnuda no eres posible. Junto a mí, no es posible.

Eres lo más real y no es posible.

 

Cuaderno de Berlín, Madrid, Hiperión, 1989

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